Gastón Onetto: un superviviente de la terapia de “conversión de género”

Foto: Joan Cortadellas

Gastón Onetto es de Santa Fé y cuando tenía 20 años fue sometido a una terapia de “Conversión de género”. Hoy con sus 38 años decidió contar su historia para que esto no le ocurra a nadie más. En aquel momento, Gastón junto a otrxs jóvenes fueron llevados a Córdoba a un campamento que los “curaría de la homosexualidad”. Para difundir y erradicar estas prácticas, nos envió su testimonio en primera persona. En diálogo con Sudestada pudimos hablar sobre estas prácticas y su recorrido en estos años.

Por Natalia Bericat

¿Qué cambió desde que pudiste contar lo que viviste y desde el momento que pudiste denunciar?
Yo presento la denuncia al Comité de ética, pero como las causas de este tipo prescriben a los dos años, este profesional no pudo ser sancionado. Hace una semana y media el Comité publica una resolución. Ante esto, las compañeras del área de género del Colegio de Psicólogues, hicieron un comunicado para aportar y escribieron algo que es verdad y que yo lo siento así y es que “el dolor psíquico no prescribe”. Me pareció hermoso y eso logró que el Colegio de Psicólogues reflexionara sobre el artículo 38 que habla sobre la prescripción y revisarlo. Sobre todo, en cuestiones de DDHH, de violencia de género y violencias a la comunidad del LGBTQ+.
Después de la denuncia me escribieron algunas personas que habían sido atendidas por el mismo psicólogo y algunes para contar sobre algunas prácticas religiosas a las que habían sido sometidos.
Otros que fueron sometidos a tratamientos de hominización, sin su consentimiento, para reafirmar su género al nacer.
Hubo personas que se comunicaron conmigo después de mi denuncia para contarme que les practicaron exorcismo. Los llevaban a un cura para realizar esas prácticas. También que iban a un endocrinólogo que les daba más testosterona. Todas estas prácticas sobrevivieron a la “Primavera de derechos”, que tienen que ver con leyes que determinan que no se pueden hacer diagnósticos a partir de la orientación de género. Está explicitado en la norma en la Ley de Matrimonio igualitario, en la Ley de identidad de género. Estas organizaciones sobrevivieron casi incorruptibles, solapadas. Hay que desarticular a estas organizaciones y que haya lugares específicos donde poner denunciar. Comunicarse con las Secretarías de género, diversidad y DDHH. Que el Estado pueda acompañar con tratamientos psicológicos y profesionales.  Yo pude denunciar porque tuve ayuda de una amiga que me dio una mano.

Las Leyes sabemos que no garantizan después los derechos. Hay que estar ahí para ver que se cumplan. Qué difícil intervenir en cuanto a estas prácticas cuando hay profesionales de la salud (Psicólogos, médicos, psiquiatras) que sostienen su teoría de la enfermedad…
Para ellos es una Cruzada: en su cabeza ellos pelean para erradicar esta supuesta “ideología de género”. La homosexualidad es para estos grupos algo que viene de afuera que deben arrancar, sin registrar lo interno (el sentir, el orden del deseo). Lo problemático es que existen espacios donde están aún más enquistados, cuando se está muy adentro de estos espacios religiosos, espirituales se crea una pertenencia a esa comunidad. En un primer momento, yo formaba parte de esos espacios en los barrios. Lo hacía desde un lugar comunitario. Eso fue, de alguna manera, un caldo de cultivo para que se habiliten estas prácticas en mí. En uno de esos grupos, conocí a alguien que me recomienda ir a un psicólogo cercano. En ese momento yo ya me estaba viendo con alguien, pensé que podría haber alguna cuestión moral, pero nunca me imaginé que iba a ser visto como una enfermedad lo que a mí me estaba pasando. Cuando voy, después de varias sesiones, le cuento que me estaba viendo con un chico y fue como si hubiese visto al demonio al lado mío. Por momentos, tenía tonos o frases muy violentas conmigo. Empezó a desplegar su discurso sobre la homosexualidad, y en seis meses, ya había construido el problema, o mejor dicho: construirme un problema. Él lo definió como “quebrantamiento de género”. Ese fue el diagnóstico que me dio. Me llevaba bibliografía sobre el tema y yo empiezo a creerle. A partir de ahí comienza con una terapia conductual que básicamente radicaba en sacar mi deseo sexual y cortar con ese tipo de vida. Solo podía verme con personas religiosas. Ahí fueron muy importante para mí tres personas que dentro del espacio me acompañaron y que siento que me salvaron.  Todo lo que yo sentía en ese momento estaba mal para mí y elles me contuvieron. Siento que pudieron verme. Sabían quien era yo realmente. Una vez una de ellas me dijo: “Se te borró la sonrisa, Gas”. Yo siempre me reí super fuerte y era muy eufórico. Que ella me diga eso me impactó. Es muy importante que las personas que están dentro de estos espacios religiosos puedan ver como se está juzgando a sus hermanes y abrazarles.
Luego este profesional me conecta con una red. Yo no tenía ni la más pálida idea de la existencia de todo ese entramado en Argentina. Son organizaciones que hoy todavía siguen operando. Y ahí volvemos a la pregunta: ¿Qué hacemos para que las leyes se cumplan? Tenemos que crear nuestros propios mecanismos, crear nuevas instituciones si las necesitamos.
Antes de denunciar, hice un proceso con el arte. Sentí que esa era mi forma de denuncia. Hasta que un día me di cuenta que me quedaba corto y que esto hay que desarticularlo. Mi arte es muy under, construimos otros sentidos entre nosotres, pero en un espacio acotado. Yo quería que esto no le pase a nadie más por eso denuncié.

