Cromañón: un nudo que aprieta

Cromañón fue un nudo y aún lo sigue siendo. Un nudo en la garganta alimentado por la desidia, las tramas de la corrupción, el convide del silencio, la estigmatización y la angustia irremediable de los familiares y amigos que ya no regresaron y se volvieron pancarta, símbolo y resistencia, como tantas veces ha ocurrido y sigue ocurriendo en esta patria destratada. Digamos Maxi y Darío, digamos Marita Verón, digamos Fuentealba, digamos las inundaciones que se llevan casas y vidas, digamos Luciano Arrúa, digamos la Tragedia de 11.

Por Bernardo Penoucos

Las imágenes de las y los hijos pasaron del portarretrato a la bandera, de lo privado a lo público, de la habitación a la plaza y a los pasillos del poder judicial. Las madres, padres, hermanos y amigos de las víctimas pasaron de sus casas a golpear puertas de Fiscalías, Tribunales, diputados, senadores, medios de comunicación y también las puertas del mismo cielo.

Sonreír, solo y por placer
Sol Narváez estuvo la noche del 30 de diciembre de 2004 en República de Cromañón. Las letras de Callejeros guiaron la adolescencia que recién iniciaba, la poesía y la melodía se le ofrecían como un bálsamo en tiempos revueltos de crisis, horizontes perdidos y futuros inciertos, sobre todo para las y los pibes de los sectores populares. La música de Callejeros la hacía sonreír, sentir placer y sentirse parte.  Tenía 14 años esa noche, fue con su hermana y una amiga, siempre iban juntas a ver a la banda de Celina. 

“Veníamos siguiendo a Callejeros desde 2002, éramos muy fanas, íbamos a todos lados. Esa noche mi mamá no quería que vayamos al recital, no estaba muy contenta, así que nos terminamos escapando y fuimos igual. Hacía mucho calor y justo ese día la revisación fue zarpada, nos hicieron sacar hasta las zapatillas”.

Sol recupera la memoria de esa noche, el calor de diciembre derritiendo el asfalto, la banda soporte, el cumple de su amiga, la salida de Chabán al escenario advirtiendo que se iba a quemar todo, el inicio del recital, su amiga y su hermana cantando, las y los pibes saltando de alegría, las y los pibes sonriendo, las bengalas, el humo, los primeros gritos y el inicio del horror y la desesperación.

“Apenas empezó Callejeros a tocar nosotras estábamos juntas, después nos separamos y cuando empezó a prenderse el techo ya directamente estábamos las tres perdidas. Yo creo que pude salir bastante rápido, no sé en cuanto tiempo, porque en ese momento no sos consciente de nada. Era un caos, todos trataban de salir por la puerta que estaba cerrada, me quedó el brazo aplastado en esa puerta, después pude salir y ya en la vereda una chica me ayudó a gritar los nombres de mi hermana y de mi amiga hasta que las encontré y nos abrazamos”. 

Todos los sueños se escapan en un grito.
La música se hizo silencio y el silencio se pobló de gritos. El pánico colonizó el tiempo y el espacio. Las y los pibes intentaban salir, ganar la calle y el aire, vencer la muerte. Muchos quedaron con el grito en la garganta y con el cuerpo rendido. 
Todos los sueños se escaparon en ese grito, se desvaneció la sangre joven y en ese momento no hubo mundo ni fe.
Sol logró salir, dar con su hermana y su amiga, no caía de la escena en la que se encontraba, la miraba como si no estuviese allí, alienada en ese espanto y horror, hasta que observa perpleja como a una chica le realizan insistentemente Reanimación Cardio Pulmonar, una y otra vez, una y otra vez, la reanimación no estaba a cargo de un médico sino de otra sobreviviente que intento hasta lo imposible, pero no pudo: “Se murió, está muerta, no pude”, escuchó Sol.

¿Cuándo la muerte se hará humanidad?
Sol quedó mirando esa escena, nunca había visto a la muerte cerca, nunca había visto apagarse así como así la vida. Todo era confusión, sirenas de bomberos y ambulancias, gente que se llevaban en los hombros, en cajas de camionetas, en autos, en lo que sea. Pero en ese caos de muerte tendida en la calle, las y los pibes activaron la humanidad, el sentido de sobrevivencia, consciente ò inconscientemente, dar la vida por el otro.

