Cinco siglos de mentiras

Por Marcelo Valko

 Desde España nos llega la celebración de la más recalcitrante derecha como es VOX conmemorando los 500 años de la toma de Tenochtitlan por las huestes de Cortés. Pese a todo lo que hoy se sabe del genocidio cometido esta gente asegura que “no hubo genocidio alguno”, que llego la civilización de la mano del cristianismo y del idioma de Cervantes. Niegan las evidencias de los torrentes de sangre alardeando del Encuentro de Dos Mundos. Nos inundan con cuentos asegurando que el accionar de España fue distorsionado por sus enemigos creando una “leyenda negra”. Sin embargo el desastre demográfico fue tan tremendo que tuvieron que causar un segundo holocausto esclavizando millones de africanos para utilizarlos como combustible biológico tal como sostengo en “Esclavitud y Afrodescendientes” de inminente aparición.

II  La cabeza te la lavaron siempre de una u otra manera comenzando por el colegio donde nos contaron muchas cosas desde una posición antojadiza obligándonos a adoptarla de modo subliminal. Casi un año antes de la toma de la ciudad, los aztecas lograron expulsar a los españoles. En la escuela nos contaron los pesares de Hernán Cortes y los suyos cuando aquel 30 de junio de 1520 se produjo “La noche triste”. Los estudiantes asimilan con el título un posicionamiento desde un “nosotros” inclusivo frente a los “ellos” que en realidad son los otros, y de ese modo nos instalan una angustia ajena, la angustia que aquella noche padecieron los genocidas. Ese episodio narra las penalidades de las tropas españoles que huyeron de Tenochtitlan tras haber matado a mansalva, violado, destruido y robado todo lo que estuvo a la mano. Perder parte del botín en la huida “fue triste” y esta tristeza la siguen trasladando quinientos años después. Recordemos que en la visión de la historia oficial, todas las riquezas de los pueblos originarios se transformaban automáticamente en tesoros o botines que los europeos encontraban y se apoderaban naturalmente.
III Mira mira y tu veras… dice un refrán centroamericano. Desde esta periferia Sudaca, invito a los chovinistas de VOX y nostálgicos del franquismo que miren por ejemplo la casa natal de Cortés. Allí en el pueblo de Medellín (Badajoz) una pequeña ciudad frente al río Guadiana levantaron la estatua de Cortes que ilustra este artículo. Es de bronce y tiene unos cuatro metros y se encuentra en lo alto de un pedestal de piedra donde luce imponente atuendo militar, con una mano sostiene una larga espada y con la otra el estandarte de Castilla rematado por una cruz. Lo más sugestivo es que una de sus botas aplasta la cabeza de un azteca. Así de simple y sencillo. Como vemos, las huellas del crimen siempre persiguen al asesino, quedan adheridas a su nombre por más que cacareen mentiras. Me consta que el arte conmemorativo puede tener mil calificaciones, la única que no le cabe es la inocencia. Los símbolos no ocurren solos, no son ingenuos ni emergen de la nada y no cesan de derramar sentido y significación. Por si alguien tuviera dudas, el escudo de armas otorgado a Cortés además de águilas bicéfalas y leones rampantes posee siete cabezas de indios rebeldes decapitados… Aunque la cabeza te la lavaron siempre y así domesticados nos enseñaron a aprender estos contrasentidos en forma disciplinada como “Noche Triste” estamos atravesando un nuevo tiempo donde los cuentos pierden su efecto adormecedor.
IV  Tempranamente Antonio Gramsci al analizar que las ideas dominantes son las ideas de las clases dominantes nos alertó acerca de las categorías mentales que utilizamos para pensar. Con una agudeza que impacta señaló que se trata de categorías mentales opresoras, con ellas nos movemos por la vida y con ellas pensamos, si no advertimos la profundidad de la trampa jamás saldremos del laberinto hegemónico en que estamos inmersos. Repetir como una letanía “noche triste” nos ubica sustentando la ideología del poder.
Pensar o ser pensado, devaluar el hecho y elaborar el relato desemboca en esas construcciones irreales. Pese a tratarse de una historia guionada y ficcional, la pedagogía de la desmemoria es central en la curricula académica, es una suerte de patología que provoca amnesia colectiva al domesticar una generación tras otra. Para establecer relaciones asimétricas desde un relato de igualdad se diseminaron textos canónicos y manuales escolares y representaciones que desde sus pedestales actúan como hitos modélicos, paradigmas embalsamados, mojones de la obra maestra del poder que custodian un pasado inamovible utilizando una práctica discursiva acomodaticia al gusto de las elites que se beneficiaron desde siempre. Mediante esa operación simbólica se tergiversa y suplanta la realidad a través de un imaginario social que nos obtura la posibilidad de pensar y nos condena a ser pensados con categorías mentales opresoras. Cuando uno no piensa siempre existe otro dispuesto a hacerlo a nuestro costo y por su cuenta para explicarnos quienes somos y que necesitamos. La dependencia no solo es económica sino epistémica, la realidad viene envasada, etiquetada y pensada para todos. Tengamos presente que la discursividad emergente de esta situación tiene como ejes la negación, la distorsión, la sustitución de los hechos y el silencio cuyos efectos tienen profunda incidencia en la construcción del status quo y la relación de asimetría que surge. La memoria es la mejor herramienta de combate, es un bien común que logra enfrentar a la hegemonía. La cabeza te la lavaron siempre. Se trata de advertirlo y de pensar en lugar de ser pensados por el sistema. Es lento pero viene…


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