La sombra de la bonaerense

Una frase resuena desde hace ochenta días: ¿Dónde está Facundo? Detrás de la desaparición de un pibe de 22 años emerge la negra historia de la maldita Policía Bonaerense, pero también un largo entramado de contradicciones, mentiras y pistas falsas, las voces de medios de prensa que operan para desviar la investigación y las frases de funcionarios que no aportan soluciones y son cómplices de una desaparición forzada. Mientras tanto, seguimos buscando a un pibe con una historia que hay que conocer, la de Facundo Castro Astudillo. Porque detrás de su ausencia hay un Estado que desaparece en democracia a nuestros pibes.

Por Hugo Montero

En tiempos de crisis, mantener la sonrisa es un acto revolucionario”. Este mensaje, grafiteado en una pared, fue el último posteo de Facundo en un muro de Facebook, el 23 de marzo por la tarde. El 30 de abril, por la mañana, salió de la casa de su mamá en Pedro Luro, bien al sur de la provincia de Buenos Aires, rumbo a Bahía Blanca. De la casa de su novia lo separaban 120 kilómetros, que pretendía achicar haciendo dedo en la Ruta 3.

Nunca llegó.

Facundo era un pibe de 22 años apasionado de la murga y el redoblante, que aprendía batucada con los pibes de la ranchada en el barrio. Amiguero y divertido, le gustaba jugar al fútbol y al vóley, era hincha de Boca y fanático del rap y del hip hop, hasta se animó varias veces a improvisar algunas rimas en batallas de freestyle en alguna plaza de Bahía. Más de una vez supo lo que era bancarse el verdugueo de la policía, que se acercaba a la canchita a hostigar a los pibes y tal vez por eso participó de las movidas del programa Jóvenes y Memoria por los Derechos Humanos y contra el Gatillo Fácil: “Participó en la elaboración del primer libro sobre desaparecidos en el distrito y viajó a Chapadmalal a un encuentro provincial. Le interesaba mucho ese tema y la violencia institucional”, recuerda su mamá, Cristina. Facu largó la escuela en tercer año y se metió a changuear: peón de albañil, empleado en un lavadero y en los galpones de cebolla para exportar. Su papá fue una figura ausente durante toda su vida. Cristina, en cambio, siempre está presente. Cocinera en una estación de servicio Shell sobre el kilómetro 808 de la Ruta 3, Cristina vive en una casa construida sobre las vías del ferrocarril. Allí regresó Facundo en febrero pasado, después de separarse de su novia Daiana luego de dos años y medio de convivencia, en Bahía Blanca. “Estar con mis hijos es lo que más me gusta en el mundo”, cuenta Cris, mejor conocida como “La Bruja” por los varones de la casa: Facundo tiene 22 años y es el hijo del medio, ante vino Alejandro (que tiene 25, se casó y ya formó su familia), y más tarde Lautaro de 19, que todavía vive con ella.

Durante sus años en Bahía Facundo se la rebuscó para, cada dos semanas, visitar a su mamá y a sus amigos de siempre. Todas las noches, el ritual era cenar con Cris y charlar de todo. El regreso de Facundo a la casa materna fue triste por la separación, pero por suerte pudo conseguir una changa en una cervecería artesanal de un amigo. Al menos, hasta que arrancó la cuarentena y se quedó sin trabajo. El 29 de abril, la decisión estaba tomada: Facundo iba a volver a Bahía a intentar recomponer las cosas, a buscar recuperar lo que había perdido con su ex novia. A pesar de la opinión de Cristina, que insistía en que la relación no era lo mejor porque lo había apartado de su familia y de sus amigos, Facundo anunció su decisión. Al día siguiente, Cris salió por la mañana rumbo a su trabajo y lo vio a Facu, durmiendo en la cama.

Últimas noticias

A las 10.30 de esa mañana Cris recibió un llamado. Era una mujer policía de la localidad de Mayor Buratovich, quien le comunicó que le habían labrado un acta a Facundo por incumplir las normas de la cuarentena en la ruta 3 y precisaba los datos del domicilio. Nada más. No le dijo que estaba detenido, ni esposado, ni que había sido trasladado a ninguna parte. Una formalidad, parecía. A partir de entonces, Cris intentó comunicarse con Facundo en varias ocasiones para saber qué había pasado. Facundo contestó con una llamada a las 13.30. No le dio tiempo a preguntarle nada: “Mamá, no te das una idea de dónde estoy. No creo que me vuelvas a ver más”, fue su único mensaje, inquietante. A Cris le preocupó la voz rara de Facundo, porque más allá de la discusión que habían tenido sobre su decisión de intentar recomponer la relación con su ex novia, era llamativa la brevedad del llamado y el tono de voz. “Le ladré, le ladré muchísimo. Le dije de todo, como cualquier madre que reta a un hijo. Él estaba callado y yo pensé que era por todo lo que le decía. Se cortó. En ese momento, creí que él había cortado, ofendido. Hoy pienso que alguien le arrebató el teléfono”, relató Cristina después al portal Cenital.

