Violencia en la niñez ¿responsabilidad de todxs?

Imagen: Luly Dibuja

Desde tiempos inmemorables los derechos humanos de lxs niñxs han sido  vulnerados. Las infancias son reconocidas por las legislaciones vigentes como sujetos de derecho, con una  individualidad propia y que por las particularidades que las rodean merecen un tratamiento  especial, tanto por la ley como por toda la sociedad. Así es que el Estado es el principal garante y obligado a destinar políticas públicas en pos del reconocimiento, respeto, tutela  y promoción de los derechos de lxs niñxs.

Por Marcos Layus.

En los tiempos que transitamos, y a raíz de los lamentables hechos de público conocimiento del caso de Lucio Dupuy y las respectivas condenas a las responsables de su muerte, es que este tema se puso en la agenda de los medios de comunicación nuevamente y los distintos ámbitos sociales se han hecho eco de situaciones que han existido desde siempre y con la que los organismos de la niñez del país luchan cotidianamente. Los testimonios recabados de funcionarios y empleados de estas instituciones estatales tienden a alarmar, pues las vulneraciones con las que se enfrentan son de todo tipo y gravedad. Quienes dirigen estos organismos nos brindan la siguiente reflexión: “Con lo que día a día nos enfrentamos es con las preguntas de ¿Qué lugar ocupa el niño en su familia y su sociedad? ¿Cómo el Estado asume el rol que de manera primogenita le corresponde a la propia familia y la comunidad donde se desarrolla esx niñx? En la mayorìa de las veces se cae en los extremos de concebir a las infancias o como adultos pequeños o como angelitos. Ni una ni la otra, lxs niñxs son sujetos de derecho, lo que implica muchas cosas, sobre todo que sean escuchados y que su opinión sea tenida en cuenta y que formen parte de los dispositivos de intervención de los equipos técnicos. Generalmente la palabra no media en los casos de maltrato infantil, no es una herramienta de comunicación o conciliación en muchas familias y comunidades; porque la práctica común es la violencia. El trabajo de estos organismos no se limita a restituir derechos, sino que también se trata de revertir historias vitales y formas de hábitos que hacen a las crianzas. Para lograr lo dicho anteriormente se requiere la respuesta de muchos organismos del Estado que prevengan, detecten y aborden esta problemática con un criterio basado en el respeto irrestricto por los Derechos Humanos de las infancias”, sostiene Miriam Nallar, Directora de Niñez, Adolescencia y Familia de Santiago del Estero.
Por otro lado, cabe destacar las distintas estadísticas en la materia: Según un informe publicado a finales de 2021 por el Ministerio de Justicia de la Nación y UNICEF titulado “Violencia Contra Niñas, Niños y Adolescentes: Un análisis de los datos del Programa las Víctimas contra las Violencias 2020- 2021” se establece que durante el periodo analizado (octubre 2020-septiembre 2021) las consultas aumentaron un 15% respecto al mismo periodo del año anterior, y se incrementaron considerablemente las realizadas directamente por niñas, niños y adolescentes. Se registraron 9.989 víctimas niñas, niños y adolescentes de violencia familiar y/o sexual.
Respecto al abuso sexual hacia niñas, niños y adolescentes, se registraron 3.219 víctimas. En todos los grupos etarios, el mayor porcentaje de niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual pertenece al género femenino, representando casi 4 veces más que el masculino. La diferencia según género se amplía a mayor edad de la víctima.
Así mismo, el 74,2% de las víctimas fueron violentadas por alguien de su entorno cercano o ámbito de confianza. El 44% de las violencias en entornos digitales fueron por el delito de Grooming, según indica un informe del Ministerio de Justicia junto a Unicef. El mismo nos brinda otras estadisticas: se contabilizo un total de casi 10.000 niños, niñas y adolescentes victimas de los cuales 6.770 son de violencia intrafamiliar y 3.219 padecieron violencia sexual. Se advierte una concentración de las consultas en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires del 63%; y, en segundo lugar, en la región pampeana del 8%. En el resto de las regiones del país se registran entre el 2% y el 4% de las consultas realizadas en el periodo.
Resulta necesario hacer referencia a que según la Convención Americana de los Derechos Humanos, los Estados asumen la obligación de dar respuesta jurídica y social a las problemáticas vinculadas a  niños, niñas y adolescentes, reconociendo su condición de sujetos de derecho y velando  por su interés superior y el respeto irrestricto por sus derechos en el marco de los nuevos  paradigmas. Lucio fue la terrible cara de la irresponsabilidad del Estado y la negligencia  en su accionar. Digo Estado en su sentido más amplio, desde los organismos de salud,  educación hasta el poder judicial. Todos ellos, como representantes del Estado y algunos en calidad de funcionarios públicos han fracasado y omitido su deber. La sociedad entera fracasó, nosotros fracasamos, cada vez que no nos involucramos en las situaciones de maltrato. Rige un sistema de co-responsabilidad entre los organismos del Estado que deviene de la necesidad de articulaciones efectivas que dispongan los medios para salvaguardar la vida y la integridad de nuestros niños. Los organismos de niñez a los que nos referimos con anterioridad establecen protocolos locales que responden a las necesidades de cada población. Sin embargo, a nivel nacional se brindan distintos medios de consulta y asesoramiento para las infancias, las cuales son la línea 137, el WhatsApp 11 3133 1000 (ambos gratuitos) y un formulario de consulta confidencial en la página del Ministerio de Justicia.
