Ni Una Menos: el fuego de Resistencia

Hace seis años algunas nos encontrábamos en las calles por primera vez, sorprendidas de lo fuerte que sonaban nuestras voces cuando gritaban juntas.

Por Cecilia Solá

El femicidio de Chiara López nos explotaba en la cabeza y en la garganta, y ese grito de rabia y de dolor se verbalizó en las palabras que nos cambiarían la vida a miles de mujeres.

Ni Una Menos dejó de ser consigna para convertirse en espacio, manada, y la rabia que nos llevó a las calles nos convirtió en hermanas. Por esos días, los que siguieron al primer rugido, conocí a Magdalena Corvalán, en una Asamblea de Mujeres, cuando solo unas pocas hablaban de identidades feminizadas, y cuando la escuché hablar del Colectivo Ni Una Menos, de la visión del feminismo que tenían esas compañeras, entendí que había encontrado lo que no sabía que buscaba: manada.

Militante, artista integral, sostén de familia, Magdalena cuenta en esta entrevista los inicios del Ni Una Menos como espacio de organización de mujeres e identidades femeninas. Desde la red que sostiene, acompaña y asesora a víctimas y sobrevivientes de la violencia machista, hasta la agrupación que elabora y discute políticas de género públicas y efectivas, y produce contenido en medios de comunicación alternativos.

Y como lo personal es político, pero también a la inversa, nos descubre el camino transitado por ella misma desde aquel evento de Facebook, hace seis años, hasta la fecha.

¿Cómo nace en Resistencia, Chaco el NUM? ¿Que factores externos empujaron a visibilizar también aquí la problemática y que factores internos, individuales te llevaron a hacer la convocatoria?

En Chaco, como en otras provincias, la violencia contra las mujeres y disidencias siempre existió, como también enormes compañeras que venían luchando desde sus espacios por la igualdad de genero, pero en el 2015 hubo un femicidio que nos hizo sentir a quienes aun no estábamos organizadas, que debíamos hacer algo, sumar nuestro granito de arena, nuestro fueguito a la misma lucha. Casi como un impulso, como rabia espontánea. Fue el femicidio de Chiara Páez. Hasta ese momento provincias como Buenos Aires, Córdoba, ya estaban organizadas bajo la consigna “Ni una menos”. 

Acá debo hacer una sumatoria de factores, porque a nivel federal existe esta angustia y rabia, pero también todas y cada una de nosotras había sobrevivido a alguna situación de violencia, entonces el femicidio atroz de Chiara puso sobre la mesa el hartazgo de todas nosotras frente a todo lo que atravesamos y padecemos como mujeres e identidades femeninas. Así que armé un evento de Facebook, así de simple como suena. Enseguida el evento se empezó a compartir muchísimo, los “asistiré” empezaron a subir. Existía un evento más en redes sociales, creado por una compañera que fue muy valiosa, Anniela. Nos pusimos en contacto y aunamos convocatoria. Organizamos reuniones previas para poder consensuar (y sobre la marcha ir aprendiendo) los puntos que queríamos visibilizar.

¿Cómo fue la primera marcha? ¿Hubo reuniones previas? ¿Fue masiva? 

Las reuniones previas fueron realmente heterogéneas, peronistas, radicales, militantes de izquierda, independientes, una verdadera sorpresa todo. El debate existió desde la primera reunión, siempre garantizando que la convocatoria se mantuviera como nació: independiente, y no por menospreciar a quienes se sumaban y si militaban en espacios partidarios, sino porque queríamos demostrar que una acción así, también podía salir de la sociedad civil, sin que sea excluyente militar dentro de partidos políticos. Así que mantuvimos algunas reuniones y el 2 de junio dimos una conferencia de prensa para invitar a la sociedad a participar. La marcha fue masiva y emocionante, tremendamente emocionante. El frente de la marcha con una sola consigna: “ni una menos”, detrás de la bandera de arrastre había familiares de víctimas de femicidio y quienes habíamos trabajado en la organización. Otra vez, todas las voces, rostros y representación de diferentes espacios, al frente. Leímos un documento que luego entregamos al ejecutivo.

¿Qué experiencias, anécdotas y recuerdos más simbólicos se te vienen a la cabeza cuando pensás en las reuniones previas al 3 y en el día de la marcha?

De las reuniones previas, la pluralidad que existía, la heterogeneidad. De la marcha se me vienen un montón de recuerdos que aun me movilizan. A modo personal y siendo sobreviviente de violencias, marchar con mis hijxs fue emocionante. La sensación de poder que construimos todas, caminando una junto a la otra.