Por la noche, la policía llegó a su casa para certificar el domicilio del acta de Facundo, pero sólo le explicaron que lo detuvieron y lo dejaron seguir su camino. Desde ese día, no tuvo más noticias. Por esa razón, Cris interpretó que Facundo había optado por quedarse en Bahía Blanca para no volver.

“Un chico muy alegre, muy predispuesto, tenía exceso de voluntad, siempre estaba primero para ayudar. Era muy espontáneo, más de alguna vez lo han correteado por la moto, pero no era un chico malo, ni conflictivo. Vivía pendiente de las redes”, lo describe su amigo Juan Antonio Cardona, a quien Facundo le envió un último mensaje de texto, el mismo 30 de abril a las 20.21: “Amigo, estoy sin señal y batería en un rato te llamo”, le escribió en el chat. “Dale amigo, avisá cualquier cosa”, le respondió Juan. El siguiente mensaje al otro día: “¿Y wachón, dónde andás?”, ya no tuvo respuesta.

Pasó una semana de silencio. Cristina imaginó que Facundo había logrado recomponer su vínculo, y por esa razón no se comunicaba. Pero los amigos comenzaron a sospechar: Facundo no se conectaba a su redes sociales ni respondía mensajes. Todo se desmoronó cuando un amigo de su hijo le confirmó que había recibido el llamado de Daiana, preguntando si sabía en qué andaba Facundo, porque nunca había llegado a Bahía Blanca. Fue el inicio de la búsqueda que ya cuenta con casi ochenta días de incertidumbre. Primero, haciendo llamados a amigos y familiares, después visitando a conocidos en pueblos vecinos. Nadie sabía nada de Facundo.

Finalmente, el 5 de junio Cris hizo la denuncia en la comisaría de Pedro Luro, asesorada por los abogados Luciano Peretto y Leandro Aparicio, letrados con experiencia en los casos de la desaparición de Daniel Solano y el femicidio de Katherine Moscoso. Ahí arrancó otra historia, la primera búsqueda y el manoseo policial: el cambio de versiones, las contradicciones flagrantes, el sospechoso intento de encubrir la verdad. Ese mismo día, la oficial Siomara Ayelén Flores declaró en la comisaría que luego de labrarle el acta en la ruta, ella misma llevó a Facundo en su auto particular hasta Teniente Origone. Un rato después, otro policía, Alberto González, le contó a Cristina que le había hecho otra multa a Facundo en Origone, que su hijo no llevaba su DNI y que le había sacado una foto a su licencia de conducir.

El policía le mostró la foto a Cristina, y después le aseguró que lo vio a Facundo subirse a una camioneta Renault Oroch gris, y partir rumbo a Bahía. Cuatro días después, ese mismo policía declaró que Facundo se había marchado del retén caminando y no mencionó ninguna camioneta. El 27 de junio fue una fecha clave: ese día, tres testigos se comunicaron con los abogados de Cristina para asegurarles que el 30 de abril vieron cómo la policía detenía a Facundo en un control sobre la Ruta 3, apenas pasada la entrada de Mayor Buratovich, y cómo lo metían en la parte trasera de un patrullero. Según confirmó el abogado Aparicio: “Los tres testigos son contundentes, ellos tenían sus permisos para circular, dicen adónde iban y adónde lo vieron cerca de Buratovich a las tres y media de la tarde ese día subiendo a la parte trasera de una camioneta policial Toyota Hilux que no es la misma que aparece cuando lo paran por primera vez, a las diez de la mañana”. A partir de ese testimonio, la policía cerró filas y no aportó más datos. La agente Flores, visitante asidua de la estación de servicio donde trabaja Cris, no volvió más al lugar.

