La devastación también tiene forma de flota china

Imagen ilustrativa

De saqueo frente a las costas de Lima, la armada de pesca ilegal en aguas distantes que apadrina la potencia se prepara para dirigirse al Atlántico Sur. Este verano habrá más buques y más depredación de la biodiversidad y los ecosistemas marinos.

Por Patricio Eleisegui

El saqueo a gran escala del Mar Argentino entró, otra vez, en cuenta regresiva. Los primeros indicios de este nuevo capítulo del extractivismo costas hacia afuera cobrarán forma durante las primeras semanas de noviembre, para luego volverse una realidad indiscutible durante los meses de verano. 
Este año se estima que habrá al menos medio centenar más de unidades operativas versus 2020. Otra vez, vendrán por todo: aunque con foco en el calamar, también arrasarán con merluzas y abadejos, rayas y tiburones. Elefantes y lobos marinos.
Fondeada ahora frente a las costas de Lima, la flota de pesca en aguas distantes de China, está a días de culminar su campaña anual de depredación del calamar de Humboldt, aún habitante de varias zonas marítimas bajo jurisdicción de Perú. Ya en la primera mitad del mes próximo, pondrá proa hacia el Atlántico Sur previo navegar el mar frente a Chile y el Estrecho de Magallanes.
Soltará anclas a una milla del límite de la zona económica exclusiva de la Argentina –milla 201– para depredar incluso en áreas bajo potestad del país. La captura furtiva, basada en la violación permanente de las restricciones para operar en aguas territoriales, está entre las principales características de una armada que este año sumará al menos 350 buques –en 2020 totalizaron 305– y se mantendrá en el área hasta casi concluir la primera mitad de 2022. 
De igual forma opera frente a Ecuador y Perú. Y de esa forma acabó con las especies en los mares cercanos a China. Devastación mediante, nuestra región le garantiza ahora aquello que ya extinguió al otro lado del planeta.
Llevado al caso de Argentina, la flota china encuentra la ventaja de que la legislación local apenas impone sanciones económicas en situaciones de pesca ilegal comprobada. Y eso, claro, sólo si Prefectura o la Armada logran capturar al buque que opera dentro de la zona económica exclusiva.
Aunque la pesca ilegal extranjera acumula más de dos décadas de constatada en el Mar Argentino, la normativa local vigente contempla multas con un tope que no alcanza a los 150.000 dólares. Los capitanes de estos buques pagan la cifra –que luego recuperan en menos de una semana de actividad– y vuelven al Atlántico Sur para continuar con la depredación. 
En simultáneo a este accionar, la flota china funciona a partir de prácticas laborales cercanas a la esclavitud. 
A excepción del capitán y sus oficiales, todos chinos, el grueso de los tripulantes de estas embarcaciones son ciudadanos de Indonesia, Filipinas o África sometidos a los tratos más inhumanos: en 2014, por citar un caso, se constató que 28 personas que bajaron de un pesquero de calamares en Montevideo, Uruguay, presentaban marcas de grilletes en los tobillos.
Desnutrición, escaso acceso al agua potable, pagas inexistentes e, incluso, torturas físicas, forman parte del combo que distingue a una armada que duplica con comodidad los números de Corea del Sur, Taiwán, España y Japón, otras naciones con fuerte protagonismo en el saqueo de espacios marítimos.
No hay dudas en que esta flota existe a partir de directivas que bajan del mismo gobierno chino. La potencia subsidia el combustible para las compañías del rubro pesquero e, incluso, se ha constatado participación accionaria del Estado en algunas de las empresas propietarias de los buques.
Milko Schvartzman es especialista en conservación marina y derechos humanos en la pesca, además de colaborador del Círculo de Políticas Ambientales. Entre 2011 y 2015 cumplió tareas de asesor en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En una charla que mantuvimos a mediados de esta semana, el experto se refirió a los movimientos de la flota china y me brindó detalles en lo que refiere al panorama que enfrentará el Atlántico Sur durante el verano.
“La flota hoy está concentrada frente a Lima, pero ya en las próximas semanas comenzará a trasladarse rumbo a la Argentina. Los barcos ‘poteros’ –esto es, dedicados exclusivamente a la captura del calamar– vienen de depredar muy cerca de las Galápagos. A ellos se les sumarán buques que operan en el Índico, en torno a África y enviados desde la misma China”, anticipó.
“Muchos de estos barcos llegarán de forma invisible para la mayoría de los equipos de rastreo porque suelen navegar con sus sistemas satelitales apagados –AIS, en la jerga–. Sólo se los puede detectar mediante imágenes infrarrojas. Los que vienen desde Perú se vuelven visibles al atravesar aguas chilenas porque ahí les exigen encender los sistemas. Pero luego vuelven a desactivar todo”, añadió.
El año pasado, aseguró Schvartzman, apenas el 50 por ciento de los barcos que integran la armada de pesca ilegal activó sus AIS en algunos de sus movimientos en torno a Sudamérica. “En 2020 arribaron 305 ‘poteros’ chinos provenientes del Pacífico. Para este año la estimación es de al menos 350 unidades frente a la milla 200 del Mar Argentino”, precisó.

