“La navidad más triste en la historia de la Patagonia”

Por Esteban Lehue

El ruido de las balas había parado en la zona de Lago Argentino, donde hoy se emplaza El Calafate, y los fusiles seguían calientes. En la Sociedad Rural de Río Gallegos, como muestra la película La patagonia rebelde, la alta sociedad celebraba en ese fin de año el término de la rebelión que había sido un molesto cuestionamiento a su poder absoluto en esa alejada región del sur. Esa insolencia se pagó caro.
La mayoría de los fusilamientos se produjeron a principios de diciembre, extendiéndose la matanza hasta enero del año siguiente. Pero ¿Cómo se habrá vivido esa navidad de 1921 del lado de los vencidos?
Con el viento patagónico retumbando sobre las tumbas masivas de los fusilados.
Entre los obreros prófugos y con el ejército rastreándolos cuales sabuesos.


Entre los que los trabajadores patrones rescataron porque eran calificados y no podían prescindir de sus servicios, pero que vieron toda la masacre y quedarían marcados por ellas hasta el final de sus vidas.
Cómo habrá vivido la angustia la familia de Juan Esteban, huelguista de 17 años, nativo de Río Gallegos, con su madre y sus hermanas esperándolo en vano en un retorno que no llegaría jamás ya que fue enterrado junto a sus compañeros.
Las familias de los trabajadores de la isla de Chiloé que jamás volvieron a sus tierras y la de todos los caídos, venidos de todos los confines del mundo.
Ello contrastando con el Ejército victoriosos y las clases poderosas, los hacendados, que celebrarían esas fiestas de fin de año por partida doble. Condecorando a los militares por su hazaña de la defensa de la patria, en una Patagonia cuyos grandes latifundios permanecían en manos extranjeras.
La Navidad más trágica, con la estepa regada de sangre humilde y el olor a pólvora contrastando con el fin de año y seguramente algún adorno colgado.
Décadas después un tal Osvaldo Bayer echó luz sobre ese crimen abominable. Quiso el azar que dejara este mundo un 24 de diciembre (de 2018).
Sin su tarea titánica no podríamos aventurar imaginarnos cómo fue ese 24 de diciembre de 1921, la navidad más negra de la historia en el sur de la Patagonia.

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