Las alas de Agustín Maril

David Agustín Maril es argentino y está detenido en Chile como preso político de la revuelta popular de octubre de 2019.

Por Cabildo Chilenes Baires

Ser Preso Político es vivir el castigo aleccionador a la idea y la acción sobre el cuerpo, mediante el encierro. En Chile se cuentan cerca de 2.500 presos políticos de la revuelta popular de octubre de 2019. Eso, además de los presos políticos mapuche que por estos días ponen el cuerpo en una huelga de hambre. Entre esos presos políticos hay un pibe del conurbano bonaerense. Su nombre es David Agustín Maril, aunque prefiere que le llamen Agustín. Un día agarró su mochila y partió de viaje: malabareando iba a recorrer Argentina y Chile.

En junio llegó a Chile. Meses después estalló la revuelta. Agustín iba a Plaza Dignidad -el epicentro de las movilizaciones-, conversaba y hacía amigxs, malabareaba. El día 23 de enero estaba comiendo junto a una de esas carpas destinadas a asistir a les manifestantes, ejemplos de autogestión y solidaridad. En ese momento, Agustín fue detenido. Luego lo acusaron de lanzar una molotov. Desde entonces que está en el penal Santiago 1, junto a la mayoría de les presxs políticxs de la revuelta.

Por medio de le amigx del conocidx del amigx la familia de Agustín se enteró de la noticia. Así, partieron a Santiago la mamá, el hermano y las hermanas. Hoy Cecilia, la mamá y una de las hermanas, siguen allí. Ellas hechas migrantes para acompañar a su hijo/hermano hecho preso político. La solidaridad con las y los Presxs Políticxs de la revuelta se articula, principalmente, en la Coordinadora 18 de octubre, quienes han desarrollado una campaña para exigir el cambio de medida cautelar, de prisión preventiva a domiciliaria.

Además de la coordinadora, las familias de lxs PP se organizan en la O.F.A.P. Según dice un familiar de Agustín, la OFAP nació “de conocernos de las encomiendas, las visitas y sufrir lo mismo, ¿verdad? la injusticia de que estén nuestros familiares encerrados en este contexto, eh… se unió la gente, simplemente, ahí estamos apoyándonos y dándonos fuerza entre todes”. Ese apoyo resulta especialmente necesario en tiempos pandémicos, que han imposibilitado la venta de pan, sanguchitos o malabares con los que se mantenían. La cuarentena también les ha privado del encuentro, ya que la principal medida en el penal ante el coronavirus fue la suspensión de visitas.

De esa manera, aun cuando ellas están allá, su único contacto tiene formato virtual y de amor en encomienda. El viernes pasado en el 7° Juzgado de Garantía de Santiago fue la audiencia para revisar la medida cautelar de Agustín. A pesar que con anterioridad ya se habían realizado dos audiencias en que se había rechazado la solicitud, esta vez el juez accedió al cambio de cautelar. No obstante, la fiscalía apeló, para prolongar el encierro aleccionador, misma estrategia desplegada por fiscalía en otros casos de presxs políticxs. El sábado se revisaba la apelación y Agustín tendría al fin una respuesta. Pero una vez más fue aplazado, hasta el día lunes, en un proceso que, como siempre ha sufrido muchas dilaciones, alargando los tiempos de la investigación, estirando así el castigo anticipado.

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