Dilatar y desviar

Semanas después, la titular del Juzgado Federal Nº2 de Bahía Blanca, María Gabriela Marrón, y el fiscal subrrogante de la Fiscalía Federal Nº1, Santiago Ulpiano Martínez, autorizaron el allanamiento de la subestación policial de Mayor Buratovich. Allí se secuestraron los teléfonos y handies de los cuatro policías responsables del destacamento (Jana Curuhincha, Mario Sosa, Siomara Flores y Alberto González), se pidieron los datos de geolocalización de los patrulleros en la zona el día de la desaparición, los libros de guardia, y se allanó la camioneta Hillux Nº 23.360, el vehículo señalado como el último en el que se vio a Facundo. Mientras tanto, el fiscal provincial Rodolfo De Lucía ordenaba el apartamiento de la Policía Bonaerense de la búsqueda de Facundo y convocaba a fuerzas federales: una comisión designada por la División Búsqueda de Prófugos y Personas desaparecidas de la Superintendencia de Investigaciones Federal de la Policía Federal llegó al lugar para ordenar el rastrillaje, que se inició el 14 de julio y que no obtuvo ningún resultado positivo.

Pero la verdad es que la Bonaerense nunca se apartó: el 8 de julio, justo cuando Cristina se comunicaba telefónicamente con el ministro Sergio Berni, los vecinos le informaron que agentes de la Bonaerense paraban autos en la ruta y señalaban una foto de Facundo, advirtiendo que era “un delincuente peligroso” y que andaba armado. El 11 de julio, el abogado Peretto recibió un llamado de un vecino de Pedro Luro, quien le informó que unos pibes habían encontrado restos óseos en un basurero de Buratovich. En el intento de preservar las pruebas, Peretto viajó a la zona pero lo frenó un patrullero de la (supuestamente apartada) Policía Bonaerense. Cuando el abogado les recordó que no tenían que estar en ese lugar por disposición oficial, bajaron del patrullero cinco policías. El subcomisario Pablo Reguilón, a cargo del operativo, prepoteó en tono amenazante: “Vos quédate tranquilo, que yo me estoy guardando todos los links de los medios en los que estás hablando y cuando todo pase yo sé bien lo que tengo que hacer…”. Finalmente los restos óseos no eran humanos y la pista fue descartada. Esa misma noche, el ministro Sergio Berni se presentaba en el programa de Juana Viale, y no mencionaba el nombre de Facundo en ningún momento en todo el show televisivo.

En sus declaraciones, los agentes Curuhinca (hermana de Flores) y Sosa ratificaron que cerca de las 10 de la mañana, mientras hacían un recorrido preventivo, lo vieron a Facundo en la calle San José Obrero con el cruce de la Ruta Nacional 3, una de las pocas salidas que tiene Buratovich al camino que conecta con Bahía Blanca. Según declaraciones de testigos, desde Pedro Luro hasta esta ciudad, Facundo llegó en el auto de una mujer que lo levantó. La agente Flores añadió que fue ella la que luego lo alcanzó desde Mayor Buratovich hasta el pueblo siguiente, Teniente Origone, cerca del mediodía. Relató que ella manejaba el auto de su padre y a la altura de lo que en esa zona se conoce como la “curva peligrosa” (a unos 6 o 7 kilómetros de Mayor Buratovich) se detuvo para levantar a Facundo, que estaba haciendo dedo a la vera del camino. También contó que el contacto con él terminó en la garita de acceso a Origone. “Facundo me pidió que no le dijera nada a su mamá”, dijo en su declaración. El hilo de la versión policial se extiende hasta las 15 del mismo día, cuando el agente Alberto González declaró ante los investigadores que recibió un llamado de un vecino, que le advirtió que había un joven caminando por la Ruta 3. González admitió que fue hasta el lugar y allí, en el kilómetro 750, interceptó a Facundo, requisó su mochila y le pidió el DNI, pero sólo recibió la licencia de conducir. Allí es donde aparece, según la versión policial, una camioneta negra, que nunca fue vista ni señalada por ningún testigo, que supuestamente levantó a Facundo y se lo llevó con rumbo a Bahía.

Esta historia de contradicciones y versiones cruzadas tiene un protagonista relevante: los medios de prensa de Bahía Blanca, verdaderas cloacas que reproducen siempre las voces policiales. El diario La Nueva Provincia publicó el 4 de julio la siguiente noticia: “Se supo, por fuentes allegadas a la investigación, que al menos 4 o 5 testigos aseguraron haberlo visto en Bahía Blanca, en distintas circunstancias, durante mes pasado, es decir a más de un mes de su partida”. Esos testigos jamás testificaron ante la Justicia ni volvieron a aparecer en las páginas del diario de los Massot. El 10 de julio, el portal La Brújula 24 publicó sorpresivamente la última foto de Facundo, detenido y de espaldas ante un patrullero y un agente de La Bonaerense, una foto que no estaba en el expediente de la causa y que sólo pudo llegar al portal de noticias cedida por la policía involucrada. La misma foto que la Bonaerense le había asegurada a Cristina que no existía o que se había borrado. ¿Cuál fue la razón para difundir esa foto? Es difícil saberlo, pero la hipótesis más probable es que pretendían así desviar el peritaje hacia el patrullero que aparece en la imagen, que no es el mismo en el que Facundo fue visto por última vez.

