Ludmila Pretti, siguen matando pibas

Encuentran en Moreno el cuerpo de una adolescente de 14 años, víctima de un femicidio.

Por: Revista Sudestada

Ludmila Pretti, una adolescente de 14 años, estaba desaparecida desde el domingo a la madrugada y era buscada por su familia. Ayer a la noche, producto de un femicidio se halló su cuerpo en una casa de la localidad de Francisco Álvarez a 5 cuadras de la vivienda de la víctima.

La causa quedó en manos de la UFI N°4 del departamento judicial de Moreno y General Rodríguez a cargo del Dr. Federico Soñora. Según se conocieron los primeros detalles del caso, el primer sospechoso es un joven de 19 años identificado por la policía como Cristian Adrián Gerez quien alquilaba la casa donde se encontró el cadáver.

Al parecer la joven había asistido con amigos a una fiesta en este domicilio. Una vecina declaró ante el Fiscal de la causa que escuchó a Ludmila y el sospechoso discutir. Leandro Pretti, padre de la joven, en una entrevista a Prensa Obrera señaló que “la justicia fue muy lerda, esperaron mucho. Si yo anduve buscando por todos lados entre la gente de acá, para que pongan una palabrita que iba a ayudar mucho en la investigación. Y lerda la justicia, la fiscal, todo para que autoricen”.

No solo pidió justicia por su hija, le reclamó al Estado que se haga cargo de la asistencia psicológica de su esposa, que sigue en shock por la noticia: “Hoy me tocó a mí, espero que no le toque a ninguna familia más”.

Además denunció que dejaron escapara al sospechoso. La localidad de Moreno se encuentra en la mira. El pasado 15 de abril la policía también dio con el cuerpo de Camila Aldana Tarocco, una joven de 26 años, enterrada en un descampado de un predio deportivo sindical en la zona.

Según el Observatorio Ahora que Sí Nos Ven durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio hubo 118 femicidios. ¿Hasta cuándo vamos a pedir Ni Una Menos? Este virus patriarcal no distingue por edad.

Ganas de salir a romper todo

Por Adriana Esposto

Una vez más. Cambio el nombre y renuevo el espanto. Cambio el nombre y reviso si me queda algo por decir entre tanta palabra inútil. Cambio el nombre y maldigo mis dedos por volver a vomitarme el alma sobre el teclado. Cambio el nombre y me atrevo a a llorarte, aunque haya perdido noción de cuándo empecé a hacerlo, porque ya no sé las vidas y muertes que llevo llorándote.Te lloré en Candela. Te lloré en Lola. Te lloré en María de los Ángeles. Te lloré en Daiana, en Lucía, en Micaela, en Araceli, en Emma, en la pequeña Abril. Te lloré mucho antes, en María Soledad Morales.Te lloré en tantas. Te lloré en todas. Te lloré desbordando calles y plazas. Te lloré redactando manifiestos. Te lloré portando banderas y enarbolando consignas. Te lloré difundiendo búsquedas. Te lloré condenando zócalos perversos. Te lloré desarticulando discursos. Te lloré cada vez que alguien demonizó nuestra lucha. Te lloré cuando unas pocas paredes manchadas importaron más que infinidad de cuerpos vejados hasta el hartazgo. Te lloré en bolsas de residuos, en baúles, en terrenos baldíos, en basurales, en crematorios subrepticios, en arroyos, en banquinas, en prostíbulos, en antros de trata, en habitaciones del horror. Te lloré trompeada, secuestrada, violada, apuñalada, empalada, quemada, estrangulada, asfixiada. Te lloré en silencio. Te lloré a gritos. Te lloré sola y te lloré abrazada a miles.Cambio el nombre.

Le pongo el tuyo a este dolor enquistado hasta los huesos que parece asfixiar más en tiempos de cuarentena. Cambio el nombre. Ludmila. La niña que fue a un cumpleaños con amigas. La que en su último mensaje dijo que estaba volviendo a su casa en un remise. La que fue ahorcada y su cuerpo escondido entre dos colchones debajo de una cama. La pequeña. La mujer. Otra mujer. Una más. Una menos. La que ya no es. Y acá estoy. Acá estamos. Empezando a llorarte, por primera vez, como tantas veces. A llorar a la última. A llorar a la próxima. A llorarme. A llorarnos. Te mataron. Volvieron a matarnos un poquito a todas. Y lo único que me sale, entre toda esta mierda, es cambiar el nombre a un escrito gastado de tanta desidia. Y ver qué hago con estas ganas irrefrenables de salir a romper todo.

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