Infancias en pandemia: niñxs, familias y escuela

Por María Carolina Fabrizio 

“Los que nos hemos quedado cerca de la infancia y no la hemos clausurado, corremos con algo de ventaja. Las grandes cuestiones son las mismas que nos planteábamos a los cinco, seis años”, decía Graciela Montes, escritora especializada en literatura infantil y juvenil. 
La pandemia puso en cuestión asuntos que antes parecían obvios. A partir de la llegada del virus, se anularon casi todas nuestras certezas. Con la cuarentena primero y los cambios de hábitos después, empezamos a interrogarnos sobre nuestros vínculos más profundos. ¿Qué lugar ocupa la familia? ¿Qué pasa con la educación? En el centro del escenario: las siempre mentadas (pero pocas veces escuchadas) infancias.
A lo largo de este año y medio corrieron ríos de tinta en torno al rol de las infancias. Diversos especialistas opinaron sobre educación, esparcimiento, salud física y mental. ¿Qué hacer con los niños y niñas en este contexto de pandemia? Quedarnos “en casa” nos obligó a enfrentarnos con ese gran otro que nos interpeló siempre desde el lugar de la más absoluta irreverencia. Una muy buena oportunidad para escuchar, si estamos bien atentos.

Atentos. Se abre el telón. 

Acto I: presencialidad vs virtualidad
Durante el año 2020 la principal estrategia del gobierno frente al covid fue atenuar lo máximo posible la circulación del virus, apelando al confinamiento primero y al distanciamiento social después. Al no contar en ese momento con una medida efectiva de inmunización, los referentes sanitarios apelaron a la consigna “quedate en casa”. En un principio, la población contó con ciertos apoyos económicos y con una serie de medidas que respaldaron la cuarentena (IFE, ATP, dispensas parentales). Sin embargo, la economía quebrada y el creciente malhumor social derivaron en una paulatina apertura. El único espacio que sostuvo un esquema virtual fue la escuela.
¿Qué les pasa a las infancias frente a las pantallas? ¿Es posible aprender de manera virtual? ¿Los chicos y chicas pueden socializar con sus pares a través de un celular, una tablet, una computadora? Irónicamente, esto no había sido motivo de debate hasta el momento en que la pantalla dejó de ser un “chupete electrónico” para convertirse en necesidad imperiosa. Hasta ese instante cientos de especialistas habían incentivado el uso de las nuevas tecnologías en la escuela. De hecho, ciertos sectores de los estratos sociales más encumbrados optaron por el “home schooling” y decían que era la última tendencia en Europa. De repente y sin avisos, el niño pasó de ser usuario permanente a víctima del sistema.
El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, el mismo que se ocupó de instalar la noción de que era muy complejo educar de manera virtual fue el que  eliminó el Plan Conectar Igualdad y que a principios del 2021 recortó 370 millones del Plan Sarmiento. En lugar de asistir a los sectores vulnerables distribuyendo equipos y garantizando conectividad, promovieron la idea de que socializar mediante una pantalla era monstruoso y terrible. 
De esta manera, poco a poco se instaló la necesidad de retornar a las escuelas de manera presencial. La gran interrogante: ¿qué es lo mejor para las infancias?

Imagen: Luneta Dibujos

Acto II: la voz de las infancias
“El año pasado, el Tríptico de la Infancia (una propuesta sumamente interesante que hace muchos años está en Rosario) propuso preguntas para el porvenir. Chicos y chicas de todo el país podían responder a través de audios de Whatsapp y contar cómo se sentían, qué habían perdido en este tiempo de cuarentena, qué habían encontrado, cómo veían a los adultos”, dijo a Revista Sudestada la Lic. Silvina Qualbrunn, psicóloga y docente. 
El video en YouTube del canal El Tríptico de la Infancia de Rosario advierte que los grandes tenemos mucho que aprender. En el video encontramos un audio breve con un crisol de voces. ”Dibujé en la cuarentena”; “también tiraba avioncitos”; “jugué con mis muñecas”; “jugué con mi mamá y también sola”; “hicimos tortas”; “aprendí una poesía”. 
¡Qué oportunidad única para escuchar a los niños y niñas! Una situación inédita. Los adultos finalmente contábamos con eso que siempre nos faltó: tiempo. A lo largo de la cuarentena tuvimos la chance de repensar no sólo nuestros vínculos, sino también el rol de la infancia en la sociedad y nuestra manera de educar. Muchos pedagogos advirtieron que sería imposible volver al modelo clásico de escuela. ¿Qué pasó? “Lo del Tríptico fue una práctica concreta en relación a darles voz a los chicos y chicas” señala Qualbrunn. ¿Y la escuela? ¿Pudo escucharlos? ¿Cómo repensamos el currículum, los cuidados, los lazos dentro y fuera de las aulas?

