“La calle no es un lugar donde la gente debe estar”

Imagen: Walter Sangroni

“La calle no es lugar para vivir”, es la consigna que repiten desde Proyecto 7, la organización que nació en 2003, que está integrada y coordinada por personas que están o estuvieron en situación de calle, y que ya tiene cuatro centros de integración y vivienda. No se limitan a brindar asistencia y acompañamiento a quienes viven en la calle, sino que también luchan por el reconocimiento de sus derechos, pensaron leyes y políticas públicas. Sobre esto, hablamos con Horacio Ávila, director de la asociación civil. 

Por Florencia Da Silva

El Monteagudo es la única institución del país destinada y gestionada por las mismas personas en situación de calle. ¿Cómo fue la construcción de ese espacio? ¿Qué puntos fueron clave a la hora de pensar la convivencia y el sostenimiento del lugar?
Se dieron una suma de circunstancias. El hecho de haber presentado la Ley 3706 en 2010 y que se aprobara, el diálogo político que empezó con el gobierno de la ciudad, y la decisión de que si van a existir los lugares, fueran funcionales a la necesidad de la gente y no a la necesidad de las instituciones o del gobierno. 
Hoy ya tenemos cuatro centros, pero tenía que haber un primero y también con una lógica distinta, que no se entienda como un sistema perverso nocturno para expulsarlos a la mañana nuevamente a la calle. Lo hicimos con la concepción de que fuera manejado de manera asamblearia, consensuada, que hubiera normas de convivencia y no reglas exclusivas, con toda esa serie de situaciones, que si tenés una mascota la pudieras entrar. Tenía que ver con esa lógica de decir: hagamos lugares para la gente y no lugares para las instituciones.

También, más adelante, abrieron el Centro de Integración Frida, que está destinado a mujeres cis, trans y travestis ¿Qué rol juega la perspectiva de género? Entiendo que hay muchas que vienen con historias de violencias. 
Había una demanda a partir del Monteagudo. A la gente le empezó a gustar nuestra dinámica. El Monteagudo es para varones cis y había compañeras que venían al lugar a pedir para bañarse, para tomar algo, comer, ir al baño inclusive. Al ser un lugar de varones era muy complejo satisfacer sus necesidades. Desde ahí surge una necesidad, que nosotros tratamos de canalizar a través del Frida. Fue una consecuencia de algo concreto que las personas estaban necesitando, que empezamos a pensar si lo podíamos hacer y nos embarcamos en el Frida, que cumplió 8 años recientemente.
Hoy hay mamás con criaturas, están las mujeres cis solas, están las compañeras trans, hay compañeras travestis, hay varones trans. Se pudo entender que todo lo que hagamos en el cotidiano y en situaciones sociales en general está atravesado por el género. No hay manera de que no te atraviese, y nos adaptamos a eso. Había que laburar con lo que también existe que es el género y la diversidad.

Imagen: Walter Sangroni

¿Por qué muchas personas que están en situación de calle no quieren ir a los paradores?
Hay un montón de gente que habla de dispositivos que no conoce. No es que todo sea bueno ni que todo funcione bien, pero ha habido cambios. Siempre va a ser mejor que la calle, pero hay mucha desinformación. Hay mucha gente, e inclusive grupos solidarios, que están en contra de los dispositivos. No sé desde qué lugar le suma un grupo solidario decir que un dispositivo no está bueno… ¿para seguir llevando las cosas a la gente en la calle? No lo sé. Hay que mejorarlo, pero siempre va a ser mejor que la calle. La calle no es un lugar donde la gente debe estar. No hay que sostener eso.
Entonces, si esto es lo que hay, tenés dos alternativas: hacer como nosotros, te involucras y empezás a modificarlos, o te fijás qué hacer, pero no está bueno estar despotricando todo el tiempo contra las únicas posibilidades que tiene la gente. Hay lugares que son una mierda, sí. Pero no son todos una mierda. Y también hay que focalizar: es lo que la gente tiene. O sea, dejar de pensar en nosotres como grupo solidario, en manera más individual, y pensar un poco más en la gente que está en la calle. Estos días con el frío imaginate lo que fue dormir en la calle. Por más ranchadas que te armes, por más lugares que te rebusques, no se puede sostener eso. 
Los lugares no están siendo armados funcionales para la gente. Las instituciones en general en el país laburan para las instituciones, no laburan para la gente. Lo mismo con los hospitales, con todo lo que tenga que ver con lo institucional. El día que en este país las instituciones empiecen a laburar para la gente, cambia el país. Están trabajando para la gestión política, para los funcionarios o para las instituciones, no para la gente. Lo que hay que hacer es empezar a laburar para la gente. Cuando vos armás un dispositivo, con el consenso de la gente, escuchando las palabras, escuchando las necesidades para poder ir a ese lugar, sentirlo como propio, tener pertenencia y querer volver, las cosas se modifican, son distintas. Entonces, creo que no es que la gente no quiera ir, sino que quiere ir, pero no están siendo los lugares adecuados o lo más adecuado posible para que se sientan bien.

