El negocio de hacer que los alumnos coman mal

El Gobierno porteño abrió una licitación para concesionar los servicios de desayuno y merienda escolares. El presupuesto diario estipulado para cada niña o niño no llega a los 40 pesos. El menú es un atentado a la nutrición. La Ciudad también busca proveedores para sus funcionarios: para ellos habrá jugo exprimido y otras opciones “saludables”.

Patricio Eleisegui

La madalena azucarada figura como opcional, igual que el “pan de ricota”, apenas una mezcla de harina saborizada. Ultraprocesados dulces, bajo la forma de galletitas y vainillas, los días lunes, martes y miércoles. El jueves hay premio: galletitas de agua. Para el viernes queda la barrita de cereales, otro mix repleto de aditivos y conservantes. En el detalle también hay mención de leche con cacao, mate cocido o té con leche. Para empujar el comestible de ocasión. El presupuesto asignado: 37,44 pesos por alumno. 
Si desayunar en las escuelas públicas de Buenos Aires migró a la condición de actividad de riesgo en los últimos años, la perspectiva se exhibe peor. La administración que encabeza Horacio Rodríguez Larreta ahora va por un esquema que es un indisimulable atentado a la salud. 
El 14 de febrero, el Gobierno de la Ciudad activó una licitación pública para concesionar por cuatro años el servicio de desayuno y merienda que se brinda en los establecimientos porteños. El negocio es fabuloso: el oficialismo pagará 50.000 millones de pesos por la prestación –a razón de 12.500 millones de pesos anuales– aunque, como mencioné antes, se presupuestaron 37,44 pesos por estudiante. El combo de ultraprocesados, azúcares, aditivos y conservantes detallado en los pliegos llegará a los estómagos de 240.000 niñas y niños. A diario. 
Las particularidades de este negocio son el eje de un informe del Observatorio del Derecho a la Ciudad que, abundante en detalles, desnuda el apuro de la Ciudad por abrochar cuanto antes la entrega del servicio. 
“El 11 de marzo se abrieron los sobres con las ofertas presentadas por las empresas y, en breve, la comisión evaluadora dará a conocer qué concesionarias tendrán la responsabilidad de garantizar el servicio de comedor en cada escuela”, precisa la organización. El ganador saldrá de un pelotón de 19 compañías que abastecieron a los comedores en otras ocasiones. Haber sido proveedor de la Ciudad con anterioridad figura como condición para participar de la licitación.
Lamerich SRL es una de las firmas habilitadas para competir por el contrato multimillonario. Se trata de la compañía que, durante la única semana presencial del ciclo lectivo 2020, intoxicó a más de 100 alumnos de seis escuelas (Primaria 14 e Infantil JII del distrito 7, la Normal Superior 4, la Primaria 5 del distrito 2 y las primarias 20 y 24 del 19). 
Sólo en los últimos diez años la compañía en cuestión acumuló una docena de multas por distribuir comestibles en mal estado, entregar productos carentes de higiene y con la cadena de frío interrumpida y operar con vehículos desprovistos de todo cuidado sanitario, entre otras irregularidades probadas.
Sin embargo, ahí anda Lamerich SRL, aval político mediante, encaminada en la pelea por otro substancioso contrato con el Estado. 
“Otro rasgo a destacar es que, sólo para participar de la licitación, cada empresa debe abonar por anticipado 795.000 pesos. Este importe, aclaran desde el GCBA, no será devuelto a los adquirentes en ningún caso, ‘aun cuando por cualquier causa se dejará sin efecto la licitación o se rechazaran todas las ofertas’. El abultado valor del pliego y su no devolución funcionan, en los hechos, como un disuasor para cualquier cooperativa o pyme que quiera participar de la convocatoria y reduce a un puñado, las empresas aptas para resultar ganadoras”, se señala en el informe del Observatorio del Derecho a la Ciudad.

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Ah, pero los funcionarios…
La contracara de este desprecio por la alimentación escolar es otra licitación abierta en estos días por el Gobierno porteño. A través del pliego 2051-0407-LPU22, la Secretaría de Transformación Cultural convocó a empresas de catering para que se hagan cargo del desayuno de sus funcionarios. La Ciudad ofrece un contrato por algo más de 6.500 millones de pesos. Y cotizó en 710 pesos el precio unitario de cada ración.
Bastante más que los 37,44 destinados a chicas y chicos que, en muchos casos, asumen al desayuno escolar como una de las contadas comidas seguras del día. En la vereda de enfrente se apiñan los cuadros políticos del sueldo alto, el viático generoso y los descuentos varios. El menú fijado para esta última licitación expone cuáles son las prioridades en la gestión Rodríguez Larreta.
Bajo la denominación “Desayuno Básico Saludable”, la Ciudad estableció como ración para quienes conforman la Secretaría de Transformación Cultural desde tostadas de pan lactal de salvado con queso untable light y mermeladas varias (ciruela, frutilla, naranja o durazno) hasta jugo de naranja exprimido y un popurrí de frutas (banana, manzana y pera).
Los funcionarios también tendrán acceso a “variedad de sabores de té o café” y agua mineral con o sin gas. Nada de mate cocido, madalenas y el denominado “pan de ricota”. Tampoco barrita de cereales, galletitas de agua o vainillas para remojar en té (sin variedad de sabores) con leche.

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Un servicio funesto
Jonatan Baldiviezo es el titular del Observatorio del Derecho a la Ciudad y el experto que me acercó el informe que expone los ingredientes de un servicio funesto. 
“No sólo impacta el presupuesto definido por alumno, sino cómo está construida la cifra: sólo el 35 por ciento del monto corresponde, por así decirlo, al alimento. O sea que de los 37,44 pesos el 65 por ciento es pago de logística, envasado y otras cuestiones. Y en el proceso de licitación, al igual que en años anteriores, se oculta cuánto ganarán las empresas al margen del presupuesto oficial”, dice.
Baldiviezo señala, además, que las compañías que obtienen la prestación de estos servicios suelen incumplir las condiciones establecidas en los pliegos. “Las raciones o viandas que llegan a los comedores escolares siempre incluyen menos gramos de los establecidos o, en todo caso, se hace entrega de comida de mala calidad. Los comestibles llegan pre cocidos a las escuelas. Se los calienta y ya. Antes todo se cocinaba en los establecimientos. La situación actual es el resultado de una degradación que comenzó en los años 90”, asegura.
La responsabilidad en todo este proceso, señala el abogado, es potestad del Ministerio de Educación porteño.
El referente del Observatorio del Derecho a la Ciudad comenta que la gran mayoría de las compañías que participan de la licitación ingresó al negocio, justamente, durante los años del menemismo. “Los pliegos exigen experiencia previa en la provisión de este tipo de servicios al Estado. Eso acota el proceso a las empresas que ya estuvieron facturando con los comedores escolares. Esta, como tantas otras, es una licitación cuyo resultado ya está acordado”, señala.
Miles de millones al alcance de los mismos de siempre. Inseparable, todo, del beneficio político. La alimentación de niñas y niños va y viene. Hablar de nutrición, queda a la vista, no tiene lugar. 
Se cocina a fuego intenso otro negocio a costa de la salud de las infancias. Con anuencia de un Estado porteño que mantiene a Buenos Aires como la plaza más jugosa para los intereses de un pelotón de empresas, un círculo de amigos del poder, cuyo principal negocio pasa por seguir haciendo que en los ámbitos escolares se coma cada vez peor. 

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