Frida, la disruptiva

La artista más conocida de México, Frida Kahlo, hoy es recordada por frases como: “Pies para que los quiero, si tengo alas para volar” o “Donde no puedas amar no te demores”. Distintas apropiaciones de esas palabras son fáciles de encontrar a lo largo y ancho del mundo convertidas en estampados de tazas, almohadones y diversos productos de marketing. En un nuevo aniversario de su natalicio una pregunta recobra sentido: ¿podría decirse que se globalizaron y capitalizaron sus pensamientos?

Por: Dolores Menendez

Frida Kahlo “pisó fuerte” en su vida y a su vez en la historia, fue receptora tanto de elogios como de críticas. Es importante concebirla de manera integral, verla como artista, revolucionaria, mujer y feminista, dejando de lado los títulos que en un pasado la ubicaron en las sombras de Diego Rivera como “la mujer de”.

Desde sus orígenes desafiante

Nombrarla por completo es imprescindible para recuperar su historia: Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón. Desde el comienzo de su existencia su identidad reflejó la diversidad que la caracterizó. Ella era descendiente de alemanes con ascendencia india originaria de Morelia. Sus primeros dos nombres están asociados al catolicismo debido a que su mamá era profundamente devota aunque esa elección poco la representaría.

Su tercer nombre, Frida, en esencia significa paz y, al juzgar por su accionar, tampoco será algo que la califique. Su historia será catalogada de diversas formas, pero ninguna va a basarse en la tranquilidad. Aunque, ¿quién asegura que a Frida le hubiese gustado una vida normal?

Fue una hija de la revolución. Nació en 1907 y creció en Coyoacan, México, durante un contexto de cambios. En esa época el pueblo de su país buscaba volver a sus raíces y despojarse de lo impuesto, factor que sin dudas la marcó y moldeó sus ideales y convicciones.

Otro hecho que condicionó su niñez fue la poliomielitis, enfermedad que tuvo de muy pequeña y por la cual se vio “obligada” a fortalecer sus músculos a través de actividades como el fútbol y el boxeo. Se trataban de disciplinas que eran consideradas como “masculinas” para le época. Igualmente, ella disfrutaba de realizarlas y romper con las imposiciones de los estereotipos de lo que era socialmente aceptado para una mujer.

Frida fue un gran ícono del goce y libertad. Sin miedo al qué dirán, ella dirigía su vida en base a lo que sentía de forma impulsiva. Sus deseos no estaban sujetos a ningún género, su único indicador era el placer y dejar de lado todo limite. “Cuando hago el amor mis senos tienen un papel importante. Son muy sensibles al tacto, incluso con ciertas mujeres”, es uno de sus dichos más famosos. Muchas veces ese estilo de vida se vió eclipsado por su historia “romántica” con el pintor Diego Rivera, persona con la cual ella se casó, se divorcio y volvió a casarse. Aunque despertó distintos sentimientos en ella, ¿es posible dejar de pensar a Frida, quien tuvo la potencia de llegar mucho más lejos, bajo las sombras del artista cubista?

 Lo personal es político

La artista militaba en el partido Comunista y despreciaba todo lo relacionado con la cultura imperialista. Esto lo dejó ver durante su estadía en Estados Unidos. “La high society de aquí me cae muy gorda y siento un poco de rabia contra todos estos ricachones, pues he visto a miles de gentes en la más terrible miseria, sin comer y sin tener donde dormir, ha sido lo que más me ha impresionado aquí, es espantoso ver a los ricos haciendo de día y noche parties, mientras se mueren de hambres miles y miles de gentes (…)”, afirmaba en su diario de viaje.

Ella hacía que su vida personal esté permeada de decisiones políticas, desde su vestir tan caracterizado por su traje típico de tehuana hasta su constante reivindicación de lo nacional. Frida fue una mujer pensante y deseante, trascendió todas las imágenes clichés que se reproducen en la actualidad de ella y que la presentan como mera creadora de frases románticas sin reconocer la potencia trasgresora de Kahlo.

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