Jubilarse y seguir trabajando: la precarización en la tercera edad

“Yo pensé que cuando llegara a jubilarme iba a estar mucho mejor, pero lamentablemente tenés que tener un trabajo extra para sobrevivir. Estoy cobrando una jubilación de treinta mil pesos, la mínima”, contó Oscar, de 67 años, que trabaja como repartidor en una pizzería de Ingeniero Budge, Provincia de Buenos Aires y convive con su hijo y su nieto.

Por Florencia Da Silva

La historia de Oscar refleja la de muchas personas jubiladas. Actualmente la mínima es de  $32.630,40, aunque en junio ascenderá a $37.524,96. “El reajuste correspondiente a la Ley de Movilidad para el mes de junio fue de un 15% sobre los haberes mínimos. Implica algo así como de bolsillo 4.500 pesos. $160 por día. En la condición de quienes están en la mínima, no mueven el perímetro de la miseria. Las jubilaciones y pensiones mínimas se han convertido en estos últimos 5 años, por la pérdida de poder adquisitivo de todos los haberes, prácticamente en un subsidio. No responden a las características de un sistema previsional donde se establece que esos haberes tiene que tener relación con la vida laborativa de quien aportó 30 años al sistema y que tengan proporcionalidad y equidad respecto al resto de las jubilaciones”, explicó Eugenio Semino, titular de la Defensoría de la Tercera Edad, en diálogo con Sudestada. 
 Según datos del Indec de abril, los ingresos necesarios por hogar para superar el umbral de pobreza rondan entre 75.800 y 100 mil. Por otro lado, se suma el dato de la Defensoría de la Tercera Edad, que expuso en abril la canasta para lxs jubiladxs alcanzaba los $97.238, de los cuales $27.320 corresponden a vivienda; $20.187, a medicamentos e insumos de farmacia; $19.420 a alimentos; $7941 a limpieza; $7350 a servicios; $6000 a vestimenta; $5500 a transporte y $3520 para recreación. Por lo tanto, se necesitaban casi tres jubilaciones mínimas para cubrir la canasta. “Hay tanta disparidad entre lo que el jubilado necesita para vivir con lo que recibe, que se hace insostenible la vida cotidiana. Vemos que hay jubilados que tienen que trabajar hasta el último día, o que dependen de un subsidio o ayuda familiar. Esto es grave porque no puede haber ninguna proyección de futuro”, sostuvo Semino.

Además, sobre las condiciones de vida de las personas jubiladas que no llegan a cubrir las necesidades básicas agregó: “Hay muchas personas que tienen que seguir trabajando en tareas penosas, de manera informal, para completar subsistencia. No está mal trabajar en edad avanzada si uno quiere, ahora es letal cuando lo tenés que hacer de manera obligada para poder comer. Otro ejemplo es el taxista que tuvo un infarto mientras trabajaba. Hay muchos remiseros que trabajan en la informalidad, sin seguro, y que pasan los 75, 80 años”. 
También, el defensor de la tercera edad apuntó al debate de los aportes y expresó: “No puede haber una jubilación mínima que esté por debajo de la canasta básica para completar sus necesidades. Los ajustes deberían hacerse en referencia a las mejores tres paritarias del año, porque al jubilado se le va despreciando el haber y no hay nadie que reclame por sus derechos. No tienen sindicatos, gremios. Pero eso significaba reconocer el estado de miseria. Por otro lado, debería discutirse también como financiar esos haberes.  La mitad viene del trabajo, aportes y contribuciones patronales, pero hay un 40%, según el ministerio de trabajo, de trabajo informal. Y la otra mitad proviene de impuestos, el único impuesto que pone plata en el sistema es el IVA, que es el que más afecta a los pobres. La discusión es cómo reemplazar ese financiamiento del trabajo”. 
Trabajamos la mayor parte de nuestra vida. A los 60 años las mujeres y a los 65 los hombres, y 30 años de servicios con aportes, es posible la jubilación. Para las personas que tengan 70 años o más y solo 10 años de aportes, si cumplen con los requisitos, pueden acceder a la prestación por edad avanzada y quienes tengan 65 años, que no hayan realizado aportes y no cobren ninguna prestación pueden averiguar si les corresponde la pensión universal para el adulto mayor. Sin embargo, la inestabilidad económica continua cuando la vida laboral cesa. Los derechos de las vejeces quedan invisibilizados y la escasez de medidas y políticas publicas se perpetúan a lo largo de los años, con los diferentes gobiernos. Es hora de que cumplan con sus promesas y, de una vez por todas, cuiden a los jubilados y las jubiladas.

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