Cuando llega el invierno, los medios de comunicación nos acordamos de las personas en situación de calle. Pero no es solo el invierno el único factor. ¿Qué riesgos y violencias vive una persona en situación de calle?
No hay una época del año donde las personas estén en situación de cáncer. Las altas temperaturas te afectan tanto como las bajas temperaturas en la calle. Entonces hay un montón de imposibilidades que tienen que ver con todas las etapas del año. Quizás se viralizan más las muertes que hay en invierno que las muertes que hay en verano, y también nos parece que hay una serie de cuestiones que no tienen que ver con lo climático. La violencia institucional que hay, la falta de acceso a la salud, la falta de acceso al tema del tratamiento de consumo problemático, la violencia social, de vecines hacia las personas en situación de calle.
Hay como una serie de circunstancias, la negación de poder ingresar a un trabajo cuando estás en calle, a un trabajo formal o informal. Inclusive la medida propia del gobierno, sacaron el IFE y un par de cosas más y era todo virtual, a través de un celular, con cuenta de pago en un celular. Me parece que hay cosas que no están entendiendo y que no estamos pudiendo acceder porque no están hechas para la gente que no está teniendo ese tipo de recursos, y que son la gente más necesitada de hecho. Hay que pensar política pública, instituciones y organismos que estén al servicio de la gente. Si eso no pasa, la verdad que vamos apuntando hacia una situación de calle más grande en todo el país.

¿Cómo están funcionando actualmente la Línea 108 y el BAP?
La 108 es una línea telefónica, el que actúa en la calle es el BAP. La 108 tiene como función tomar todas las llamadas de vecines, personas de situación de calle que llamen y digan ‘hay una persona, una familia, la mamá con una criatura, está al calle, en tal altura, en tal plaza, en tal lugar’. Toman esa data y después la transfieren a lo que es el BAP, y el BAP tiene que mandar los móviles para ese móvil vaya y asista a las personas que están en situación de calle. Creo que hace falta que haya más cantidad de móviles, más personas capacitadas en el tema, que tengan más herramientas para poder convencer a las personas de que tienen que ir a un dispositivo. Le falta una vueltita de rosca a ese lugar dentro del gobierno de la ciudad. O sea, que el 108 transmita a tiempo los llamados, que la gente no tenga que esperar 8 o 10 horas para que vaya un móvil, que sean amables, que el dispositivo lo reciba bien, que hagan que le den ganas de quedarse. Ese conjunto de cosas haría que esto empiece a funcionar de otra manera.

La crisis habitacional es una problemática central actual y ni hablar de los niveles de pobreza. Si tenemos que pensar políticas públicas, medidas o campañas que pueden ser posibles actualmente y que no se están aplicando desde el Estado ¿Cuáles serían? 
Mi abuela tenía un dicho que decía que si no podés con el tractor, no enganches el acoplado. Con esto, digo que no estamos pudiendo resolver las situaciones de pobreza, de falta de vivienda que hay, y lo que deberíamos hacer es no provocar más como primera medida. Parar la pelota y dejar de producir todas estas situaciones, para ver si empezamos a resolver las que ya existen, pero no provocando más. 
Tendría que haber un dictamen, un decreto que diga que no se puede desalojar más por dos años, por ejemplo. Tendrían que empezar a pensar cuál es la construcción de vivienda social real que se pueda hacer, no a través de los planes que hay de vivienda -ya sea en ciudad o en provincia- porque son para un sector que tiene ingresos altos y que tiene la posibilidad de cumplir determinados requisitos. Tiene que haber otro tipo de instancia de construcción de vivienda. Haciendo un real relevamiento de las tierras fiscales que existen y en base a eso tener potenciar las cooperativas de vivienda, para paulatinamente empezar a distribuir esas viviendas no de manera gratuita, sino con un monto de cuota muy baja. En primera instancia vos para eso lo que tenés que hacer es tener una idea real. No hay una idea real de cuál es la emergencia habitacional a nivel nacional, hay un montón de viviendas ociosas, hay un montón de tierras fiscales y tierras no fiscales que están desocupadas, sin ningún tipo de productividad. Evaluar la emergencia habitacional, tener un número cuantitativo, un número cualitativo, suspender los desalojos mínimos por dos años y de ahí arrancar. 