Acto III: de ficciones y fantasmas
“Es mejor adaptar los contenidos a la virtualidad que hacer una ficción de presencialidad”, comentaba Adriana Puiggros, referente indiscutible en educación, a principios del 2021.
Me gustaría detenerme en el concepto de ficción. No sé si lo pensaron, pero en estos últimos tiempos de pandemia lo virtual se asoció al ámbito de lo ficticio. La virtualidad pareciera ser algo que no existe. Una imagen fantasmática, lejana, mentirosa. Una especie de no-realidad donde carecemos de todo resto material.
A esta altura, sería bueno preguntarnos qué entendemos por “virtual”. ¿Acaso en lo virtual no ponemos el cuerpo, la voz, el tiempo, un espacio de nuestras vidas? ¿Dejamos de estar “presentes”? Nadie que haya estado horas frente a un dispositivo electrónico, con la vista cansada y la espalda dolorida, puede afirmar que en lo virtual no se pone el cuerpo. La sociedad se alimentó durante meses enteros de la antinomia “virtualidad vs presencialidad”, como si se tratara de términos irreconciliables, absolutos.
A lo largo de la pandemia se han formado incontables redes de sostén y apoyo. La gran mayoría fueron virtuales o remotas. Hubo familias que se han contenido y que han estado comunicadas pese a todo. Lo sabe bien Renata, mamá de dos chicos que cursan en la escuela secundaria Juan Pedro Esnaola. Renata transmite su alarma en relación a la presencialidad sin distancia social en contexto de pandemia: “quería comentar nuestra profunda preocupación, compartida por un gran número de familias, por esta situación del comienzo en una presencialidad plena estipulada por el GCBA. Sabemos que en todos los ámbitos sigue vigente el distanciamiento de personas, menos en el aula. La novedad es que ahora no estaría más este requisito, porque consideran que el aula es la burbuja”.
¿Por qué en la actualidad seguimos manteniendo la distancia social para ir al cine, al restaurant, a las reuniones en casas, pero lo eliminamos en las escuelas? Vivimos en un mundo donde sostener lazos afectivos mediante la virtualidad es visto como un hecho monstruoso y mentiroso, pero se construyen protocolos en los cuales el cuidado pasa a ser (muy literalmente) una gran ficción. 
Aulas colapsadas, condiciones edilicias paupérrimas, baños que no cuentan con jabón o papel higiénico, colegios que no tienen los materiales más indispensables de higiene. La realidad de las escuelas sigue siendo exactamente la misma que antes de la pandemia, con el agravante de que ahora la comunidad educativa en su conjunto debe afrontar una pandemia. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por ejemplo, se ofreció trasladar la compra de materiales de higiene y bioseguridad a las Cooperadoras a través de la implementación de un fondo. En muchos casos, el dinero llegó tarde. Por otra parte, las dimensiones de la gran mayoría de las aulas no permiten que se sostenga el metro y medio de distancia requerido en cualquier reunión social. Se sostiene (de este modo) una fachada permanente bajo el slogan “las escuelas son seguras”.
“La realidad que se vive en la ciudad es algo catastrófico. El Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires viene insistiendo con la presencialidad desde el año pasado. Fue la política de la derecha en el mundo, una bajada de línea: plantear la presencialidad en los establecimientos educativos. Se afirma que lo último en cerrar deben ser las escuelas, cuando tendría que ser al revés” sostiene Walter Larrea, docente del Polo Educativo Mugica.
¿Dónde queda el cuidado de las infancias? ¿La escuela es realmente el único espacio de socialización posible? ¿No hubiera sido mejor montar un dispositivo de sostén emocional y garantizar encuentros presenciales y lúdicos en espacios abiertos? ¿Concebimos el colegio como un lugar de encuentro y aprendizaje o como una mera necesidad del mundo adulto? Nuevamente, las ficciones: “el aula parece ser un lugar inexpugnable, donde el covid muere, se neutraliza,  y tenés un campo magnético que hace imposible el contagio” nos alerta Walter.