“Muchísimas chicas y chicos que habían logrado salir terminaron muriendo por volver a entrar a sacar gente, amigos, hermanos, novias o desconocidos. Muchas pibas y pibes entraron para salvar vidas y terminaron perdiendo la propia…ese gesto quiero que quede claro, que nadie se olvide de eso”.

La riqueza de este viaje es el cambio a esta realidad.
Sol me dice que hicieron una especie de pasillo humano, un pasamanos para ir sacando gente y llevándola a las ambulancias, a los autos o por lo menos afuera del lugar. Insiste en este gesto y lo recuerda intacto, insiste en la memoria de los que no están y en esa memoria de los que dieron su aire para que otros pudiesen respirar.  Poco de eso fue publicado por las agencias mediáticas hegemónicas, ninguno de estos gestos fue socializado con el ímpetu con que sí socializaron el prejuicio, la estigmatización y de nuevo el silencio. Otra vez los jóvenes mediatizados como adictos, irresponsables, violentos e inconscientes.  Un árbol que intento tapar un bosque imposible de tapar. 

“Me costó muchísimo empezar a hablar del tema, creo que no está bueno guardarse eso y es importante resaltar lo que fue ver dentro de una escena terrible actos tan hermosos como el de pibes y pibas que entregaron su vida por el otro, capaz que, sin pensarlo, pero fue el instinto que salió en ese momento, yo prefiero quedarme con eso y que en todos estos años nuca se hizo justicia, en su momento estuve muy enojada porque jamás culpé a la banda y es como dice el lema: la música no mata. Atrás hay muchos funcionarios corruptos, muchas coimas y eso creo que fue lo que mato a los chicos”. 

Porque si me muero es por luchar.
Sol convoca a la palabra y a la memoria, invita al encuentro y al diálogo, a que nadie se quede sin decir lo que siente, lo que duele y lo que todavía sigue ardiendo en el recuerdo. Me dice que le costó mucho volver a escuchar la banda, que por muchos años no soportaba el sonido de una sirena, meterse en el subte o estar rodeada de mucha gente. Me cuenta que muchas y muchos pibes terminaron con su vida porque no soportaron llevar Cromañóon en el cuerpo, que ella se culpó por seguir viva, se preguntaba por qué ella sí y otros no, pero que con el tiempo aprendió a agradecer cada día, cada hora y cada segundo de vida y que entendió de que se trataba lo trascendental.

“Después de lo que pasó nos dejaron muy solos. Yo me preguntaba por qué yo estoy viva y hay 194 personas que no lo están. Yo me quería morir porque sentía que no debía estar viva, creo que todos los sobrevivientes pensamos eso en algún momento y hoy en día  trato de pensarlo de otra forma, de pensar que por algo estoy viva y de agradecer, me doy cuenta cómo me cambió la personalidad el haber pasado por algo así. Agradezco todos los días, festejo todos los días  y no me preocupo por cosas que no tienen importancia. Hago valer que uno tiene la posibilidad de estar vivo y disfrutar de eso”

No olvidar, siempre resistir
Cuando se acerca la fecha, a Sol se le hace un nudo en la garganta, pero con los años ese nudo comenzó a ceder un poco, no porque el dolor haya desaparecido, sino porque pudo transformarlo en otra cosa, darle un sentido, ponerle nombre, lágrima y abrazo. Cada 30 de diciembre se encontraba con miles en las marchas por justicia y en el santuario y desde algunos años a esta parte se encuentra con su amiga y con su hermana para hablar, mirarse y agradecer un año más de vida. 

Porque si me voy es por luchar y no por mirar, me voy por luchar.
Cromañón se miró de reojo, con los lentes de la hipocresía, con el prejuicio como disparador, con la estigmatización como argumento. Mientras esa mirada compraba tiempo en los medios de comunicación, miles de pibas y pibes intentaban cargar con Cromañón en la piel, con las llagas ardiendo, con el trauma latiendo en el sueño, con la herida abierta.

Porque lo que empieza acaba al fin.
Sol es una de ellas, una las sobrevivientes, de las que no solo sobrevivieron esa noche, sino todas las noches siguientes.
Hoy lo cuenta e invita a que otros sobrevivientes la contacten, para que no se queden solos, para que no lloren solos, para que el nudo por fin se desate y puedan parir de una vez y para siempre los claros días de justicia. 

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