Dejen jugar a las pibas

Emma y Renata son dos niñas que comparten mucho: ambas tienen pasión por la pelota y a ninguna las acepta la AFA por el hecho de ser mujeres. Dos historias atravesadas por la perspectiva de género y la diversidad dentro del deporte. 

Por Florencia Rad (@_florencia.rad) 

Emma sabe lo que quiere
Emma pidió su primera pelota a los cinco años. Sus papás se la obsequiaron y desde ese entonces nunca más quiso soltarla. Hoy, Emma tiene doce años y desde los siete juega en la escuelita del Club Deportivo Empleados de Comercio, en la ciudad de Guaminí, provincia de Buenos Aires.
El año pasado, ante la ilusión de que Emma fuera fichada, ella y su familia recibieron la rotunda negativa de la Liga Regional de Coronel Suárez que sin pelos en la lengua manifestó que la AFA (Asociación de Fútbol Argentino) no incluía el fútbol mixto en su reglamento.
A pesar de las barreras y los obstáculos, durante el transcurso de este año, el Club Deportivo Empleados de Comercio volvió a insistir con el fichaje de Emma porque esta era la única manera en la que ella podría seguir compitiendo junto a sus compañeros, pero una vez más, tanto la Liga como la AFA rechazaron su deseo de competir. A raíz de esta situación, en el mes de Mayo, los padres de Emma elevaron una denuncia al INADI por “acto discriminatorio”, sin embargo, la AFA realizó su descargo sosteniendo firmemente que no consideraba haber discriminado a Emma sólo por haber seguido el reglamento.
“Es contradictorio darle una pelota a tu hija para que juegue y después de unos años decirle que ya no puede jugar como venía haciéndolo, que ahora solo puede jugar en el patio de casa. Emma no quiere jugar en el patio, ella quiere seguir jugando con sus compañeros”, expresó Soraya, mamá de Emma, en exclusiva con Revista Sudestada. 

Renata no piensa esperar
Algo similar sucede con Renata, una geselina a punto de cumplir once años. La pelota no solo sigue siendo su fiel compañera, sino que fue el gran estímulo que hizo que abandonara la etapa del gateo para comenzar a caminar. Desde los cinco años juega al fútbol mixto en el Club San Lorenzo de Villa Gesell, pero hasta hace poco Renata vio que su panorama podría complicarse ya que la Liga Madariaguense sostenía los doce años como edad máxima para formar parte de un equipo mixto. Por ende, Renata perdería algunos años de su vida esperando ingresar a primera división para volver a jugar, ya que en dicha categoría el fútbol se divide en femenino y masculino.
El Club San Lorenzo, en compañía de Nadia, mamá de Renata y una de las dirigentes de dicha entidad, realizó un pedido a la Liga Madariaguense para que aumentara el límite de edad de sus categorías mixtas, por lo menos, hasta los trece años.
Asimismo, se llamó a la solidaridad de los demás clubes de la zona con primeras divisiones femeninas para que se comprometieran con la formación de ligas femeninas sub 16 para que las chicas de entre 13 y 16 años no pierdan su oportunidad de jugar. 

Cuestión de derechos
En 1989 se aprobó la Convención de los Derechos del Niño, en la cual los Estados Partes reconocen el derecho del niñx al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes. Asimismo, hace mención al respeto y la promoción del derecho del niñx a participar plenamente en la vida cultural propiciando oportunidades apropiadas y en condiciones de igualdad. ¿Algo está fallando, no?
El juego es un derecho inalienable y fundamental de las infancias, derecho vital que repercute en el desarrollo psicológico, cognitivo y social de lxs niñxs. El derecho al juego debe estar garantizado y para esto es necesario la aplicación de políticas públicas que derriben las barreras físicas, sociales, culturales y económicas que impidan que este derecho se cumpla. 

Fragmento del cuaderno de Emma

El deporte no tiene género
Emma no puede cumplir su sueño de competir porque es nena. No importa si entrena con el mismo amor y el mismo empeño que los demás, no importan sus ganas, su hambre de pisarla y encarar, de querer llevar la pelota en sus pies, de hacer jueguito o conseguir la anotación de un gol. No puede porque es nena.
Actualmente, Renata es la única jugadora en la Liga. Su mamá, en contacto con Revista Sudestada, nos explicó que “en las ligas menores, la idea de una nena desarrollando este deporte continúa siendo un tabú”.
Es momento de dar vuelta el volante y cambiar de dirección. Comenzar a contemplar lo que antes no se contemplaba. Hay cuestiones que no deberían ni siquiera ser analizadas. El género no tiene por qué ser un obstáculo en ningún ámbito de la vida, y mucho menos, al momento de gozar de un derecho indispensable de la infancia como es el juego.  
Las familias protagonistas de estas dos historias alzaron sus voces no solo por sus hijas, sino también por todas las demás realidades invisibilizadas, que por ser invisibles no quiere decir que no existan.  
¿Hasta cuándo el sistema machista y patriarcal va a seguir truncando con su voracidad lo que no le corresponde? ¿Acaso tendrá miedo? No vaya a ser que esas nenas luego se conviertan en mujeres que luchan por sus derechos. Derechos que fueron vulnerados a través de tantos años. Pero ya no más. 

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