Ilustración: Luneta

Acto IV: la escuela y los cuerpos
“El desafío que este año nos encontramos en las escuelas fue volver a poner el cuerpo”, afirma Silvina Qualbrunn. “La presencialidad es irremplazable en cuanto al cuerpo, pero la escuela siempre fue cuestionada por dejar afuera las corporalidades. Entonces es un gran desafío. Muchos pedagogos de la talla de Flavia Terigi, Francesco Tonucci, Philippe Meirieu, se la pasaron todo el año pasado diciendo que esta era la gran oportunidad para renovar la escuela. Flavia Terigi dijo que nos íbamos a encontrar con niveles sumamente diferentes, y que podríamos agruparlos por contenidos: “Agrupemos por contenidos. Agrupemos por áreas. Por proyectos. Y no por edad, como criterio único y absoluto, como viene siendo uno de los determinantes duros de la institución-escuela”.
Sin embargo, cuando el 8 de febrero volvimos los que trabajamos en la escuela, esto fue lo que no se pudo hacer. El criterio de burbuja generaba una rigidificación. No solamente una maestra de apoyo no iba a poder juntar en su aulita (como hacía antes) chicos de primero con los de segundo y tercero, que lo que necesitaban era seguir trabajando en su proceso de alfabetización. Directamente no iba a poder juntar chicos en su aula, porque no se iban a poder mezclar con nadie. 
Se esperaba la gran oportunidad para cambiar la escuela. Pero la escuela se rigidificó en sus determinantes duros, en sus invisibilizados, en el sentido de que no se vuelven a pensar de tan naturalizados que están. Sin embargo, podemos todavía pensar esperanzas para más adelante”. 
Parecería entonces que esta presencialidad tan anhelada oscila entre estructuras tradicionales y (en el caso de ciertos distritos) una falta de escucha. Falta de escucha frente a las necesidades reales de esos cuerpos que vuelven a habitar las aulas. ¿Sirve retornar a un colegio cuya infraestructura sigue siendo la misma, que no repensó sus dinámicas, que en algunos casos ni siquiera puede respetar la distancia social? ¿Se puede seguir enseñando y aprendiendo de la misma manera que antes, aunque estemos atravesados por un contexto de pandemia? ¿Qué nos pasó en el camino?

Acto V: ¿infancias inmunes

La llegada de la variante Delta a la Argentina puso sobre la mesa un interrogante nuevo: ¿qué pasa con las infancias de riesgo? Hasta ese momento, los niños y niñas con comorbilidades habían sido invisibles. Confinados en sus hogares, no sólo hicieron un gran esfuerzo por sostener sus vínculos de manera armoniosa, sino que quedaron prácticamente desescolarizados. Los docentes dispensados que garantizaban la virtualidad fueron citados de manera presencial. Allí quedaron entonces los “exceptuados”. Sin clases. Sin vacunas. Sin visibilidad.
Volviendo al concepto de ficción: sabemos que aquello que no se nombra, no existe. ¿Quién recordaba hasta este momento a las infancias con patologías? Muy pocos. ¿Qué adulto hubiese tolerado la frase “hay que esperar un poco más”, en un encierro sin fecha de caducidad? ¿Por qué les pedimos a las infancias callar y conceder lo que nosotros mismos no toleraríamos jamás? 
La aprobación de la vacuna Moderna para mayores de doce años abrió una luz de esperanza. Sin embargo, quedan sin inmunizar millones de chicos de riesgo por debajo de los doce años, y también infancias que conviven con personas que portan alguna condición. Muchísimas familias esperan ansiosas las últimas novedades. Sería bueno, sería deseable, que el canal de comunicación no fueran siempre los medios masivos.
 Renata nos recuerda: “nuestros hijos están sin vacunar. Los jóvenes, los chicos, los adolescentes, están sin vacunar”. Así siguen nuestras infancias en CABA: algunas aún confinadas, invisibles, expectantes. Otras, viviendo una presencialidad sin distancias ni medidas de seguridad mínimas.

Que se cierre el telón. Basta de ficciones.
¿Certezas? Casi ninguna. Sólo un hecho innegable: las infancias, históricamente vulneradas, también tienen derechos. Como afirma Graciela Montes, a los niños y niñas los desvelan los mismos problemas, los asaltan emociones similares. A lo largo de la pandemia, las infancias han sido una suerte de territorio disputado por diversos intereses.  Es tiempo de protegerlos y –sobre todo- escucharlos.

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