Cómo es ser migrante y estudiar en otro país

Imagen: Lolo Góngora

La patria grande sigue teniendo fronteras geográficas que determinan que cuando las personas se mueven de lugar, se la menciona como extranjeras. Todos los pueblos tienen el derecho de poder vivir y construir sus vidas en cualquier rincón de la tierra latinoamericana que les permita hacer raíces. Pero ¿le es tan fácil a una persona construir su vida en libertad sin haber nacido acá? ¿Cómo es ser migrante en Argentina?

Por Celeste Almada

En el preámbulo de la constitución nacional argentina se manifiesta: promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino. El término hombres genera en esta visión actual un gran ruido. En efecto, fue escrito por ellos en el año 1857 con la última modificación en el año 1994, pero con las deconstrucciones que se fueron dando hace tiempo en la sociedad, podemos decir entonces que toda persona del mundo que quiera habitar el suelo argentino tiene los mismos derechos.  
Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la República Argentina (INDEC) a partir de los últimos datos del censo del pasado mes de mayo de este año, los índices dicen que en Argentina en los últimos diez años se  recibió a  274.017 personas migrantes. De ellas el 77,7% proviene de los países limítrofes y de la República del Perú.
En exclusiva con Revista Sudestada, la periodista Licenciada Joselyn Mendoza Lujan, autora del libro Cerebros de la Patria Grande, historias latinoamericanas y Carla Montero, integrante de la agrupación Ni una Migrante Menos, hablaron sobre sus experiencias. 
“Nuestra condición de migrantes la podemos separar en la migración forzosa, la migración que no es libre de nuestros deseos, la podemos separar en migraciones que tiene que ver con con cortar de dónde venimos, de  nuestra cultura de nuestra familia, nuestros amigxs, nuestros barrios, nuestra idiosincrasia que tiene que ver con nuestros orígenes. Movernos es un tránsito doloroso porque no solamente es difícil no estar más en nuestro hogar, sino más bien que esto se agrava con nuestro color de piel más moreno, negro y nuestra condición social”, sostuvo la integrante de Ni una migrante menos.
En concordancia con los dichos de Montero, Joselyn Mendoza Lujan contó: “Mi experiencia como migrante es muy amena y muy amplia. Yo vine siendo muy chica, como bien lo cuento en el libro, vine a los nueve años a la Argentina. Llegué en un proceso de cambio para el país, justamente en el primer año del mandato de Néstor Kirchner. Aquí terminé los estudios primarios, secundarios y mi vida universitaria como migrante es una experiencia totalmente diferente”.
Joselyn Sofía Mendoza Lujan nació en la ciudad de Lima, Perú. Su experiencia como migrante es amena, pero hace énfasis en que la vida universitaria fue diferente ya que en la secundaria fue víctima de un feroz bullying. Ella no pudo terminar sus estudios en la escuela pública por ese motivo, pero en la escolaridad privada ese hostigamiento mermó pero no cesó. Todos los días la hacían sentir que no era parte. 
Con tan sólo diecisiete años ingresó a la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Esa experiencia hizo que su mundo cambie: “Mi vida universitaria es dentro de la facultad de  Periodismo, allí comencé a militar en la agrupación Rodolfo Walsh, espacio que fue una gran herramienta porque pude aportar desde mi experiencia a otrxs compañerxs migrantes en cuestiones que tenían que ver por ejemplo, con papeles para los trámites en la facultad. De alguna manera terminé  siendo una  referente de los compañerxs migrantes. Siempre sentí que tenía que estar con algo que a mí me represente. Es por eso que mi tesis nació de esas diferentes experiencias atravesadas por la participación activa en la facultad. De esa manera necesitaba representar quién era yo y claramente mi texto refleja eso”, asegura Mendoza Lujan.
Su trabajo académico para finalizar la carrera de licenciatura se basó en un libro de crónicas que denuncia la mercantilización de la educación superior en América Latina, atravesando la historia de diferentes estudiantes migrantes y la experiencia de estudiar en una universidad que es pública y gratuita en un contexto -durante 2018- en que era desvalorizada por el gobierno neoliberal del macrismo. Respecto a esto, afirmó que “Cuando hablamos de la educación mercantilizada nos referimos a la decisión política de los gobiernos en considerar el acceso de la educación pública como un derecho para todxs. En ese sentido hay que resaltar que en el año 2015 la ex presidenta de la nación y actual vice presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, dispuso mediante un Decreto de Necesidad de Urgencia que el Estado debe ser garante de la educación superior en la Argentina y que el Estado debe velar que esa educación sea un derecho, cosa que no es así en los países de Latinoamérica. Tanto en Perú como en Colombia, Brasil, Nicaragua, Chile, El Salvador, entre otros países, las familias se endeudan por años para que sus hijxs puedan seguir formándose en la universidad”, sostuvo la periodista.
En el trabajo de Mendoza Luján, se mencionan ejemplos sobre cómo es efectivamente la mercantilización de la educación. En este sentido, el caso de Colombia que ingresar a la universidad pública es una tarea bastante inalcanzable para una gran mayoría de lxs ciudadanxs colombianxs, explique que “hay educación pública más no gratuita, hay pocas universidades públicas que para su ingreso te hacen ciertos exámenes. Esta prueba o examen de Estado es la prueba reina por excelencia y la esperan los estudiantes de undécimo grado por ser requisito obligatorio para el ingreso a la educación superior. Se rinde a nivel regional y nacional. Pero para rendir el examen Nacional se tiene que pagar”.
Siguiendo en el eje sobre la educación y la migración, Carla Montero aclaró que “no es lo mismo ser unx migrante de  clase media blancx con necesidad de acceder a la universidad, que un laburante, o de clases populares donde lamentablemente esos derechos todavía no son tan básicos. Entonces la migración se tiene que pensar desde una perspectiva de género, se tiene que pensar desde la perspectiva de clase social y se tiene que empezar desde una perspectiva de la realidad”.
Repensar a la patria grande es también pensar la división de fronteras que son fomentadas por los discursos de odio desde los medios hegemónicos o de gobiernos neoliberales que lamentablemente siguen en nuestra américa. 
Migrar es un derecho, que nos compromete a todxs, porque migran hermanxs que en sus manos traen la esperanza que esta patria grande no es tan sólo un ideal sino que entre todxs podemos construir como un espacio tangible, libre, justo y soberano.

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