El gobierno de la ciudad dice que hay alrededor de 3 mil personas viviendo en la calle. Ustedes realizaron censos en dos oportunidades y dan resultados muy distintos. ¿Por qué? ¿Qué conclusiones sacaron a partir de saber la cantidad de personas que viven en la calle? 
Los números siempre son políticos y las diferencias son históricas. No es de ahora. Las diferencias tienen que ver con la metodología, con cómo hacen los relevamientos del gobierno de la ciudad y cómo lo hacemos nosotros. Pero no es eso solamente: el INDEC dijo que había 3.000 personas en todo el país.
Le hemos dicho a Lavagna cómo se podía hacer, le hemos dicho a Ciudad de Buenos Aires cómo se podía hacer. Insisten con una metodología obsoleta para hacer los números. Lo que le vas a dar siempre es menor. No es casual que le de menos. O sea, si vos tenés menos pobres, tenés una buena gestión. Cuantos más pobres tengas, peor es tu gestión.
Nuestros números son reales, la metodología que implementamos es mucho más efectiva que la que implementa el INDEC o el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Y la relación, la diferencia de los números tiene que ver con eso. Esto lo ve cualquier persona que transite la Ciudad de Buenos Aires. Está explotada de gente. Todos sabemos que hay mucho más. Hoy por hoy tenés que hablar de al menos de 10.000 personas en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires. Y eso es muy notorio. Entonces, los números insisto que siempre los números políticos.

El Gobierno de la Ciudad dice que las personas en situación de calle son prácticamente contaminación visual. Hace poco también se habló de las personas que duermen en los cajeros ¿Cómo les afecta esto?  
Una de las cuestiones que no entiendo particularmente es por qué seguimos sorprendiéndonos de que Macri sea Macri, o que Larreta sea Larreta. Obviamente me parece peligroso, me molesta, me parece algo absolutamente incorrecto, pero el hecho de que Jorge Macri diga que la gente usa a los cajeros como un monoambiente no es algo que me sorprenda viniendo de él. Que Larreta diga que la gente en situación de calle es contaminación visual tampoco me sorprende. El tema es por qué permitimos ese tipo de cosas, porque estos tipos pueden decirlo libremente y no pasa nada. El mismo tipo que te dice que ‘sos contaminación visual’ es ese que se candidatea a presidente. ¿Qué nos pasa como sociedad que permitimos que estas cosas pasen, y encima tenga la posibilidad de seguir ocupando cargos?
Lo dicen porque hay un sector de la población que los escucha, que está de acuerdo y los banca. El tipo dice todo esto porque sabe que un sector de la población que se siente reflejada con lo que dice, que va a ir a un cajero y va a putear a quien está durmiendo ahí adentro y va a decir ‘este negro de mierda’. 

En el 2010 se logró la sanción de la Ley 3706 “Protección y Garantía Integral de los Derechos de las Personas en Situación de Calle y en Riesgo a la Situación de Calle” en la Legislatura porteña. Y también en 2021 se aprobó la Ley N° 27.654 sobre personas en situación de calle y familias sin techo, y este año comenzó a reglamentarse ¿Qué cambia esta normativa? ¿Comenzaron a ver los efectos de su aplicación?
Las leyes las hicimos nosotros. El tema es que después tiene que estar la decisión política de aplicarla de la manera que corresponde, de armar los programas adecuados. Tiene que haber un número cuantitativo y cualitativo. No se hizo un relevamiento a nivel nacional todavía. La reglamentación es bastante pobre. No está con la participación real de las organizaciones que trabajamos el tema. Hoy está la mentalidad, inclusive a partir a nivel nacional, de seguir repartiendo frazadas en la calle. Y la verdad que no hicimos una ley para seguir repartiendo frazadas. Hicimos una ley para que se restituyan y se devuelvan los derechos a las personas que están en situación de calle, y no para esto. Nos parece malísimo lo que está haciendo el Gobierno Nacional. Nos parece malísimo lo que hace el Gobierno de la Ciudad. Somos el único país del mundo que tiene tres legislaciones vigentes con relación a la problemática y está explotado de gente por todos lados y lo único que seguimos haciendo es repartir frazadas. Entonces, creo que también tiene que ver con una madurez política, con entender que no podemos en el siglo XXI seguir repartiendo frazadas para contar muertos, y que están las herramientas, que son las leyes, a las que hay que adjudicar el presupuesto, hacer un relevamiento real y empezar a ejecutarlas como corresponde.

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