La expropiación de Vicentin: siete preguntas para intentar entender

La intervención del Estado y el proyecto de expropiación de la cerealera desataron la polémica. Aquí, intentamos responder algunos interrogantes clave para entender qué hay detrás, invitando al lector y lectora a debatir ideas.

Por: Hugo Montero*

¿Fue una buena decisión intervenir en la empresa?
Sí, demuestra un Estado alerta y presente ante un caso de estafa intolerable en una empresa estratégica. Vicentin, así como estaba, iba derecho a la quiebra y al desguace en favor de grupos extranjeros. Los dueños estafaron a los argentinos y pretenden ahora una salida impune a partir de una operación de prensa que intenta legitimar su accionar. Si se interviene sólo para hacerse cargo de la deuda privada y hacer un rescate del fraude de los patrones, sería un paso atrás. Pero si la expropiación significa un gesto para mantener las miles de fuentes de trabajo, regular una empresa agro exportadora estratégica en tiempos de crisis y dar un salto en materia de soberanía alimenticia, habrá que anotarla como un acierto.

¿Los responsables de la estafa deberían ir presos?
Sí, sin dudas. Los patrones, Javier González Fraga como director del Banco Nación y todos los funcionarios que aprobaron el fraude durante la gestión macrista (préstamos millonarios aún cuando la empresa estaba en convocatoria de acreedores, y devolución de gentilezas en la financiación de la campaña de Macri), deberían ser juzgados y condenados por estafadores. Está decisión no es lateral sino central: que nadie vaya preso garantizaría la impunidad de la maniobra patronal y confirmaría que en la Argentina los grandes ladrones y evasores del poder nunca caen en la cárcel.

¿El Macrismo es responsable del fraude?
Definitivamente sí. El Caso Vicentin es un modelo de corrupción macrista: una vez más, es permitir un entramado entre una empresa y el Estado y confirma que, en definitiva, la llegada al gobierno de Macri no fue otra cosa que una jugada de empresarios para beneficiar aliados corporativos y financieros a través de gestionar la caja del Estado.

¿Sorprende la decisión?
Sí, porque hasta ahora el gobierno de Alberto Fernández se había caracterizado por el tono moderado y la gestión conciliadora. Expresiones como “queremos un capitalismo dónde ganen todos” configuraba otro tipo de actitud que la intervención de Vicentin vino a interrumpir. (Queda claro que no hay sistema político que permita que “ganen todos”, y que la raíz del capitalismo es el beneficio de los grandes capitales a partir de la explotación de los trabajadores). De hecho, la medida llenó de contradicciones la alianza de gobierno, hubo personajes y sectores que expresaron su rechazo a la medida (Guillermo Moreno uno de ellos) porque insisten en que la prioridad es negociar con los empresarios.

¿Llama la atención el rechazo de la medida en medios hegemónicos y cacerolazos?
La verdad es que no. Los medios hegemónicos pertenecen a grupos corporativos que miran con recelo la intervención del Estado, aún cuando se trate de frenar una estafa que perjudica a todos los argentinos. Que la oposición de derecha rechace la expropiación, y sectores de barrios porteños expresen su descontento confirma que la presencia política de la derecha todavía sigue siendo importante, particularmente en la Ciudad de Buenos Aires.

¿Es una medida “chavista”?
No, no tiene ninguna relación la gestión de Fernández con la política de profunda transformación y confrontación con los intereses privados que desarrolló Hugo Chávez en Venezuela. Comparar el proceso venezolano con el argentino es un absurdo. Se trata más de una chicana para asustar a la clase media porteña que de una descripción real de una medida singular y por ahora, aislada.

¿Se comunicó bien la decisión?
Da la impresión de que se hizo mal. Los medios hegemónicos aportaron su parte, distorsionando la medida y contaminando la opinión pública, pero el gobierno volvió a mostrarse sin capacidad de “bajar” y explicar detalladamente una medida importante a la población para evitar confusiones y beneficiar las operaciones de prensa montadas para generar rechazo. El problema de la comunicación sigue siendo un tema sin resolver por la gestión actual y nadie parece preocupado en resolverlo.

(*) Es periodista. Su último libro es Wos. El pibe de la plaza.

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