Recuerdo otras situaciones, como la cantidad de notitas que nos acercaban pidiendo ayuda, o gente que nos paraba en el andar de la marcha para contarnos que su hermana, amiga, hija estaban atravesando una situación de violencia y nos pedían ayuda, cosa que nos hizo tomar conciencia de lo importante que era aprender sobre lo desconocido, lo necesario, como marcos normativos vigentes, articulación con instituciones que debían asistir, contener y asesorar, protocolos a los que había adherido la provincia y mas, mucho mas.

Una anécdota, que no es para nada emotiva, fue que al finalizar la marcha fuimos a mi casa la mayoría de las que habíamos organizado el evento y nos avisan que el Gobernador de la Provincia, Jorge Milton Capitanich, estaba dando una conferencia de prensa para responder el documento de la marcha. Respondió un documento/petitorio de solo 3 puntos que hasta ahora nadie sabe quien le entregó.

¿Cómo siguió todo después de ese 3 de Junio?

Luego de la marcha tuvimos que transitar esos caminos que hasta entonces eran desconocidos para muchas de nosotras, porque entendimos que si decíamos “no estas sola” debíamos acompañar a quienes necesitaran, pero siendo responsables y pensando cada paso que debíamos dar, sin revictimizar. Lo hicimos, empezamos a leer, debatir, pedir orientación a quienes ya trabajaban o militaban contra todas la violencias y eso hizo que empezara a crecer el número de casos que acompañabamos

¿Qué balance podemos hacer desde el 2015 hasta hoy?

Además de lo conquistado en términos legislativos, es evidente que hay una mayor información sobre las herramientas con las que contamos y las que debemos seguir defendiendo. Hoy por hoy las mujeres e identidades diversas saben que cuentan con leyes que protegen su derecho a una vida libre de violencias, tienen conocimiento de a qué lugares acudir y cómo deben ser atendidas. Esto no necesariamente significa que se haga, aún estamos peleando por capacitación para que los agentes estatales recorran el proceso que involucra la Ley Micaela, para que las compañeras reciban una atención con perspectiva de género que evite la revictimización o la invisibilización de sus reclamos, pero es evidente que hubo un despertar, una decisión de hacerse escuchar y hacer valer sus derechos. En cuanto a la sociedad, también notamos que hay un mayor compromiso, o tal vez menos miedo, y la vecina que antes cerraba la ventana hoy es la que llama al 911.

¿Qué avances en políticas públicas se pueden apreciar como resultado del movimiento Ni Una Menos? ¿Podríamos hablar de una mayor concientización en la sociedad?

Sin dudas, a partir del 2015 hubo intencionalidad, se traduce en la aprobación de leyes como la ESI, y por supuesto la IVE. Pero lo cierto es que continuamos peleando por la implementación efectiva, con presupuesto adecuado, una pelea muy difícil porque nunca parece haber plata para Género, y otra exigencia casi histórica es la de que se escuchen las voces de territorio, y que sus palabras sean vinculantes, que se respeten sus saberes y experiencias, y que las políticas de Género dejen de definirse puertas adentro de los despachos, habitados en su mayoría por varones.

¿Cómo continúa Ni Una Menos en contexto de pandemia y aislamiento? ¿Cómo afectó el aislamiento a las mujeres e identidades feminizadas en Chaco?

El contexto de pandemia y este aislamiento, que entendemos es necesario, acentuó y dejó totalmente expuestas todas las carencias estructurales que hacen que una mujer o identidad diversa se encuentre en estado de vulnerabilidad extremo. Quienes lamentablemente aún conviven con sus agresores, se encuentran en un camino mucho más difícil de transitar en la búsqueda de protección y justicia. La violencia económica a la que están sometidas muchas de ellas, también se potencia con la falta de políticas reales para poder acceder a derechos básicos. Entonces ahí hablamos no solo de un agresor sino de un sistema que sostiene la violencia machista desde medidas económicas insuficientes y políticas que muchas veces quedan en anuncios. Como en reiterados momentos de la historia, esta crisis provocada por la pandemia, también la estamos pagando con nuestros cuerpos.

No se puede decir Ni Una Menos si no se impulsan y ejecutan políticas reales que garanticen el acceso a la justicia, la vivienda, trabajo, salud, identidad, propios de una vida digna.

¿Cuáles son hoy los reclamos más urgentes de Ni Una Menos en Chaco?

  • Implementación efectiva del cupo laboral trans-travesti
  • Reforma Judicial Feminista
  • Acceso a vivienda y trabajo para aquellas compañeras que han debido abandonar todo para salvar su vida y, a menudo, la de sus hijes
  • Implementación efectiva de la ESI, para que deje de ser una cuestión de predisposición de los docentes, y se convierta en un eje transversal a todas las materias, incluyendo la perspectiva de género en carreras universitarias.
  • El cese de violencia económica de las corporaciones
  • Salarios por encima de la inflación
  • Vacunas para las compañeras que le están poniendo el cuerpo a la pandemia
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