¿En que momento recuperaste tu sonrisa y tu vida?
Después de Córdoba. Me marcó mucho haber ido a este campamento. Ellos ahí redoblan la apuesta. Quieren que vos vayas ahí y después te transformes en líder. Te comprometen a difundir ese discurso. Éramos 200 maricas juntas y ahí se generó algo hasta gracioso porque era obvio y se notaba cuando querían que me impostara como un chongo. Había gente de toda América Latina y personas grandes. No me quería ver así en un futuro. Ahí me di cuenta que quería dejar la terapia con el psicólogo. Él no se lo tomó bien cuando le dije que no sabía si creía en Dios, pero que si existía tal vez no nos pediría que cambié. Le dije que yo tenía una mirada más amorosa sobre Dios.

Propagan algo que no coincide con la culpa, la prohibición y el odio que hay en su discurso. No hay nada de amor en juzgar y hasta patologizar a alguien por su género….
Sí. Yo me di cuenta y empecé a salir de estos grupos y a ser yo. Había perdido los mejores días de mi juventud. Lo que yo no entiendo por qué no hay más personas que denunciaron esto. Éramos muches ahí en el campamento ¿Dónde están?
Cuando yo “desperté” de nuevo viajé a Córdoba con unos amigues y sin darme cuenta llegué al lugar donde está el hotel donde se había hecho el campamento. Fue muy fuerte volver a encontrarme en ese lugar. Queda frente a un lago en La Falda. Les pude contar a elles lo que viví. En diez años no había podido hablar de eso. Había puesto una barrera. Más allá de contarlo lo pude ligar con la emoción y darme cuenta de lo traumático y lo violento que había sido. Yo sabía que eso estaba ahí guardado, pero no lo había podido sacar en esos años.

¿Qué pasa con las familias en estas situaciones?
En mi caso mi familia no me llevó a estos lugares como pasa con muches que sí son llevades y hasta incluso son hijes de pastores. Muy presionados para estar ahí, en los campamentos.
Mi mamá falleció hace mucho, pero lo pude hablar con mi papá que hoy me acompaña. Pude entenderlo cuando en su momento confió en mí cuando entré a ese lugar. Él era mecánico y como yo estudiaba, decía que yo podría saber más que él sobre lo mejor para mí.
En cuanto a las experiencias que conozco es muy difícil. Para poder romper estas estructuras, las personas tienen que abrirse de todos los espacios al mismo tiempo: el espacio de la religión, de sus amigues, de sus xadres. Todo eso genera un impacto, un rechazo y una expulsión de la familia. Ni hablar del escándalo que se genera. En mi caso fue distinto, pero muches que entraron a esos espacios juntos con la familia, no pueden salir. Tenés que romper con muchas lealtades.

¿Qué ocurre con los profesionales de la salud que forman parte de estas prácticas?
En cuanto a los profesionales, además de estos psicólogos, había psiquiatras. Estoy seguro que además hay otra trama que está invisibilizada. En las páginas se cuidan un poco más y no ponen toda la información. Ellos siguen usando el concepto de “quebrantamiento”.
Es muy importante que no haya profesionales de la salud que estén pegados a estas prácticas. Yo creo que me enganché por que vi un profesional matriculado, con una investidura. Vi mucha medicalización y técnicas que te quitan el deseo a través técnicas conductistas. Además de las terapias con hormonas. Esto es lo que me interesa visibilizar: que hay una trama que sobrevivió a toda la ampliación de derechos y que está ahí.

El concepto de enfermedad sigue dando vueltas. Muchas familias cuando sus hijes les dicen que quieren cambiar su género los llevan al médico. Está de alguna manera planteado en el discurso y, aunque menos gracias a la visibilización y a la conquista de derechos, se sigue escuchando, ¿no?
Sí. Y es clave saber que esos discursos siguen circulando. Pensemos lo que pasó en la dictadura y lo que sigue pasando hoy en muchos lugares (Chechenia, por ejemplo) Nos dieron y nos siguen dando a las disidencias sexuales a pesar de la mirada positiva que podemos tener. Acá nos pasa con la extrema derecha: Bolsonaro, Milei y sus discursos de odio. Son muy reaccionarios. El haber prendido fuego el Maricafé y tantas otras acciones que hicieron. Puede pensarse también en términos de Cruzada que planteábamos al principio. A veces te corrés del mundo amoroso y te encontrás con la hostilidad de la sociedad. Hay algo ahí de lo discursivo que tenemos que desarmar.

