Derecho a la identidad: a 10 años de la ley

Foto: Florencia Guimaraes

Escribir esta nota me fue un tanto complejo. Borré, escribí y volví a borrar varias veces, varios días. Quizás para muchas personas es solo una conmemoración. Para nosotras, travas, es un sinfín de recuerdos, de historias de vidas atravesadas por el abandono, la represión y el castigo de gran parte de esta sociedad. Pensar en la Ley de Identidad de Género es pensar en compañeras tan enormes como Lohana, como Pía, Diana, Nadia y una gran lista de nuestras luchadoras que hoy no están, que nos arrebataron.

Por Florencia Guimaraes

Es también escuchar a las sobrevivientes en una tarde de mates, contar a las jóvenes sobre las torturas que ejercía la policía día día, porque aunque parezca lejano, hace una década atrás todavía, en muchas provincias, el Estado aplicaba códigos contravencionales que criminalizan nuestra identidad ¿lo sabías? ¿Por qué no se habla de los días de cárcel que pasamos las travestis?
Estos días escuchaba el relato de una compañera que llegó a los 60 años y recordaba una de las cientos de veces que había sido apresada. Narraba que la policía la había bajado del colectivo, delante de muchas personas en pleno mediodía, el delito era ser travesti le decían. La llevaron a la cárcel de Devoto, donde pasaría 21 días detenida en en pabellón de contraventores. Al ingresarla, lo primero sería raparla. Luego de esos 21 días la largarían y si lograba camuflarse entre la gente en el camino, llegaría a su casa, pero en otra jurisdicción la agarraba otro patrullero: volvería a ser encarcelada.
“Entre nosotras sabíamos cuando una recién salía porque al estar rapadas, usábamos turbante”, contaba mientras terminaba su mate ante los ojos sorprendidos de las jovencitas que no lograban dimensionar lo que Adriana relataba y, aún más fuerte, lo tenía naturalizado.
El delito, para el Estado, era ser trava, pobre, prostituta y desobediente a los mandatos cisheterosexuales.
Escribir esta nota me es un desafío, es tanto lo que todavía querría gritar, es tanto lo que aún falta por transformar.
Si bien la lucha por el derecho a la identidad por parte de personas travestis y trans data de hace varias décadas. Si bien las estadísticas son importantes, este día quiero centrarme en la memoria colectiva, en nuestras trincheras de lucha y en lo que aún falta. Otres, seguramente, se encargarán de contar otras historias.
Hace una década celebrábamos, entre llantos y abrazos, la sanción de la Ley de Identidad de Género en Argentina. Era un día que muchas de nosotras jamás habíamos imaginado. El 9 de mayo del año 2012, luego de un trabajo incesante por parte de activistas LGBTI, se sancionaba el proyecto de ley presentado por el Frente Nacional por la Ley de identidad de género. Este proyecto tenía cuatro ejes fundamentales para comprender las identidades travestis y trans: primero, la despatologización, segundo, la desjudicialización; también la desestigmatización y por último, la descriminalización de nuestras identidades y existencias.
En la presentación del proyecto el 11 de noviembre del 2011, Lohana Berkins, decía: “Nosotras tenemos la responsabilidad de seguir señalando la desigualdad que vivimos. Por eso quiero agradecer a todas las travestis que están y que ya no están. Hoy empezamos a escribir una de las páginas históricas del travestismo, nos reciben en esta casa, hablamos en primera persona. No queremos ser materia negociable. Tendremos que seguir avanzando en políticas más concretas, más inclusivas, pero este es un paso que no se puede obviar. Violar los derechos de personas travestis, trans e intersex es violar los derechos humanos. Confiamos que con la aprobación de este proyecto construiremos una herramienta de plena lucha contra las personas travestis y trans”.