El 15 de julio, sugestivamente se filtró un dato recibido por la policía federal y lo publicó La Brújula 24: una mujer admitió haber levantado a Facundo en plena ruta con su camioneta Honda CRV y que lo habría dejado algunos kilómetros antes, en un cruce de vías, para evitar los controles en la entrada de Bahía Blanca. Los mismos medios bahienses procuraron desde el principio insistir en dos ejes absolutamente subjetivos a la hora de analizar la desaparición: la discusión entre Facundo y su mamá la noche anterior, y la supuesta demora de la familia en hacer la denuncia. Una vez más, la sombra de la estrategia policial aparece poco disimulada detrás de las voces de ciertos operadores de prensa.

“Su hijo está vivo y lo vamos a encontrar”

“No puedo más de la bronca. A lo largo de todo este mes fuimos manoseados de todas las maneras. Policías que decían una cosa en la comisaría y después declaraban otra cosa ante la Justicia. Demoras en la búsqueda. Yo estoy cansada y con mucha rabia. Quiero que aparezca mi hijo, que lo encuentren vivo o muerto, pero que lo encuentren”, señaló Cristina ante los medios. Hasta el 17 de julio, no hay ni un solo detenido por la causa. Lo que el fuero provincial caratuló en un principio como “averiguación de paradero”, pasó a ser definido por la Justicia Federal como “desaparición forzada”. Y el cambio de carátula es el inicio de una conocida línea de sombras: la Bonaerense implicada, pistas falsas, demores y amenazas, pases de factura entre funcionarios, manipulación de medios aliados a la policía para deslizar información que ni siquiera le facilitaron a la familia, declaraciones de autoridades que nada dicen ante la prensa que nada informa.

A pedido de la Comisión por la Memoria (CPM), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la ONU le solicitó al Estado argentino “inmediatez y exhaustividad” en la investigación sobre el caso, y los organismos de Derechos Humanos de todo el país amplificaron una campaña en redes y medios para insistir en la aparición con vida de Facundo.

En cuanto a la respuesta del Estado, anotemosalgunas precisiones: el presidente Alberto Fernández, hasta el día de hoy, no hizo ninguna mención al caso o a Facundo Castro Astudillo. El 8 de julio, el ministro Sergio Berni se comunicó por teléfono con Cristina y le aseguró lo siguiente: “Su hijo está vivo y lo vamos a encontrar”. Cuando la mamá de Facundo respondió: “Espero que esté sano y salvo, lo estoy esperando”, Berni volvió a la carga: “La Policía Bonaerense está trabajando bien en la búsqueda”. ¿Cómo es posible que un funcionario responsable del accionar de la Bonaerense, después de más sesenta días de desaparición, le garantice a la madre de la víctima que su hijo estaba “vivo” y que lo iban a “encontrar”? ¿En qué pruebas fundamentó Berni semejante temeraria afirmación? ¿Berni sabe dónde está Facundo o sencillamente está jugando con la angustia de la madre, en un nuevo episodio de sus gestos tribuneros armados para el consumo mediático y para posicionarse como candidato? ¿Cómo es posible que semejante afirmación haya pasado inadvertida por los medios?

La reacción inmediata de Nora Cortiñas, referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, fue exigir la renuncia de Berni: “Si Berni sabe dónde está Facundo, que lo diga ya. Y si no sabe, no puede jugar así con la madre de una víctima de desaparición forzosa. Es una canallada”.

Sólo tres días después de su frase temeraria, Berni cambió el tono y ya no realizó afirmaciones sino preguntas: “Necesitamos saber qué fue lo que pasó con Facundo Castro”, señaló. Y luego añadió: “Hasta que la justicia ordinaria estuvo investigando no había ninguna prueba ni ningún dato objetivo que involucrara a ningún policía de la provincia”. Ante la pregunta de por qué ningún policía fue aparado de sus funciones hasta el momento, Berni insistió: “Porque la Justicia no encontró ni un solo elemento de prueba para vincular la desaparición de Facundo con la policía”.

