Qué hará tu hijo

Hace unos días me crucé mal en un grupo de WhatsApp de la facu con un compañero que divulgaba propaganda con discursos de odio, un pibe de veinte años al que pareciera haberle devorado el sentido común el discurso que consume en los espacios donde practica su religión. En el norte, la avanzada de la iglesia es tan notoria, que uno puede tranquilamente estar sentado junto una persona que afirma cosas como que venís a meterte con su familia.

Por Juan Solá

Uno arma su burbuja digital y piensa que el mundo, de un día para el otro, se convirtió en un lugar mejor. La gente que nos rodea piensa como nosotrxs y reacciona a nuestros logros y nuestros cotidianos como si se tratara de nosotrxs mismxs. El sentido de comunidad se afianza de la manera más peligrosa posible: nos disocia del acto de cohabitar el territorio. En internet, la distancia significa otra cosa. Pero estar sentado en el pupitre de al lado de una persona que piensa que por mi culpa Dios está castigando a la humanidad, me parece algo, cuanto menos, surrealista.
El otro día pensaba en una amiga de la escuela que siempre se juntaba a mirar pelis con nosotros los fines de semana. Empezó a ir seguido a la iglesia porque en su casa, su mamá y su papá se peleaban todo el tiempo. La iglesia contiene a muchas criaturas y adolescentes que pasan por esa. Una mañana, en la escuela, nos encontramos en el recreo y me dijo que ella me quería mucho, pero que no nos podíamos juntar más porque yo me iba a ir al infierno. Lo que me dijo fue tan terrible que lo único que me salió hacer fue reírme a carcajadas y ella hizo lo mismo. Nos reímos del horror como si fuéramos nenes en la playa, pero ella nunca más vino a mirar películas con nosotros los fines de semana.
Pensar que ahí afuera hay gente enseñándole a odiar a otra gente es una cosa que no me entra en la cabeza. Agustín Laje preguntó en Twitter en qué sentido las personas LGBT están excluidas y son víctimas, si reciben tanto apoyo internacional, donaciones de millonarios y celebración por parte de la industria cultural. Laje pregunta eso porque piensa que somos víctimas, aunque nosotrxs sepamos que somos sobrevivientes. Laje pregunta eso porque está convencido, como tanta gente con mucha llegada al público, que de alguna forma estamos elucubrando un plan para adueñarnos de sus hijos y sus hijas cuando lo cierto es que todo esto se reduce a preguntas mucho más pequeñas.
Me pregunto qué hará tu hijo cuando se encuentre con un nene de su edad, bien maricón, en el aula, en la plaza, en el club. Me pregunto cuándo empezará todo: ¿cuando le oiga hablar? ¿cuando le vea patear una pelota de fútbol por primera vez? ¿cuando perciba que prefiere los juegos tranquilos, la compañía de otras niñas?
Me pregunto cómo empezará todo: ¿le hará algún gesto? ¿le llamará maricón frente a otros niños? ¿le golpeará directamente?
Me pregunto cuánto tiempo soportará el otro niño la humillación. Me pregunto si se atreverá a contárselo a sus padres, si podrá confiar en ellos. Me pregunto qué rincones de la escuela escogerá en los recreos para jugar tranquilx. Quiero decir, ¿dónde jugarán las infancias que el Señor no ama?

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