Grinberg: El rock que nos hizo

Cuando el rock nacional estaba naciendo, Miguel Grinberg ya estaba allí. Pionero, descubridor, curioso, gran parte de la historia de nuestro rock puede anotarse en la biografía (que es también película) Satori Sur.

Por Gustavo Grazioli

Ciertas figuras de la cultura en algún momento vuelven a ser rescatadas y tienen su revancha necesaria con las nuevas generaciones. El caso más emblemático, el que nos convoca en esta nota, es el de Miguel Grinberg. Un periodista, traductor y escritor de los años ’60 que se abrió de ciertas formalidades y visiones de la época y prefirió seguir por la ruta de lo marginal. Cuando el rock estaba naciendo en Argentina y era algo de “generaciones perdidas” – por no decir hippies y drogadictos – él estuvo ahí y lo vio surgir. Almendra, Manal, Los Gatos. Como consecuencia de eso escribió un libro que ordenó todo aquello que vio y lo bautizó Cómo vino la mano. También se dedicó a traducir a muchos autores – en su mayoría escritores beatniks – que ni por asomo se habían escuchado nombrar en ese momento y hasta llegó a cartearse con varios. Ese espíritu pionero que siempre lo caracterizó, hizo que sin proponérselo terminara por armar una red de personas mucho antes de que existiera Internet y las redes sociales.

“Algunos creen que el rock es ‘para siempre’, una ronda interminable de tipo legendario. Otros consideran que el rock ‘ya fue’, quemó todos sus cartuchos y se diluye en el tiempo. Pero lo que más importa no pasa por los vaticinios… Pues más allá de los estilos derivados de este género musical original (o híbrido, como se prefiera) y de las teorías que puedan fabricarse al respecto, en el alma de varias generaciones vibra un concierto supremo, inalterable: el rock que nos hizo y nos hace bien”, supo escribir el autor de Memorias de los ritos paralelos.

La vida de Grinberg es una caja repleta de muchos hitos y merecía que por fin llegase un documental que lo retratara. De la mano de los productores Laura Bruno y Martín Oesterheld – quienes llevan adelante un proyecto web llamado Mapa del rock, una especie de Atlas donde se puede acceder a información de lugares míticos – surgió la idea de hacer la película de Grinberg. De inmediato sonó el nombre de Federico Rotstein para que esté al frente de la dirección y el de Juan Ravioli para hacerse cargo de la música. El cometido se puso más serio después de varios encuentros con el protagonista y la maquinaria artística se puso en marcha y consiguieron filmar lo que terminó por estrenarse como Satori Sur 

“Al comienzo de las primeras charlas no sabíamos muy bien qué película íbamos a hacer y se lo dijimos. Pero la fuimos armando y siempre se mostró predispuesto y contento con el juego de hacer una película. Nos abrió sus archivos y también me dejó hacer mi película como yo quisiera. Una vez que la terminamos se la mostré y le encantó. Sobre todo estuvo muy contento con el retrato que hicimos de este mundo de la meditación. Eso me dijo que le pareció algo maravilloso”, dice Rotstein del otro lado del teléfono, acerca de este documental que, por las razones sanitarias que todos ya conocen, tuvo que mudar su estreno de la pantalla grande a la plataforma Cine Ar.

La película comienza con el festejo de los ochenta años de Grinberg. Se lo ve rodeado de gente querida y en un ambiente muy íntimo. Ni bien lo ve a Carlos Cutaia (ex tecladista de Pescado Rabioso y La Máquina de Hacer Pájaros) le dice algo así como: che, estamos cada vez más solos. Y Cutaia, medio nihilista, le contesta: uno viene y se va solo, y Grinberg termina por proponer una respuesta con salida espiritual, que deja bien en claro su pensamiento místico: “pero vamos a volver”.

“Es un tipo que estuvo en muchos de los hitos culturales de los últimos cincuenta años. No estuvo debajo de la luz, no fue el protagonista, pero estuvo. Fue jefe de prensa de las distribuidoras Columbia Pictures y 20th Century Fox en Argentina y fue él quien promocionó La guerra de las galaxias. Hay una foto con Spielberg que quedó en la secuencia de títulos Star Wars en Argentina. Es un tipo muy importante para mí en términos culturales. Es alguien que tiene un mecanismo de estar en los márgenes de la cultura y acercar lo que cree que es valioso al centro de la escena”, agrega Rotstein.