Testimonio de Gastón cuando inició su denuncia:
“Soy Gastón Onetto, superviviente de una terapia de “conversión gay” durante mi juventud, y  acompañado por mi abogada Ma. Paula Spina, decido contar mi historia para evitar que otrxs vivan algo  parecido. Tenemos la convicción de que estas prácticas son una forma de tortura, y que las violencias que  despliegan pueden atravesarnos y hacernos mucho daño. Por ello las rechazamos para mí, y para todxs. Quiero  recuperar mi historia, para recogerme de a pedacitos y repararme de un largo proceso de daño alojado  internamente. Por eso venimos a convocarles a ser parte de este pedido, por la prevención y erradicación de  las terapias de conversión, la sanción de sus responsables y la reparación de sus víctimas. Porque en una  sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política. 
Hace 15 años, desde mis 20 a 21 años, fui víctima de las llamadas terapias de “restauración o  conversión de género” que pretendían la “cura gay”. El profesional interviniente era un psicólogo de la ciudad  de Rosario con quien tuve sesiones en la ciudad de Santa Fe desde finales del año 2004 y hasta principios del  año 2006. El mismo consideraba a la homosexualidad como una enfermedad que debía curarse y afirmaba  que podía ayudarme a hacerlo. Se basaba en la categoría pseudo clínica denominada “quebrantamiento de  género”, la cual indica que algo dentro de las personas homosexuales está mal, o enfermo y debe ser curado. El primer paso sugerido por el psicólogo consistió en aislarme respecto de mis amistades que llevaban un estilo  de vida gay, deshacerme de toda ropa u objetos relacionados al estilo de vida gay. También debía cambiar las  palabras “típicamente gay”, el vocabulario, la forma de sentarme y los manerismos. Incluso me recomendaron  internarme un tiempo en el exterior en un centro especializado para cortar con mi pasado. Según este  profesional era necesario desarrollar nuevas amistades “saludables” con varones íntegros que me afirmen en  las conductas masculinas, y vincularme sexo- afectivamente con mujeres. 
En razón de todas estas prácticas se instaló un odio hacia mí mismo, sentía que lo que era estaba  errado, era malo, estaba equivocado, y si no conseguía curarme era mejor no existir. Este psicólogo me  contactó con organizaciones de cura-gay (Aguas Vivas, Desert Stream y Exodus International) que fueron parte  activa de la terapia sugerida por él para “curar” mi homosexualidad. Las mismas a cambio de cuantiosas sumas  organizaban campamentos y retiros de restauración, en los cuales participé, e involucraban a centenares de  jóvenes y adolescentes, muchos de estos medicados. 
Hoy puedo observar y denunciar que estas personas se aprovecharon de mi situación de  vulnerabilidad. Estas prácticas produjeron graves sufrimientos y daños en mi subjetividad, y seguramente  también en el centenar de personas que conocí en dichos espacios. El principal costo de este proceso fue  haber vivido durante años, con la creencia instalada, de que algo en mi interior estaba roto. Este “ser dañado” tardó muchos años en poder mirarse de otra manera y fue necesaria una red de apoyo que me sostuviera y  devolviera una mirada amorosa sobre mí mismo y sobre mis compañeres. 
Por esta razón es que decidimos emprender este proceso de activismo, y realizamos una denuncia  ante el Tribunal de Ética del Colegio de Psicólogos y ante el INADI. En este marco el pasado 28 de junio,  mediante Res. 04/22. El Tribunal de Ética del Colegio de Psicólogos de Santa Fe de la primera circunscripción dictaminó que cualquier intento (total o parcial) de realizar las denominadas prácticas “terapias de  conversión”, constituyen una práctica discriminatoria denigrante que atenta contra la salud y el bienestar de  las personas, quedando en evidencia que constituyen prácticas contrarias a lo establecido en materia de  derechos humanos, receptados en la totalidad del plexo normativo constitucional, siendo evidente que  cualquier tipo de terapias para la “cura gay” , debe entenderse como la representación de un acto  discriminatorio y vejatorio.  
En virtud de esto, si bien no resultó aplicable ninguna sanción al profesional interviniente por  prescripción de los hechos denunciados, se requirió al directorio del colegio que difunda, promocione y  capacite sobre esta temática desde una perspectiva de género y derechos humanos, de manera tal que quede  claro que la participación de profesionales en este tipo de prácticas constituye una falta grave. 
A partir de este camino transitado, porque el orgullo no prescribe, y nuestra única reparación es la  transformación del amor que vence al odio; es que invitamos a medios de comunicación, instituciones y organizaciones a colaborar en la difusión de este precedente inédito en nuestro país y al desarrollar acciones para un abordaje integral de esta forma de violencia, para que más vidas puedan ser vividas y nunca más  ningún pibx sea exiliado al odio, a la vergüenza y a la muerte”.  

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