Foto: Milko Schvartzman

Verano de saqueos
El pico en términos de nivel de operaciones de estos navíos, comentó el experto, tendrá lugar entre febrero y abril de 2022. En ese mientras tanto, el Atlántico Sur recibirá sendas oleadas de “poteros” alineándose para depredar en sintonía. 
¿Cuál es el impacto ambiental que generan estos navíos? Dice Schvartzman: “El calamar es el alimento principal de especies como la merluza común. Pero también es importante en la alimentación del cachalote, los pingüinos y muchas otras variedades de la fauna marina. Esta presión terrible que ejecuta la flota viene generando una catástrofe. Junto con el plancton, el calamar es la base de toda la cadena alimentaria del Atlántico Sur”.
“A la par también hay un daño económico para el país. Los calamares que se capturan son descargados en Montevideo. Ahí mismo pasan otros barcos de carga, contenedores, que luego tienen como destino la Unión Europea y los Estados Unidos. En esos mercados muchas veces se comercializa como ‘Made in China’ el calamar que se pescó de forma ilegal en la Argentina”, destaca.
Le pregunté a Schvartzman por las medidas vigentes en términos de patrullaje y control de la flota por parte de Prefectura o la Armada. “Bueno, el año pasado no se patrulló de forma permanente. En 2021 eso cambió. Incluso se empezó a dar una sinergia entre Prefectura y Armada que antes no ocurría. Se adquirieron cuatro patrulleros oceánicos a Francia de los cuales ya se recibieron dos. Ambos ya fueron desplegados en el Atlántico Sur”, comentó.
“No se trata de barcos de guerra, eso hay que aclararlo. Cuentan con cañones de bajo calibre. Pero el primero de los patrulleros que arribó al país rápidamente capturó un primer barco que hacía pesca ilegal en la zona económica exclusiva. En ese sentido, la cobertura mejoró”, agregó.
La deficiencia más marcada, destacó Milko, está en el control y la vigilancia a través de medios aéreos. “La Armada dejó de contar con el único avión P-3B Orión que disponía para vigilancia de largo alcance. Eso disminuyó de manera sensible la capacidad de vigilancia aérea. Ese tipo de falencias juega a favor de la flota china, por supuesto. Lamentablemente, los recursos para controlar lo que hacen estos centenares de barcos que depredan siguen siendo acotados. Por lo que tendremos otro verano de saqueo intenso”, pronosticó.
Schvartzman estima en 500.000 las toneladas anuales que pesca esta flota foránea en esta zona del mundo. Aclara que esa cifra comprende sólo las capturas estimadas de calamar. No hay datos respecto del resto de las variedades marinas que atrapan los barcos en cuestión. El número correspondiente al calamar representa casi el triple de lo que extraen los buques argentinos en la misma zona del Atlántico Sur. Convertido en divisas, el impacto económico es superior a los 1.500 millones de dólares anuales.

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