Foto: Florencia Guimaraes

El Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género, se formó a principios de 2010 con el propósito de trabajar en la sanción de una Ley que garantice todos los medios necesarios para que las personas travestis y trans podamos acceder al pleno ejercicio de nuestro derecho a la identidad, del cual dependen otros derechos básicos.
El frente estaba integrado por activistas independientes y organización LGTBI de todo el país. Entre algunes de las valiosas personas que integraron este frente estaban compañeras como Lohana Berkins y Diana Sacayán. Este proyecto, preveía, tanto el acceso a cambios registrales como el acceso integral a la salud.
Bajo la consigna “¡Sin demora, identidad ahora!”, se convocó aquel día a personas travestis y trans, activistas independientes, organizaciones sociales, espacios políticos y a la sociedad en general, a acompañar este proyecto de Ley.
Hoy, a 10 años de este acontecimiento, nos encontramos aún con múltiples resistencias en espacios institucionales, y también en los medios hegemónicos de comunicación. Solemos escuchar a menudo discursos idílicos con relación a las realidades travestis y trans. Se habla de lo mucho que supuestamente hemos avanzado como sociedad, pero la realidad material es que todavía la mayoría de las compañeras travestis subsisten de la prostitución forzosa, ante la desigualdad, estigmatización y prejuicios aún persistentes. Y por otro lado, existe la problemática de la falta de implementación masiva de la ley de cupo e inclusión laboral travesti trans. Otro tema que sigue a medias tintas es el acceso integral a la salud, ya que desde el Estado pareciera que hablar de salud travesti/trans es meramente poder acceder a tratamientos de reemplazo hormonal, dejando por fuera entre muchas cosas, la silicona industrial que nos mata día a día.
Son muchas las violaciones a cada uno de los artículos de esta Ley en todos los ámbitos, tanto en lo público como en lo privado. Es aún demasiada la violencia que atravesamos cada vez que necesitamos acceder a trámites administrativos, o simplemente acceder a la propia Ley. Hay mucho desconocimiento de ella incluso entre personas travestis y trans, y esto se debe a la falta de información, de difusión simple y clara por parte del Estado.
Si bien esta ley se gestó de forma colectiva y con muchos debates constructivos, hoy nos encontramos una vez más con personas cisgenero hablando de y por nosotres, pretendiendo tutelarnos y despojarnos de nuestro derecho como sujetas políticas a expresar tanto lo conquistado como todo lo que aún falta.
La Ley de Identidad de Género es sin dudas una herramienta para garantizar el derecho propio a la identidad y a la autonomía sobre nuestros cuerpos, es una ley que vino a desmitificar los discursos conservadores basados en teorías biologicistas y terroristas, hoy encarnados a nivel local y mundial por los movimientos terfs (trans excluyentes feministas radicales). Y también es una Ley que le da a nuestras niñeces y juventudes travestis y trans un marco normativo basado en DDHH para poder tener otras vidas posibles que no sean las que atravesamos la mayoría de nosotras, un mundo donde puedan soñar con un futuro realmente diferente, porque tenemos, todes, la responsabilidad de abogar por niñeces libres de toda forma de discriminación, abusos y opresiones.

Foto: Florencia Guimaraes

Como travesti matancera no puedo omitir lo que atravesamos quienes habitamos este territorio de lucha y resistencia, dónde aún no tenemos cupo laboral travesti/trans, dónde existe una secretaría de mujeres encabezada por una persona que fue terriblemente violenta con las personas travestis convocadas para ocupar cargos políticos y un Estado Municipal que nunca se sentó a escuchar a las organizaciones travestis que pateamos la Ruta 3, el camino de cintura, las villas, intentando ayudar a las travestis abandonadas a su suerte, pero en esta fecha, quiere lavarse la cara con banderitas de colores.
Seguiremos preguntándonos ¿Dónde está Tehuel? ¿Dónde está el otro travesticida que nos arrebató a Diana Sacayán?
Lucharemos incansablemente por la reparación simbólica y económica para las pocas Adrianas que superaron los 40 años, que vivieron con miedo, que fueron encarceladas por ser quienes desearon, que se enfrentaron al CIStema y hoy nos siguen enseñando en cada mate que compartimos.
Hoy es un día Travesti y Trans y lo conmemoraremos como las travas sabemos, con abrazos, risas, cumbias, copeteos y demandandolo todo a pura furia travesti!

Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

“El fútbol y el feminismo se unieron, y no deben separarse más”

Leer siguiente

“Mi deseo es poder compartir la guitarra con músicos que amen a Luis”