Pelearla desde adentro: qué pasa con la dirección de agroecología que creó el Gobierno

Acumula un año de funcionamiento y representa la contracara de una gestión que declaró esenciales a las fumigaciones. Su titular, Eduardo Cerdá, detalla en qué se está trabajando.

Por Patricio Eleisegui

Ocurrió en febrero del año pasado. Pero a esta altura de la pandemia parece que hubiera transcurrido un lustro. 
En la antesala de la proliferación del Covid-19 fronteras hacia adentro, y en franca contradicción con el aval al agronegocio basado en el uso de plaguicidas y la siembra de transgénicos, el Gobierno activaba la primera dirección nacional de agroecología. Una acción inédita en términos de política agrícola estatal y, para muchos en las filas de la producción sana, segura y soberana de alimentos, la posibilidad oficial de promover un cambio real en la matriz productiva. 
La expectativa se hizo extra grande en cuanto se conoció el nombre de quien asumiría la máxima autoridad en la flamante dependencia: el ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá, actor clave en la expansión de prácticas agropecuarias que promueven una disminución en el uso de plaguicidas, fomentan el uso de semillas de mayor calidad biológica, y entienden a la labor en el campo como una interrelación de actividades que exceden al monocultivo.
Fue el mismo Cerdá quien me anticipó, a comienzos de ese ahora lejano febrero de 2020, la creación de la dirección nacional. Por entonces, el experto ocupaba la presidencia de RENAMA, una red de promoción de la agroecología que, en estos días, nuclea a 180 productores, 85 asesores, 29 grupos y 35 municipios. Bajo el paraguas de esta organización suman 90.000 las hectáreas que respetan ese paradigma. 
Transcurrido un año y varios meses más, retomé el contacto con el director nacional de agroecología –oficializado recién el 10 de junio de este año– para ahondar en la labor realizada desde que comenzó a funcionar la dependencia.
“El indicador de lo que venimos haciendo está en el avance de la agroecología en este tiempo. Comenzamos por darle visibilidad a los productores que promueven el concepto. De esa forma, por ejemplo, dimos con casi 300 integrantes de 35 grupos de Cambio Rural que trabajan de esa forma y desconocíamos en RENAMA. Sólo en distritos como Roque Pérez ubicamos hasta 1.700 hectáreas que se hacen bajo agroecología”, comentó.
El relevamiento de los campos que producen de esa forma es una de las primeras tareas que, dijo Cerdá, comenzó a llevar a cabo la dirección nacional desde el primer momento. 
“RENAMA cuenta con 180 productores, ahora les añadimos los 300 de Cambio Rural y ya podemos hablar de cerca de 500 que promueven la agroecología. El programa impulsado por la provincia de Buenos Aires ubicó otros 400 en todo el territorio. Estamos hablando de un presente y una proyección muy interesantes”, agregó.

Hoy por hoy, detalló el funcionario, el accionar del área gira en torno a los siguientes nueve ítems y programas:

  • Censo de productores, municipios e investigadores. Identificación y visibilidad de las problemáticas que enfrentan estos actores, relevamiento de ordenanzas de fomento municipales.
  • Ley participativa para la actividad.
  • Documentación y exposición en los medios de comunicación.
  • Asesoramiento a municipios, desarrollo de mercados de cercanía y articulación con las actividades que desarrollos los productores de agroecología en Cambio Rural.
  • Programas de educación.
  • Programas de articulación entre la Nación y las provincias, apertura internacional.
  • Desarrollo de iniciativas de consumo consciente, certificación y sistemas participativos de garantía.
  • Ampliación de las escalas. Integración de productores para el desarrollo de un clúster agroecológico que promueve la producción de trigo, maíz, soja y carne.
  • Desarrollo de nuevas normativas y ordenanzas, provinciales y municipales, para el fomento de la actividad.

“Queremos tener por lo menos 60 municipios agroecológicos en el país. Un mínimo de 2 por provincia, 6 en el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) y 4 en las provincias pampeanas. Y alcanzar los 60 grupos de Cambio Rural, contar con más líneas de investigación. A nivel certificaciones vamos a apoyar a un grupo de 10 ferias distribuidas en todo el país”, expresó Cerdá.
En el intercambio se lo oye entusiasmado. Un ímpetu que se valora en tanto la dirección de agroecología plantea una modelo agrícola que va a contramano de las principales políticas que bajan desde el Ejecutivo. 
Recordemos que, desde el día 1 de la cuarentena de 2020 a esta parte, el Gobierno nacional incluyó y mantuvo al agronegocio que fumiga y siembra transgénicos en la nómina de actividades esenciales.
Soja y maíz manipulados genéticamente + glifosato pueden más que brote desbordado de coronavirus.
¿Se puede trabajar en la alternativa agroecológica siendo parte de un Estado que promueve suicidios socioambientales e, incluso, económicos, como el trigo transgénico HB4? “No he sentido ninguna presión por lo que hacemos. Estamos haciendo que la Argentina cambie su posición y empiece a tener una mirada más agroecológica. Por supuesto que todo lleva tiempo”, dijo el funcionario.
También, la presencia de la dirección puede rastrearse en medidas como el plan de promoción de la agroecología implementado por la provincia de Buenos Aires a mediados del año pasado, la labor junto a Cancillería en el Consejo de Seguridad Alimentaria de la FAO en la presentación de otra mirada productiva de la Argentina, y la concreción del proyecto de ley de fomento de este tipo de producción que el oficialismo acaba de presentar en Diputados.

