“La poesía y el humor son dos formas de buscar salida de la alienación”

Nadia Cantó

Recién pasado el 1° de mayo, día del trabajador. ¡Feliz día! Llegan los mensajes. Este año cayó domingo, la suerte de la clase obrera. ¿Qué es ser unx trabajadorx? ¿Para todxs significa lo mismo? Poemas para no ir a trabajar (La libre, 2019) es un poemario conceptual que no busca solamente pretextos para evitar ir al trabajo. Se centra en distintas situaciones personales para contarnos la experiencia de un cuerpo que tiene que ser productivo a pesar de. En diálogo con Sudesatada, conversamos con su autor Fernando Aita @negro.aita  sobre esta resistencia poética contra la alienación.

Por Jacqui Casais

Si bien hay mucho humor a lo largo de Poemas para no ir a trabajar, el libro transmite el hastío por el trabajo, el cansancio físico y mental que está atravesado por la culpa y el miedo a perder el presentismo. ¿Encontrás en la poesía una manera de resistir a la alienación del trabajo?
Creo que la poesía y el humor pueden ser dos formas de buscar salidas de la alienación, de abrir líneas de fuga; y a veces pueden conjugarse, poesía y humor, que es una de las apuestas de los Poemas para no ir a trabajar, aunque como bien decís también están el hastío, el cansancio, dolores, tristezas, y algunas otras angustias que lxs lectorxs pueden considerar “reales” o inventadas, o sea, que el “yo poético” las experimenta o chamuya: en todo caso, creo que prevalecen las sensaciones que generan en quienes leen esas fabulaciones., y por las devoluciones que recibo del libro mayormente causan empatía. Es que… ¿quién no ha padecido el flagelo del trabajo?

Para el sistema podemos decir que la poesía es algo improductivo, sin embargo durante la pandemia vimos cómo crecieron los talleres de poesía y mucha gente encontró terapéutico escribir. ¿Creés que en estos últimos años cambió el lugar que ocupa la poesía?
Me parece que escribir, como dibujar, tocar un instrumento, cantar, bailar o bordar, cualquier actividad expresiva, siempre tiene un potencial terapéutico para quien lo practica. Creo que los talleres pueden servir para llevar esas expresiones a otros niveles, no para hacer terapia de grupo, bah, personalmente huyo de eso (también me embola leer a alguien que sólo hace catarsis, en general las literaturas egocentradas). Sí se suele considerar a la poesía como económicamente improductiva pero también hay una captura o explotación de recursos poéticos por parte del márketing, la publicidad o las industrias del entretenimiento. Veo bastante vitalidad en la poesía argentina en los últimos años, publicaciones, lecturas, festivales, slams, talleres, tal vez un poco frenada por la pandemia pero recuperando ritmo como todo.

¿Cómo te llevás con la poesía en redes sociales? ¿Leés por ese medio?
Puedo leer un poema o dos en redes sociales, o publicar alguno en cierta ocasión, pero no creo que sean los medios más propicios. Hay varios libros surgidos de publicaciones en redes (posteos) luego compiladas y editadas, y siento que en el volumen ganan una consistencia que las dinámicas de las redes no favorecen con el interminable ir hacia abajo en la pantalla y todo homogeneizado por un mismo formato. Creo que en esos marcos me resulta más fácil o disfrutable escuchar y ver a alguien leyendo un poema.

Si tuvieras que elegir un poema que te haya marcado y que de vez en cuando volvés a leer, ¿cuál sería y por qué?
Es muy difícil elegir uno solo. Por jugar, citaría uno que me acuerdo y usé (la segunda de las dos estrofas) como epígrafe de mi primer libro, Épica chusma (2007): uno de Cecil Day Lewis, un poeta que leí poco, y el poema se llama “¿Dónde están los poetas de la guerra?”, que me parece siempre vigente. La primera estrofa dice: “Ellos que por locura o mera avaricia / esclavizaron religión, mercados, leyes / toman ahora nuestro lenguaje y nos invitan / a alzar la voz por la causa de la libertad.” […] 

¿Actualmente estás trabajando en un nuevo libro o proyecto de escritura? ¿Querés contarnos de qué va?
Sí, tengo una serie en desarrollo que por ahora llamo “Poesía y mercado” y está organizada en tres partes: “Chino y concepto”, con poemas alrededor de escenas y personajes de los supermercados; “Golosinas en la zona de cajas”, con varios poemas breves que van introduciendo o acentuando otros elementos, como el lenguaje de las tecnologías digitales, la figura de la poeta, y la lógica imperante del costo y el beneficio; y “Un poemario en el teléfono pillo” en que la poeta, entrampada en la vida mercantilista, busca resquicios, líneas de fractura en el lenguaje y la sintaxis. Todavía muy verde, pero ya irá cobrando consistencia. 

Falta justificada

Buen día, jefe, hoy no puedo,

no puedo nada, estoy imposible.

La cabeza me zumba igual que un panal,

y los tubos tapados apenas respiro.

Vino el doctor y constató mi pobre cara,

el ruido de mi espalda, mis gestos enfermos,

pálida la lengua, me dio fármacos, vía oral,

certificado, reposo, guardar hasta el lunes.

¿Usted se da una idea de lo que duele

la columna, las plantas, las manos

de andar en cuatro, muleando números,

paquetes de datos, frunciendo los hombros,

por más ergonomético y digno que sea?

En el replay de los días,

el cuerpo se gasta y se rompe.

Pasa con los artefactos, los motores,

obvio que las máquinas con psiquismo,

más factores, más factible, más grave:

hace lastimar el cuerpo.

Un llamado de atención al mal descanso.

Parte obligatorio, prescripto. 

Toca reponerme, no sea cosa

que venga recaída o malcurado

contagie al resto y se sumen ausentes,

medicados, licenciosos. Imagínese

usted solo con todo.

Fernando Aita (Poemas para no ir a trabajar, Ed. La Libre, 2019)

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