Mar de amores

Desde los comienzos de la historia el ser se pregunta acerca de los amores. Aristóteles en el año 300 ac manifestaba que el amor generaba movimiento y que los sujetos que están destinados a amarse en algún momento fueron uno. 

Por: Carla Elena

No hay amor posible sin la concepción de hospitalidad y cuando hablo de hospitalidad me refiero a “un para todos”, el amor es un sentir hospitalario ya que está permitido y habilitado a todo ser que pueda, quiera y se anime a sentirlo, lo esencial es que nosotros como sujetos seamos hospitalarios con él.

Jaques Derrida se refiere a la hospitalidad y hace una aclaración sobre ella: “La ley incondicional de la hospitalidad ilimitada” y “Las leyes de la hospitalidad, esos derechos y esos deberes siempre condicionados y condiciona-les”. En tal sentido, el filósofo francés comenta: “Es entre estas dos figuras de la hospitalidad como, en efecto, deben asumirse las responsabilidades y como deben tomarse las decisiones. Prueba temible porque si estas dos hospitalidades no se contradicen, permanecen heterogéneas en el momento mismo en que se reclaman una a la otra, de modo desconcertante. Todas las éticas de la hospitalidad no son las mismas, sin duda, pero no hay cultura ni vínculo social sin un principio de hospitalidad”.

Ama el ser que puede ver al otro, quién observa lo que le sucede, el que es capaz de trascender lo físico, quién logra percibir la mirada, captar un gesto, quien tiene la fragilidad suficiente para dejarse penetrar por la otredad y hacer junto con ella.

Ama quien en un acto subjetivante se dona, dona la oportunidad de ser y estar, habilita la sensibilidad, la capacidad de hacer, la escucha, la posibilidad de transformación, de una nueva narración. Ama quién dona su relato para que otro pueda dar construcción al suyo.

Ama la persona que, a través de sus acciones, sus movimientos y hacer cotidiano aloja, sostiene, cobija, anida, despierta inquietudes, interrogantes más que saberes estancos. Ese es el acto más amoroso que puede suceder. El despertar al otro!

Ama quien duda de sus saberes, quien se anima a arrojarse a misterios que lo deconstruyan, el que se permite transitar la incertidumbre, el que se inquieta ante lo nuevo de otro que lo conmueve, el que comprende que estar con otro implica generar un “entre”, tejer una trama, un lazo afectivo, un vínculo que se forja en la cotidianidad de la vida. “Entre cumbre y cumbre, sin importar el punto de partida ni de llegada”, diría Deleuze.

Ama quien no rotula, ni etiqueta, ni fragmenta, ni impone, sino quien elige a la totalidad del ser que, por supuesto en su hacer siempre propone cambios porque todo amor es transformación, porque el que ama no solo se transforma sino que transforma lo que ama.

Amar, hoy, mañana, un instante, un rato, para siempre nos dejará una marca, un rasgo, un recuerdo, una huella, un narrar en nuestra historia. Hermosa experiencia para esos seres que tienen esa bella oportunidad de animarse a amar y ser amados.

Franz Kafka afirma sobre el “Punto de no retorno”: “A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar” El autor se refería al no retorno como esa situación en la cual se elimina la opción de deshacer los pasos. La única alternativa es seguir adelante y es ahí donde el que ama llega, a ese punto donde ya fue modificado por esa marea de océano que subió y que luego de ella la arena jamás será la misma y el castillo construido por los niños quedará colmado por ese mar.

En su libro “Y Así hablo Zaratustra” Friedrich Nietzsche menciona estas líneas: “Quiero tener duendes a mi alrededor, pues soy valeroso. El valor que ahuyenta los fantasmas se crea sus propios duendes, – el valor quiere reír”. 

Es esencial comprender que sin valor no hay comunión posible, no hay vínculo subjetivante que construya y propicie un devenir conjunto, unido y entramado que no solo sostenga a uno sino a la otredad conformada y forjada.   El amor es para los valientes que tienen duendes hospitalarios que se animan a lanzarse al mar en busca de los monstruos marinos diría Nietzsche. 

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