La fatalidad del humo

El delta del Paraná es escenario de fuego continuo mientras el Gobierno y la Justicia miran hacia otro lado y los pronunciamientos no pasan de lo mediático. Cerca de 750.000 hectáreas quemadas en dos años y ni un solo responsable. A la vista, indiscutible, un desastre sanitario que afecta de forma irreversible a la población de ciudades como Rosario o Villa Constitución.

Por Patricio Eleisegui

Más de 10.000 hectáreas quemadas en los últimos días. Al menos 100.000 en lo que va del año. Cerca de 750.000 de 2020 a esta parte. Una superficie equivalente a 40 ciudades de Buenos Aires, por ponerlo en criterios porteñocentristas. Ni un solo culpable. Dos años de un desastre que, ante los ojos de la Justicia y de funcionarios que dicen no tener competencias –Juan Cabandié, ministro de Ambiente, declaró eso esta semana–, emerge espontáneo. 
Un bienio de políticas gubernamentales que, a partir de la labor enclenque de quienes toman las decisiones precisamente en la cartera de Ambiente, omiten toda forma de prevención. Todo sea por no romper el vínculo que financia campañas con el agronegocio sojero y ganadero. El mismo que, combinado con los popes de la especulación inmobiliaria, acerca dólares a partir de una quema de islas y humedales que se ha vuelto permanente en el delta del Paraná. 
El desastre devino en status quo a partir de una continuidad que pega de lleno en la supervivencia de los humedales y la seguridad sanitaria de las poblaciones, que desde el inicio de la pandemia a este presente respiran a diario la ceniza del monte que acaba de desaparecer. 
Desde la Multisectorial por los Humedales aportaron un dato, otro más, que da cuenta del impacto de las llamas en una cotidianidad marcada por hollines y particulados varios: a raíz de las quemas sin pausa, el aire que se respira en Rosario ostenta una toxicidad cinco veces superior a la que puede tolerar el ser humano. 
Semejante marca encuentra sustento en mediciones llevadas a cabo por el Grupo Calidad de Aire de la Plataforma Ambiental y el Observatorio Ambiental de la Universidad de Rosario (UNR), que ya en marzo del año pasado revelaron que los niveles de concentración de materiales en el aire superaban tres veces los máximos permitidos por las legislaciones ambientales vigentes.
Un estudio motorizado esta semana por el mismo observatorio arrojó que el aire en torno al Monumento a la Bandera evidenció una carga de particulado 41 por ciento por encima de las normativas que rigen en la provincia de Santa Fe. 
Comparto un fragmento de ese monitoreo, efectuado en Villa Gobernador Gálvez y el área del monumento mencionado: “El resultado de las mediciones realizadas da cuenta que la calidad de aire ha sido severamente afectada por la quema de pastizales. En particular en las zonas costeras donde se encuentra la mayor densidad poblacional. (Dados) los efectos nocivos de la quema especialmente en vías respiratorias, resulta imperioso abordar las causas que originaron estos hechos e implementar medidas de control para evitar su repetición”.
“Los riesgos para la salud asociados a las partículas en suspensión de diámetro igual o inferior a 10 y 2,5 micras (µm) (PM₁₀ y PM₂,₅, respectivamente) son de especial relevancia para la salud pública. Estas partículas son capaces de penetrar profundamente en los pulmones, pero las PM₂,₅ pueden incluso entrar en el torrente sanguíneo, lo que afecta principalmente al sistema cardiovascular y respiratorio, así como a otros órganos”, se añadió en el mismo trabajo.
Desde que en 2020 iniciaron los incendios en esa zona del país, respirar en el delta del Paraná se ha vuelto perjudicial para la salud. 

