“El reino”. De eso no se habla

Por Natalia Carrizo

La escena es por demás curiosa. Esa persona apunta a denunciar una animosidad; una animosidad malintencionada con el solo objetivo de atentar contra las iglesias evangélicas, en concreto habla de “un ataque”. Se refiere a la serie de ficción El reino, que puede verse en Netflix. En la serie se representa la conexión entre la política y un pastor de esa fe.
Lo curioso es que la persona que habla es una persona de la política que se reconoce abiertamente como evangelista y ha defendido las ideas de esa religión desde su banca; acérrima detractora del matrimonio igualitario, por ejemplo.
En esta misma oportunidad, sus roles no se diferencian. “La presentan antes de las elecciones”, reconoce ante la pregunta de un periodista del panel. Y aprovecha la ocasión para cargar contra el actual gobierno por la votación del proyecto, que ahora es ley, de interrupción voluntaria del embarazo.
Independientemente del curso que toma la serie, nada resulta más probatorio de su idea de base que esa persona, en su doble rol, acusando de hostigamiento cultural a quienes no han hecho más que crear una historia de ficción. ¿Quién hostiga a quién?

¿Es que no puede hablarse de la influencia de las iglesias evangelistas en la política argentina y mundial?
¿Es que no puede crearse desde el arte obras que representen y cuestionen esa afiliación tan evidente y real como la existencia de la persona que la critica?
¿Es que vamos a volver a celebrar la nefasta oscuridad del “De eso no se habla”?
¿Es que vamos a ignorar que el comunicado emitido la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas solo carga contra Claudia Piñeiro, co-guionista, mujer, feminista y escritora? No hace falta leer entre líneas, la señalan por su militancia abierta y explícitamente.

Entonces, en el terreno de lo puramente artístico, ¿vamos a aceptar que sea la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas quien nos diga cómo “debería caracterizarse” la labor de nuestra profesión?
Y en lo que refiere al poder, ¿vamos a jugar a desconocer el alto impacto histórico del entramado religioso-político en la realidad nacional y mundial? ¿No es acaso el sionismo una clara representación de esto? ¿No lo es el Talibán? ¿No lo son acaso muy a pesar del desacuerdo de cientos de personas que profesan la fe desde la que han catapultado su poder político?
O, como también menciona el comunicado, ¿vamos a negar el rol fundamental que ocupan en la política actual las iglesias evangélicas manifestado, por ejemplo, en el ascenso a la presidencia de Jair Bolsonaro?

En el reino del revés, la realidad siempre supera la ficción.
Y en el reino del silencio, la historia no hace más que repetirse como tragedia.

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