Otra de las cosas que se ve en el correr de la película es ese pensamiento lateral por el cual sigue transitando aún hoy Grinberg. Cuando se decidió a traducir algunos escritores norteamericanos fue muy criticado por ciertos medios intelectuales y por la propia izquierda de ese momento. Su coraje y su empeño por querer que se lean tipos como Allen Ginsberg o Henry Miller, lo llevó a fundar Eco Contemporáneo. Una revista de cultura que a partir de 1962 él mismo vinculó a un movimiento llamado “Nueva Solidaridad”, que estaba conformado por poetas de las Américas y que contó con el apoyo de los escritores Julio Cortázar, el mismo Henry Miller y Thomas Merton, “Ahí se ve un poco el desconocimiento de la izquierda, cuando rechazan todo lo yanqui de manera automática y no ven que él no estaba agarrando lo mainstream o la parte más imperialista, sino algo muy marginal. Desde esa anécdota me parece que se construye lo que fue la filosofía de Miguel. Nunca estuvo ni de un lado ni del otro, siempre está en lugares laterales y marginales”, completa su director.

En otra de las escenas se lo ve a Grinberg dar un paseo por el Parque Centenario en compañía de Juan Carlos Kreimer (otro integrante importante de ese grupo de jóvenes que irrumpía la vida cultural de Buenos Aires) y lo que se muestra es una épica charla de amigos en la que amablemente ofrecen anécdotas y algunas intimidades de aquella revista en la que también estuvo como pilar fundamental su otro fundador Antonio Dal Masetto. Cada acción que se cuenta de Grinberg, pintan de cuerpo entero los principios de una personalidad que no respondió ni responde a ningún ismo. “Hacia el final hay una anécdota que cuenta eso de cómo le conquistaron los hijos a los militares y detalla los encuentros en el parque. Eso habla de una época donde había una división y una grieta muy grande, la posición de Miguel y de su grupo siempre fue como un pensamiento lateral. Siempre fue: yo estoy en contra de esto pero voy a luchar a mi manera. Eso es lo que quise rescatar porque me parece que es lo más interesante de él”, agrega Rotstein.

El submarino

Grinberg también abre la puerta de su casa y enciende las luces de su estudio/ biblioteca a la que describe amistosamente como “submarino”. Se ven muchos papeles acumulados y libros. De ahí agarra uno de sus cuadernos y lee pasajes suyos de mucho tiempo atrás, que ya no recordaba porqué había escrito. Satori Sur es una novela que nunca escribió y la que termina por darle nombre a este documental. En medio de todo ese papelerío aparece una carta del poeta estadounidense Allen Ginsberg en agradecimiento por la traducción que Grinberg había hecho de su poema América y el detalle de color es que lo único que le corrige el autor de Aullido es su formalidad para traducir palabras como Fuck. Le dice algo así como que no suavice tanto la lectura y le deje las malas palabras, el idioma callejero.

Más adelante llega el momento de una charla por Skype con su viejo amigo, el cineasta Jonas Mekas. Ahí surgen algunos problemas de conexión y a pesar de varios intentos por achicar el kilometraje que hay entre Nueva York y Buenos Aires y dejar que la tecnología hiciera su trabajo no hubo caso. La imagen se trababa, las voces por momentos se congelaban y llegaban con delay. “Can you hear me?”, insistía Grinberg, tratando de potenciar su voz ayudándose con sus dos manos al costado de la boca. A lo que Mekas del otro lado, sin escuchar nada, atinaba a responder: “La tecnología no funciona, mi amigo. Estamos en una continuación de lo mismo, distorsionados. A merced de la tecnología” y sonreía a la cámara. Pese a todo su director dejó que fluyeran las escenas y más allá de molestarse por los contratiempos de la tecnología, terminó por capitalizar lo sucedido a su favor y obsequió un final de charla que concluyó con el cineasta norteamericano rehusándose a volver al pasado: “festejemos que el pasado está guardado en cajas y nosotros todavía no. Acá estamos querido amigo”.

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