La vida es una misión secreta: la irrupción de la imagen

centellea de tal modo,
que hace brotar bellezas eternas.
Canto VII. Paraíso. D.A

Por Natalia Bericat

El nuevo libro del Indio Solari fue creado en colaboración con el dibujante Serafín. La vida es una misión secreta es un lienzo de dibujos y poesías: canciones seleccionadas de los discos de Los fundamentalistas del aire acondicionado. La pluma del Indio, como símbolo de la palabra, se fusiona con la tinta en cada ilustración. El acto creador se vuelve colectivo para dar cuenta de los sentidos que la poesía y el dibujo disparan en la mente de los lectores.  Dos artistas detrás de sus seudónimos: Mr. Letrador y el Cadete Garabato. Así se presentaba esta dupla en las redes sociales, semanas previas a la publicación.

Leemos este libro desde los sentidos, desde las carcajadas roncas, desde la asfixia y el ruido crudo que se desprende. Develamos la imagen poética que se esconde detrás de los versos, en el (tras)fondo de cada ojo que nos mira. En cada historieta hay un relato que se escapa, que nos atrapa. No hay nada que entender en términos racionales. No hay realismo en las imágenes cuando las visiones relampaguean en las pupilas de quienes observamos la obra. Como en una galería, vemos la secuencia artística a través de la belleza de cada trazo, esa que es siempre temible y aparece distorsionada en la mirada de quienes buscan en el arte una verdad traslúcida.

La metáfora es el don máximo del lenguaje, decía Hannah Arendt. Hay un don en el proceso de escritura, desde las primeras letras del Indio, que construye las condiciones de ambigüedad (IS), permitiendo abrir las puertas de la imaginación. Sentimos el perfume de la tempestad, vemos las cabezas gachas, las miradas perdidas de la marginalidad que se contraponen a los rostros del lujo y la vulgaridad.

La antesala de este libro nos recibe con la bandera Wiphala y la sonrisa de Bulacio pidiendo justicia. Todo lo que canta es para conjurar visiones nos dice Marcelo Figueras en su prólogo; una belleza entre ruinas que nos da las primeras claves para el acertijo que se avecina. Los mismos escombros que fueron escenario del último recital en Epecuén: sacar del naufragio la poesía como una gota de belleza que emerge de la inundación. Como en esos recitales de Los Redondos, donde siempre aparecía la sorpresa de un tema inédito en vivo, el Indio nos deleita con dos bonus track. En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida nos dice. Una plegaria a la existencia atravesada por los opuestos: las puertas del paraíso y del infierno, la condena y los ángeles que nos dictan sus sentencias inútiles. Vemos un yo poético de pie que decide esperar cantando las letras eternas, esas que se transpiran en el pogo más grande del mundo (en las sonrisas con banderas en alto que dibuja Serafín al final del libro). Somos un montón de almas cantando los átomos que estos dos artistas dejaron desperdigados en el lienzo blanco. Somos espectadores de un acto de amor y revolución.

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