Ley nacional de agroecología
Respecto de la propuesta legal a la que hizo referencia Cerdá, el eventual marco establece pautas de lo que considera producción agroecológica como, por mencionar algunos ítems, “producción diversificada, sustentable y sostenible de alimentos sanos y otras producciones primarias”, y la no utilización de “productos químicos de síntesis (plaguicidas, fertilizantes, hormonas, etc.) y organismos genéticamente modificados”.
Pone como aspecto clave “la preservación, restauración y aprovechamiento sostenible de especies y hábitats nativos locales”.
También propone la consolidación de un compre estatal en las zonas donde se compruebe la disponibilidad de producción bajo este paradigma. Y señala que la autoridad de aplicación deberá ocuparse de generar espacios para esa producción en el mercado interno e internacional.
La potencial ley, presentada por Leonardo Grosso y José Ruiz Aragón, prevé “incentivos fiscales y acceso al crédito” para aquellos productores que procuren sostener o mejorar sus procesos productivos. Pegado a esto, se señala la creación de “mecanismos de seguro económico” para aquellas explotaciones convencionales que decidan migrar al modelo agroecológico.
“La autoridad de aplicación promoverá la certificación de las producciones agroecológicas a través de un sistema participativo, de manera de asegurar la certificación en procesos y productos de circulación nacional”, se expone en el artículo 10. 
En otro de sus apartados fija al Ministerio de Agricultura de la Nación como autoridad de aplicación y contempla la creación de un programa “de Fomento de Investigación, Extensión Rural y Experimentación”. En cuanto a lo primero, la elección no se entiende dada la existencia de una dirección nacional. 
Ya el artículo 22 del texto anticipa la “Creación del Fondo Nacional de Fomento a la Agroecología”, con “recursos provenientes del Tesoro Nacional que le asigne el Estado Nacional” para financiar la “adquisición de bienes y servicios”, la “promoción de actividades”, la “realización de cursos, estudios e investigaciones”, los “gastos de personal” y la generación de “incentivos directos e indirectos, créditos y seguros”.
De resultar aprobada, quedará por resolver el presupuesto que se destinará a su aplicación y otros aspectos como la provisión de insumos y semillas no transgénicas a los productores, o los criterios de uso de suelo para, en concreto, estimular la variedad e interrelación de actividades productivas que distingue a la agroecología.

Apicultura y agrotóxicos
De regreso con Cerdá –quien renunció a la presidencia de RENAMA en cuanto resultó nombrado en la dirección nacional–, el funcionario mencionó a la apicultura agroecológica como una de las actividades que viene apuntalando la dependencia que encabeza.
“La estamos fomentando en provincias como Catamarca y, por supuesto, Buenos Aires. Estamos trabajando con (los municipios de) Mercedes, Marcos Paz, Roque Pérez, Guaminí, para sacar ordenanzas fuertes que expandan esta forma de hacer apicultura. Se evalúa hasta bonificar a los productores que den lugar a las colmenas”, expresó.
“Roque Pérez tiene 1 colmena por cada 29 hectáreas, mientras que en Guaminí hay 1 cada 8. Hay que respaldar a los apicultores porque eso implica crear más trabajo. Ya pasar a 1 colmena cada 10 hectáreas, en los lugares donde no está expandida la apicultura agroecológica, generaría una mejora económica”, agregó.
Cerdá aportó un dato que, relacionado con la producción de miel, aporta otra confirmación del impacto negativo que generan los agrotóxicos cuando son liberados en el ambiente: por la escasez de flores y plantas en general, el rendimiento promedio de las colmenas bonaerenses bajó de 40 a 20 kilos con la consolidación del modelo transgénico. 
¿Qué tanto se puede promover la actividad en un contexto de fumigaciones permanente?, pregunté. El ingeniero agrónomo anticipó que, en combinación con el SENASA, la dirección trabaja en la implementación de un sistema de alerta temprana de pulverizaciones cerca de áreas con lotes y colmenas agroecológicas.
“Quien quiera utilizar un determinado producto deberá subir los datos a esa aplicación. Deberá cargar la receta, el detalle del agroquímico que utilizará, cuántas aplicaciones realizará. Eso generará un aviso que les llegará a los productores agroecológicos para que, por ejemplo, resguarden las abejas”, dijo.
El funcionario señaló que la “app” permitirá, también, tener precisiones de la toxicidad de los pesticidas que se estén aplicando en los territorios de producción agrícola intensiva. Sostuvo que, a partir de esos datos, también se podrían definir nuevas regulaciones.  
“Queremos ser soberanos en la producción alimentaria. Que todo lo podamos producir nosotros como país, poniendo por delante la cultura de las comunidades para generar alimentos frescos, sin conservantes. Con perspectivas de trabajos en grupos para ayudar a cada productor. Y que ese mismo productor se haga responsable de lo que produce y comparta ese conocimiento con los demás. Privilegiando lo local, lo regional. Este es otro modelo y lo estamos promoviendo cada vez más”, completó Cerdá.
La propuesta en tanto alternativa está. 
Y se escurre como vertiente inquieta entre las grietas que deja el agronegocio del transgénico y el paquete de venenos. Que es caja política y sostén de campañas, sí. Pero también cosecha un rechazo creciente al compás del desastre sanitario y ambiental que provoca su predominio. 
Falta mucho, reconocen las voces que encabezan la cruzada por la agroecología en la Argentina. Pero menos que ayer. Y eso, en medio de la tormenta diaria de pálidas, agachadas y reveses, por supuesto que es una buena noticia.

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