Pesca ilegal: entre la depredación extranjera y la complicidad política local

El saqueo suma más de dos décadas y, chinos a la cabeza, se acrecienta año tras año. La inacción como política de Estado, gobierne quien gobierne.

Por Patricio Eleisegui

Siguen ahí. 

El grueso llegó en diciembre, de a puñados, a través del estrecho de Magallanes. Previa depredación en Galápagos, luego frente a Lima, más tarde en aguas chilenas. Otros se sumaron desde el mismo Atlántico tras jugar a las escondidas en el puerto de Montevideo. Uruguay permite: no revisa la carga en bodegas, tampoco las condiciones de vida en las embarcaciones y hasta premia con exenciones impositivas que no reciben ni los mismos pescadores charrúas.

Hoy se amontonan en la milla 201 del Atlántico Sur, límite legal con la zona económica exclusiva de la Argentina. En una línea frente a Comodoro Rivadavia. Son más de 300 navíos que integran una flota plurinacional: aunque predominan los buques chinos -45 por ciento de las unidades-, también es abundante la presencia de embarcaciones coreanas, taiwanesas y españolas. Hace tres semanas sumaban 500. 

El objetivo principal es uno: depredar la última gran reserva de calamares que subsiste en el planeta. En el camino también se permiten capturar tiburones, mantarrayas y merluzas. Los delfines son utilizados como carnada. Aunque la pesca de esa especie en particular está prohibida en casi todo el mundo. 

Las técnicas que utilizan abrazan la idea de arrasarlo todo. Milko Schvartzman es experto en conservación marina, colaborador del Círculo de Políticas Ambientales y fue asesor en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) entre 2011 y 2015. En una charla reciente me detalló los métodos que aplica la flota, con particulares diferencias según la bandera.

“Los poteros chinos realizan una pesca algo más selectiva, con foco en el calamar. Utilizan luces para atraer al plancton, que es alimentación clave para la especie. El calamar lo sigue casi hasta la superficie y es atrapado mediante un sistema de poleas, dotado con anzuelos triples, que enganchan al ejemplar sin siquiera utilizar una carnada. Una vez subido a cubierta, el calamar es cortado en trozos o va directo como está a la cámara de refrigeración”, precisó.

Los navíos coreanos imitan a los chinos en cuanto al procedimiento. Por su parte, los taiwaneses dicen presente mediante navíos denominados “palangreros”. Apelan a líneas que se extienden por kilómetros. “Una línea puede llegar a medir 20 kilómetros. Cuentan con anzuelos y carnada cada dos o tres metros. Es una pesca por demás de destructiva: los anzuelos atraen a todo tipo de especies. Pingüinos, albatros, tortugas marinas, además de cualquier variedad de pez, suelen ser víctimas de estas líneas”, cuenta Schvartzman.

Pregunto qué hacen los españoles. El detalle es igual o peor al de los otros integrantes de la flota. “Operan con redes de arrastre que capturan todo a su paso. Llevan a cabo una depredación terrible. Merluza común, merluza negra, que es una especie protegida, abadejo, calamar, arrasan con todo en su paso con las redes. Con menor volumen de buques generan el mismo impacto que los chinos. Muchos dueños de las flotas son españoles multimillonarios que viven en Montevideo”.

Chinos y europeos no llegan a estas latitudes de casualidad. Lo hacen apadrinados tanto por la Unión Europea como por el gobierno que encabeza Xi Jinping. Uno y otro actor subsidia el combustible de estos barcos. El objetivo siempre es económico. En el caso de los asiáticos también se destaca la violación permanente de los derechos humanos a bordo.

Capitaneados por chinos, la mayoría de los trabajadores subidos a los poteros son filipinos, africanos o indonesios. Los registros de abusos son extensos: inspecciones de organismos internacionales han constatado casos reiterados de desnutrición, pagas inexistentes e incluso torturas físicas en varias tripulaciones arribadas a Montevideo. 

El desastre humano se funde con el ambiental. Schvartzman dice: “El calamar es el alimento principal de especies como la merluza común. Pero también es importante en la alimentación del cachalote, los pingüinos y muchas otras variedades de la fauna marina. Esta presión terrible que ejecuta la flota viene generando una catástrofe. Junto con el plancton, el calamar es la base de toda la cadena alimentaria del Atlántico Sur”.

Foto:  Milko Schvartzman

“A la par también hay un daño económico para el país. Los calamares que se descargan en Montevideo. Ahí mismo pasan otros barcos de carga, contenedores, que luego tienen como destino la Unión Europea y los Estados Unidos. En esos mercados muchas veces se comercializa como ‘Made in China’ el calamar que se pescó de forma ilegal en la Argentina”, agrega.

¿Cuánto pesca la flota foránea? Alrededor de 500.000 toneladas al año. Sólo de calamar, conviene aclarar. No hay estimaciones respecto de cuánto más se llevan de otras variedades marinas. El número correspondiente al calamar representa casi el triple de lo que extraen los barcos argentinos en la misma zona del Atlántico Sur. Convertido en divisas, el impacto económico es del orden de los 1.200 millones de dólares anuales.

La pregunta obligada es qué hace Argentina en tanto Estado ante un saqueo que se produce cada año desde hace algo más de dos décadas. Schvartzman señala que la legislación local apenas si establece multas para los barcos que osan atravesar la milla 200 para depredar en aguas locales. 

La sanción más dura no supera los 150.000 dólares, cifra que las empresas reúnen en menos de una semana de actividad pesquera. Porque sí: cumplido el procedimiento de apresar el navío –cuando ocurre, una rareza dado el despliegue simbólico que a veces lleva a cabo la Prefectura– y aplicada la pena económica, la normativa vigente establece que barco, tripulación y oficiales deben ser dejados en libertad. Y los poteros vuelven a lanzarse sobre el calamar. En la misma zona. Siempre con la intención de, en algún momento, activar sus poleas y anzuelos en la zona económica exclusiva.

¿La diplomacia argentina se ha expresado con fuerza ante esta vulneración permanente de la soberanía? Dada la relación comercial cada vez más intensa con China ¿las autoridades reclaman o reclamaron el cese del saqueo económico y la destrucción ambiental? La respuesta es negativa. 

Los gobiernos transcurren, las políticas de Estado permanecen. Entre ellas se destaca la de no perturbar a quienes aportan financiamiento fresco –sin mirar a quien– y absorben el grueso de la producción de materias primas exportables que distingue a la patria extractivista. 

Hay un dejar hacer. Gubernamental, claro. Que ya suma, como se dijo, más de dos décadas. Banderas políticas yendo y viniendo. 

Los barcos siguen ahí, como ahora. 

La política de no inquietarlos demasiado es otra confirmación de que la grieta, en estos y otros ítems ambientales, carece de profundidad real. Blindar las siempre temblorosas arcas oficiales es la máxima dominante. Todo lo demás es anecdótico. Casi submarino. Como la pesca ilegal.

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