Estremece leer los resultados de la autopsia de Lucio. Pero sobre todo lo no visible, que es lo que más escalofríos genera, eso que las fotos ni las pericias describen, qué es cómo un niño vulnerado se va apagando  poco a poco, con cada golpe y con cada desatención estatal. Cabe destacar la necesidad de replantearnos una vez más las obligaciones de los profesionales que trabajan y pueden detectar situaciones como esta para así evitar finales trágicos. No es suficiente llamados de atención sino que se necesitan acciones concretas.
Las niñeces merecen más atención, recursos y más políticas públicas tendientes a evitar  las vulneraciones de un colectivo históricamente afectado y así lograr la restitución y el pleno respeto a sus derechos. Son sujetos de derecho, tienen una voz que debe ser escuchada siempre y es menester abandonar las miradas adulto-céntricas en los procesos donde se ven involucrados, esa hegemonía que nos empuja a consolidar las relaciones asimétricas, midiendo con parámetros de adultez lo que es en esencia de las infancias. El adultocentrismo es justamente eso, una situación de desigualdad de poder basada en la edad y apoyada por los sistemas capitalistas tendientes a dividir todo en relaciones asimétricas. Ese modelo de referencia está muy presente en los ámbitos judiciales en donde se toman decisiones que muchas veces son definitivas y contundentes en relación a la vida de lxs niñxs suponiendo que su interés, que por ley es “superior”, es igual a la de los adultos. Cuando nos referimos a la autonomía progresiva de las niñeces estamos diciendo que son personas aptas para decidir conforme se les de ese lugar, se les escuche y se tenga en cuenta su opinión. Y si decimos que deseamos una sociedad con infancias libres y felices lo más importante a hacer es darles un lugar protagónico en las tomas de decisiones que los involucran y alcanzan. Lo que en principio para un abstracto se vuelve concreto cada vez que son respetados sus derechos y su lugar. El adultocentrismo ha ido construyendo la sociedad actual, invisibilizando las voces de lxs niñxs, amparados en la idea de que una persona mayor, por el simple hecho de serlo, merece un respeto más amplio que las niñeces, que están supeditadas a las voluntades de los adultos. Las consecuencias negativas de estas prácticas afectan los derechos humanos básicos de niñas, niños y adolescentes al discriminar, subordinar y relegar sus ideas, propuestas y sentimientos sólo por el hecho de tener una edad menor. En este orden de ideas, es importante identificar al adultocentrismo como parte de un sistema más amplio de dominación en nuestra sociedad que junto al androcentrismo (la consideración de que el hombre es el centro del universo), han obstaculizado el desarrollo y acceso igualitario de oportunidades y que afecta principalmente a niñas, niños, adolescentes y mujeres.
Superar el adultocentrismo y privilegiar los derechos de niñas, niños y adolescentes en la vida cotidiana es parte fundamental de su desarrollo, además les permitirá aprender a ejercer sus derechos en forma responsable, así como a respetar los derechos de las demás personas en la construcción del propio proyecto de vida.
Las últimas semanas hemos escuchado discursos hegemónicos donde los que los pronuncian parecen ser expertos en saber las necesidades de lxs niñxs y en donde se observan también el poco o nulo contacto de estos con las infancias. Se habla mucho de la infancia como categoría política, social, jurídica y cultural, sin embargo, no consideramos que la infancia sea una sola, sino que son muchas ya que son vivenciadas y practicadas de maneras muy distintas por todes.
La consecuencia de este modelo es clara: niños, niñas y adolescentes tienen menor poder y menos posibilidades. El adulto es visto como el modelo de persona que tiene la edad necesaria, el ideal superior, mientras que la adolescencia es minimizada como una etapa de crisis y de transformación.
Para los que trabajamos diariamente con niñeces vulneradas  consecuentemente vemos cómo una y otra vez y de las maneras más diversas entre sí y sistemáticas lxs  niñxs sufren, no son escuchados, ni mucho menos respetados. 
Lamentamos cada vez que los protocolos de actuación en vulneración de las  niñeces no se cumplen, cada vez que el mismo sistema perpetra abusos a quienes ya han  sido abusados incontables veces, cada vez que se los re-victimiza en procesos judiciales y  no son escuchados sus intereses. Precisamos declarar un estado de emergencia en la  materia y que los organismos de salud, educación y justicia activen sus recursos a los fines de evitar tragedias nuevas, precisamos que la ESI se implemente finalmente y sin  excepciones a los fines de brindar herramientas a las infancias para detectar abusos y  malos tratos, precisamos políticas que los defiendan, precisamos un poder judicial  capacitado y atento, precisamos que los chicos coman todos los días, que se desarrollen en contextos aptos, que puedan estudiar y que puedan ser felices. Precisamos nada más y nada menos que de una vez y por todas lxs niñxs puedan ser niñxs y garantizarles una vida  con condiciones amenas para su felicidad. 
Ciertos sectores de la sociedad que conformamos pretenden responsabilizar por la muerte de Lucio a los movimientos feministas y nacionales de una manera totalmente absurda, ilógica, incoherente, irracional y totalmente carente de fundamentos. Caer en semejante payasada es igual a desprestigiar la lucha y esfuerzos de muchos años, debido que no  existe ni siquiera una posible vinculación entre el feminismo y el caso en cuestión. Es  también, correr la vista de lo verdaderamente importante, la acción de la justicia, la  responsabilidad del Estado y las consecuencias sociales de hechos que nos afectan a todos  y nos interpelan en lo más profundo de nuestro ser. En definitiva, córranse los payasos,  que necesitamos justicia.  

Compartime!

Anterior

No pasarán: nos cuidamos entre nosotras

Próxima

Los medios del odio: atacan a mujeres por una imagen en la vía pública