No perder la memoria / Nora Cortiñas

El 19 y 20 de diciembre es volver atrás muchos años, son 20 años, ¿Dónde estaba? Estaba callejeando, denunciando y corriendo, como hice tantos años. Estábamos reunidos el 19 de diciembre en uno de los organismos, no recuerdo bien si era la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Buenos Aires, Argentina y todos lados era un desastre y estábamos programando acciones y cómo íbamos a seguir. En una de esas nos llega la noticia de que el presidente había declarado “Estado de sitio”. Yo no lo podía creer, no se podía creer, ¿qué pasaba? Habíamos dejado atrás la dictadura cívico militar eclesiástica, habíamos luchado, teníamos tantas víctimas, teníamos tantos desaparecidos muertos, tanta gente que se había tenido que ir al exilio. El país era un despelote total, un descalabro. Empezamos de boca en boca a convocarnos para ir a la Plaza de Mayo. Queríamos saber qué estaba pasando en el país, qué iba a pasar de ese momento en adelante. Y bueno, subimos a unas camionetas amontonados todos para ir hasta la Plaza de Mayo.
Llegamos y vimos el espanto. Árboles que los habían incendiado los militantes y la gente que había salido a la calle a rechazar el estado de sitio. Seguimos luchando. Creo que a la madrugada nos fuimos a dormir pero ya había muertos y toda una desazón total. La vida nuestra, la de las Madres, es estar en la calle permanente, ¿qué podía cambiar? Para nosotras nada. Seguir en la lucha, ir en socorro de la gente que sufría injusticia, arrimarnos y programar cómo íbamos a seguir. Desde que se llevaron a Gustavo mi vida no es la misma que era antes. La vida de una familia que tiene un hijo desaparecido cambia para siempre, después son idas y vueltas de la búsqueda, solo eso. El 20 de diciembre seguimos yendo a la plaza. Como nunca, ni en la dictadura cívico militar eclesiástica salvaje y asesina vimos lo que vimos ese día. La caballería arriba de la plaza empujando a las Madres de una manera violenta. Además de miedo, sentimos vergüenza. Vivimos la plaza, vivimos la desesperación de la gente. Después que nos sacaron con los caballos de la plaza fuimos volando a nuestra oficina en la calle Piedras, tuvimos que abrir la puerta para que entrara la gente y no los mataran ni los reprimieran. Seguimos la lucha y se agrandó la lucha, porque después estaban las familias de los chicos asesinados en esa embestida de lo que fue el 19 y 20 de diciembre. Esas familias vieron cómo su vida se transformó. Y ahí empezaron a dar vueltas alrededor del terror y la desesperación para ver cómo terminaba esa historia de la argentina. Quiero agradecer a Sudestada que, como revista, como editorial, como medio alternativo e independiente, siempre nos dio su apoyo, y pudimos leer sus notas con la ética por delante. Las ediciones que sacó Sudestada alimentó nuestra lucha, nos enriqueció. La vida de Hugo Montero la sigo respetando, aunque no lo conocí mucho, porque fueron tiempos de correr de estar en actividad permanente, sin registro a veces. Yo no me arrepiento de nada de lo que hice en esta lucha de 45 años, porque todo lo que hicimos las Madres salió del fondo del corazón, del amor a nuestros hijos y del amor que ellos le tenían al pueblo y a los miltantes. Luchaban con amor, luchaban para vencer, para cambiar el mundo, para mejorar la vida de un pueblo que siempre vivía oprimido. Gustavo y los 30 mil si nos ven seguir peleando a los 90, 92 o 96 años. Eso demuestra que la meta de las madres es tan intensa y tan grande que no pensamos hasta cuándo. Va a ser hasta cuando diga el destino, la salud o dios. Este texto es un abrazo a todos los que integran Sudestada. Cada uno en su puesto, en su lugar. Quiero brindarles todo mi amor, decirles que vamos a vencer, que vamos a poder decir todos los días ¡Hasta la victoria siempre! Porque estoy convencida que vamos a vencer. Decirle a Nacho y a las pibas y pibes que trabajan allí que enriquecen la mente y reaniman el espíritu de todos los que seguimos de cerca las publicaciones. Sigan así, que Hugo está presente. Que sus familias y nosotrxs somos parte de esa familia y vamos a seguir acompañándolos. Y agradeciéndoles siempre todo lo que hacen, y yo especialmente como Madre de Plaza de Mayo. En esta última Marcha de la Resistencia que fue un poco más corta que las de antes (las hacíamos de 24 horas porque teníamos menos años), las madres que quedamos vamos a recordar con cariño a algunas que ya no están entre nosotras. Les agradecemos mucho, vamos a seguir tomadas de la mano de ustedes y recordando a las víctimas, especialmente de ese 19 y 20 de diciembre, acompañando a los familiares. No perder la memoria es lo primero que tenemos que ejercitar. Mientras tengamos memoria ellos y ellas estarán presentes en todo lo que hagamos. Esta Antología es un homenaje a la lucha popular, al entusiasmo y al compromiso del pueblo para que tengamos un país digno para todas y todos los argentinos.

Compartí en tus redes favoritas

Leer anterior

Todo lo que callamos

Leer siguiente

El femicida mata, el Estado lo permite