El gobernador Axel Kicillof se refirió por primera vez al caso el 9 de julio, cuando declaró: “Lo afirmo con toda claridad: no vamos a encubrir a nadie, pero tampoco prejuzgar a nadie. No queremos que haya ningún obstáculo a la Justicia”, y señaló que acompañaba la decisión de apartar a la Policía Bonaerense de la investigación, medida exigida por los abogados de Facundo. Dos días después de “acompañar” la separación de la Bonaerense, como ya fue anotado, un subcomisario de esa fuerza amenazó a uno de los abogados. “Lo de Kicillof es una cuestión política. No tiene idea de lo que pasa en el expediente. No me interesa lo que pueda opinar”, señaló Leandro Aparicio, el abogado que a partir de los indicios del caso estima que la hipótesis más probable es que Facundo fue asesinado y su cuerpo, ocultado. Aparicio también se ocupó de criticar a Berni, porque viajó a Bahía Blanca “a decir muchas cosas inexactas”. “Que el señor Berni deje de desinformar y de plantear hipótesis que no son. He visto esta situación en otra circunstancia, queremos que aparezca Facundo. Yo no sé qué intereses tienen entra la nación y la provincia. No quiero investigar ocho años como en la causa Solano. No me sorprende lo que podrían hacer los fiscales tampoco”, y además añadió: “La policía está sembrando pistas y a quienes tienen que exigir es al Presidente de la Nación que instruya a la Procuradora que investiguen en serio y de forma rápida y que Sergio Berni deje de mentir, que intervenga la comisaría de Villarino para que no siga desviando la investigación”.

Un día después, Aparicio volvió a hacer referencia al manejo del caso por parte de Berni: “Quiero dejar sentado que la querella disiente con lo que dijo el ministro Berni en el día de ayer, en un programa periodístico, respecto a distintas circunstancias. Respecto a que los policías entregaron ‘voluntariamente’ los teléfonos que les fueron secuestrados, no tenían otro remedio. Porque, si no, se los iba a secuestrar igual la Justicia federal, al igual que les secuestró la camioneta y los libros”, y más tarde agregó: “Por otra parte el señor Berni, tal vez desinformado, dijo que una mujer policía ‘se presentó voluntariamente’ a declarar que lo vio y lo llevó a Facundo. Eso mentira, porque esa policía apareció de la estratósfera el mismo día de los rastrillajes (19 de junio) y contó una historia inverosímil que se choca con otros testimonios independientes”.

Los abogados señalaron que se peritó la camioneta que aparece en la última foto de Facundo (difundida por la propia policía en sus medios aliados), pero que no se trataba del mismo transporte policial en el que fue visto por últimas vez Facundo con vida.

Que aparezca

El 7 de julio, Cristina escribió en su muro de Facebook: “Amanece, te seguimos buscando y te prometo buscar la verdad. Qué te hicieron, mi flaco. Basta de encubrimiento policial”. Ahí está Cris, a la cabeza de la marcha con vecinos, amigos y familiares, agradecida por la solidaridad de todos en la búsqueda. Ahí está Cris, siguiendo cada pista sobre el destino de Facundo, respondiendo llamadas, atendiendo medios de comunicación, hablando con funcionarios, mirando con desconfianza a la policía, anotando pistas falsas, exigiendo que se utilicen perros para los rastrillajes porque confía “más en los perros que en las personas”: “Los que se llevaron a Facu en el patrullero son dos, se llamaron a silencio hasta hoy, pero los desaparecedores son más, son los que se callaron, los que mintieron, los que encubrieron, son tan desaparecedores como los que lo subieron al patrullero”. Ahí está Cris, peleando por encontrar a su hijo, por volver a abrazarlo, por escuchar sus aventuras, por eso sigue buscando. Ahí está Cris, durmiendo pocas horas cada noche, soñando el regreso de Facu, buscándole una explicación a estos casi ochenta largos días de ausencia y de dolor. Ahí está Cris, mirando como muchos hacen silencio y no se suman a la búsqueda, cómo algunos justifican a la policía asesina que desaparece a los pibes, cómo algunos aplauden a funcionarios que no aportan respuestas ni dan una mano ni controlan a la policía que tienen a su cargo para que no maten ni desaparezcan a más pibes. “Yo tengo la sospecha de que mi hijo no está más con vida, estas personas hicieron desaparecer a mi hijo. No descarto ninguna hipótesis pero los últimos que vieron con vida a mi hijo fueron los de la Bonaerense. Hasta el día de hoy estamos esperando. No me voy a ir hasta saber quiénes estaban arriba de ese patrullero, porque esas dos personas son las que me tienen que devolver a mi hijo”.

Ahí está Cris, buscando la huella de Facundo. Con la sonrisa de su hijo dibujada en el pecho: “Facundo es vida, alegría, sonrisa, meme, es todo eso”. Ahí anda Cris. Buscando. Buscando. Buscando.

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