Cenizas y farmacias
Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas (UNR), me acercó otros detalles de la afectación sanitaria que provoca el humo derivado de los incendios.
“El volumen de hectáreas que se han quemado desde 2020 a estos días es monstruoso. Pero lo que viene siendo más inaudito es el tiempo de duración de los fuegos. Desde hace dos años los incendios no han hecho más que mantenerse de forma constante en las islas. Lo que transitamos ahora es un recrudecimiento. El fin de semana pasado en Rosario prácticamente no se pudo respirar”, comentó.
A modo de ejemplo de los problemas de salud que, de forma inmediata, originaron los humos más recientes, Verzeñassi expuso que en las últimas semanas la demanda de broncodilatadores y corticoides se incrementó más del 20 por ciento en la ciudad santafesina. 
“Es un aumento que señalan las mismas cámaras que nuclean a las farmacias en Rosario. Las familias, las niños y niños, sufrirán consecuencias graves a largo plazo si esto no cambia de forma urgente. En el caso de las infancias, el hecho de recibir menos oxígeno implicará una afectación en el desarrollo. Los estudios científicos que refieren al impacto que genera respirar este humo dan cuenta de alteraciones graves en el funcionamiento celular. Las personas gestantes o con problemas respiratorios como el asma, los más chicos, están dentro del grupo de riesgo”, precisó.
El experto y su equipo son autores de “La vida hecha humo”, un libro que reúne evidencia científica generada a nivel local y global respecto de, justamente, los problemas de salud que provoca la exposición al resultado de los incendios. 
En ese trabajo se remarca que la exposición a “picos de gran aumento de la contaminación del aire por humo” como los que hoy padecen Rosario, Villa Constitución, San Pedro o San Nicolás, por mencionar algunas de las poblaciones perjudicadas, genera “múltiples eventos patológicos agudos”.
“Las masas de material particulado de hasta 10 y 2,5 μm de diámetro (PM10 y PM2.5 respectivamente, por sus siglas en inglés) representan las fracciones respirable e inhalable, respectivamente. Las más finas no son filtradas y retenidas por las vías aéreas superiores, por lo que alcanzan el árbol traqueobronquial, alvéolos pulmonares y el tubo digestivo por el clearence de las vías respiratorias hacia el mismo”, afirman los autores en las primeras páginas del libro.
“Algunas revisiones sistemáticas señalan mayor susceptibilidad a los efectos del humo en niñes, adultes mayores y personas con patologías crónicas de base. Dentro de este último grupo, merecen especial atención las personas con asma, ya que es creciente la evidencia sobre la relación entre las exacerbaciones asmáticas y exposición a humo de incendios forestales”, se añade.

Respirar humo: infancias y personas gestantes, grupo de mayor riesgo
En el mismo trabajo se indica que “existen publicaciones que señalan que, ante la exposición a la contaminación atmosférica, les niñes muestran tasas de desarrollo cognitivo más lentas”. Y también hay detalle de cómo el humo perjudica a las mujeres embarazadas. 
“Otro grupo vulnerable está representado por las personas gestantes. Algunas revisiones ratifican que la exposición de partículas PM10 y PM2.5 durante el embarazo se asocian a mayor riesgo de abortos espontáneos y/o muerte fetal intrauterina. Asimismo, diversas publicaciones señalan la relación entre gran carga de partículas en el aire y retardo de crecimiento intrauterino y/o bajo peso al nacimiento en les hijes de gestantes expuestas”, precisan los expertos en “La vida hecha humo”.
Además de exponer que las infancias se vuelven proclives a sufrir bronquitis y tos nocturna, el libro afirma que respirar el aire contaminado por las quemas provoca, a largo plazo, daño cardiovascular y neurológico.
“En el actual contexto de pandemia por COVID-19, el daño en las estructuras morfofuncionales de las vías respiratorias generado por la presencia en el aire respirado de los mencionados contaminantes representa un elemento objetivo de incremento de labilidad del sistema respiratorio y su vulnerabilidad a la colonización por el SARS-CoV-2”, afirman los autores.
Para luego concluir: “Desde esta perspectiva, la generación de incendios en las islas puede ser incorporada como ‘concausa’ en el análisis de los daños, incluyendo el desenlace fatal, en personas afectadas por dicha infección viral pandémica”.
Verzeñassi y su equipo no dudan en definir a las consecuencias sanitarias de los incendios como un auténtico delito “con daños transgeneracionales”. Una lectura que se mantiene ausente en la actitud del Gobierno y las acciones tardías que, pensadas más como actos publicitarios en lugar de soluciones reales para los territorios, vienen encarnando, sobre todo en esta época de llamas impunes, Juan Cabandié y sus asesores en el Ministerio de Ambiente.

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