Para la “memoria completa”, abran los archivos

Por Editorial Sudestada

Desclasifiquen, abran los archivos, que salga a la luz el ocultamiento del terror, la complicidad civil, la responsabilidad de quienes todavía miran para otro lado con las manos manchadas de sangre. Que la iglesia hable, que libere los documentos, que los genocidas que caminan en las sombras estén entre rejas, que podamos saber dónde están nuestras compañeras y compañeros detenidos y desaparecidos, que se reencuentre el abrazo con las nietas y nietos que estamos buscando. Desclasifiquen los archivos, destapen el silencio, que se sepa de los más de 800 centros clandestinos de detención, de los vuelos de la muerte, de maternidades clandestinas, de los fusilamientos, de la saña en sangre con insignia de general, de los “servicios”, de quienes marcaban casas y se escondían en el almacén, de los traidores, de los empresarios y el abrazo para asesinar.

Que se sepa toda la verdad del plan de exterminio de la última dictadura cívico militar, de los “grupos” empresariales que titulaban mimos al Poder miserable de la Junta. Que las catedrales abran las puertas y los documentos. Que los medios cómplices se hagan cargo de la sangre en las redacciones, de la prohibición ejecutada. Que jamás se olvide de la saña para asesinar, de los infiltrados, de las persecuciones que todavía se mantienen, los “secretos de Estado”, y el Plan Cóndor con libreto extranjero y accionar nacional.

Desclasifiquen los archivos, no es un pedido, es una necesidad, una búsqueda de reparación histórica, una lucha para que ninguno de estos cobardes con uniforme se nos rían de la impunidad, y los civiles cómplices gocen de la “limpieza comprada”.

Abran los archivos, destapen el silencio. Que la historia vuelva a quebrar al presente y que la lucha por los derechos humanos en nuestro país siga siendo ejemplo para el mundo. Por lxs que no están, por lxs que todavía buscamos, por lxs encuentros que se darán, por la Memoria, la Verdad y la Justicia, desclasifiquen y abran los archivos, que todavía queda mucha verdad y miseria por conocer y condenar.

Imagen: Emilio Mendoza

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