Docentes en pandemia

La situación compleja que viven lxs docentes no es noticia. La pandemia obligó a muchxs a incorporar las herramientas que brinda la técnología para poder avanzar con el dictado de clases. Horacio Rodriguez Larreta, gobernador de la Ciudad de Buenos aires, afirmó en la última conferencia de prensa junto a Alberto Fernández y Axel Kicillof que el 90 por ciento de lxs niñx están conectadxs virtualmente con sus docentes. Una respuesta desde la bronca de la profesora Ana A. Gonzalez.

Por: Ana A. Gonzalez

Me comunico con todos mis alumnos desde el primer día de esta cuarentena. Ayudé a resolver dudas sobre la tramitación de la IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y lloré con algún mensaje desesperado por falta de alimentos. Contuve a más de una niña angustiada por las noches. Me desesperé con la noticia de que algún alumnx tenía familiares aisladxs y que había niñxs tristes. 

El Gobernador de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodriguez Larreta, en cada conferencia que da dice que el 90 por ciento de lxs niñxs se conectan virtualmente con sus maestrxs y a mí me hierve la sangre. Trabajo en una escuela de muy pocos recursos ubicada en el barrio Ramón Carrillo, Villa Soldati. Es verdad, a diario me comunico con todos mis alumnos, lo que no es verdad es que el Ministerio hizo algo para que eso suceda. 

En Abril elevamos un reclamo porque más del 80 por ciento de lxs niñxs no tienen computadoras con Internet. Me comunico con ellxs a través del celular de la madre, padre o algún otro adulto de la casa. Las tareas están siempre intermediadas por ese adulto poseedor del dispositivo y, por lo tanto, supeditadas a horarios laborales y a las necesidades de lxs otrxs niñxs que utilizan el mismo teléfono. 

En general, nos comunicamos entre las 18 y las 23 horas. Muchxs no tienen capacidad de navegar por internet, ver videos o bajar documentos en formato Word o PDF. En algunas ocasiones, me piden a mí que busque en google la información que necesitan. Otras veces, realizo capturas de pantalla de los archivos para enviarles las tareas en un formatos que puedan abrir. La posibilidad de corregir es aún más difícil ya que las fotos que envían no suelen tener la calidad suficiente para visualizarlas correctamente. 

Quise trabajar a partir del material “enviado” por el Ministerio de Educación, pero esa fue una misión imposible. La primera vez no lo mandaron, la cuarta tampoco, la quinta  vino repetido (en realidad llegó a la Capilla del barrio a donde los fui a buscar en vano), la sexta entrega no trajo los cuadernillos y las últimas dos trajeron el de Ciudad que pertenece a otra secuencia de trabajo. Además, quiero destacar, que no pude usar el manual del grado porque a principio de año no alcanzó para todxs lxs niñxs. A lxs docentes no nos dan ejemplares y más de una vez costee de mi bolsillo las fotocopias y puse mi cuerpo para dárselo al niñx el día de entrega de alimentos. Esa es la situación.

No es obligatorio que los maestros realicen las entregas de bolsones de comida que se calculan en base a un almuerzo por día hábil. No vayan a creer que a raíz de esta pandemia el Ministerio tuvo la generosidad de brindar comida para el fin de semana. No, ellos presentan con orgullo un bolsón de alimentos cuyas recetas literalmente se basan en sugerencias como: “1/2 taza de fideos” o “1/2 taza de arroz y dos cucharadas de zanahoria”.

Hace algunas semanas con mis compañerxs, que caminan el barrio a diario para hacerles llegar los alimentos a las familias que están aisladas, organizamos una colecta solidaria porque recibimos mensajes desesperados porque algunxs no tenían qué comer. Esos mismo mensajes nos preguntaban por qué el Ministerio a veces manda aceite y a veces no. 

Una situación que se repite

No me gusta tener que compartir las historias más miserable de este mundo para asegurarme de que esta publicación tenga algo movilice a reflexionar sobre la injusticia, pero puedo contar que en el acto de fin de séptimo muchos niñxs asisten con lo mejor que tienen en su armario. Cuando pueden, se ponen traje, moño o tiradores para demostrar que valoran la educación recibida. Una vez una alumna me escribió que su infancia era feliz porque una vez había ido al mar.

Son muchas las historias. Un día un alumno faltó a clase porque se le mojaron sus zapatillas. Otro día, un compañero de él fue a la escuela en ojotas, en pleno invierno, para no faltar justo cuando iba la psicóloga.

A mi y a mis compañeros nos gustaría poder compartir la bronca sin dar detalles de lo que pasa y que, aún así, estén de nuestro lado frente a las injusticias. Nos encantaría que nadie deje pasar que un gobernante miente sobre la educación de lxs niñxs. Desearíamos que nadie agradezca el plato de comida miserable que les dan y que no alcanza para cubrir la ración de los sábados y los domingos.

A nosotros lxs docentes nos gustaría que sea suficiente con decir que estamos haciendo un gran trabajo, que se puede apreciar en fulanito que siempre nos manda todas las tareas; sin tener la necesidad de contar que ese mismo fulanito hace tiempo empezó a trabajar vendiendo en la feria para ayudar a sus padres y que un día lo vimos preocupado porque a sus padres les pegaron por ser bolivianos.

Larreta miente cuando dice que el 90% de los niños trabajan virtualmente. No es difícil saber la verdad y no pasa por creerme a mi o a él.

Ojalá cuando voten también lo hagan por mis compañerxs que ponen el cuerpo en cada entrega de bolsones, por la comunidad que colaboró con dinero para comprarles esa botella de aceite que no estaba, por lxs maestrxs a quienes no les respetan el acuerdo de aumento salarial. Pero, sobre todo, deseo que voten por mis alumnxs que no tienen edad para hacerlo pero tienen sueños, valoran la educación que le damos en la escuela aunque tengan que leer los textos desde un celular. Por ellxs que piensan en infancias felices aunque a veces no tengan ni comida.

Ojalá esta sociedad se indigne un poco. Ojalá cuando voten se olviden de la maceta que pusieron en la esquina de su casa y se acuerden de “Juana”, una alumna que una vez fue feliz porque pudo ver el mar, que cuando sea grande quiere ser obstetra, que sabe muchas cosas y que, por ahora,  solo le falta “aprender a andar en bicicleta”.  

Foto de portada: Memoria Escolar 

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