¿Qué sabemos de la ESI intercultural?

En el año 2006 en Argentina se sancionó la Ley N° 26150, que establece el derecho de niñes, niñas, niños y adolescentes a recibir Educación Sexual Integral (ESI). Se creó, a su vez, el Programa Nacional de ESI para garantizar el acceso a este derecho en todas las escuelas. De esta manera, el Estado Nacional reconoce la necesidad de asegurar la transmisión de conocimientos confiables y actualizados en torno a la identidad, la sexualidad, las relaciones entre las personas, para lograr la promoción del conocimiento y actitudes responsables. Se esperaría, entonces, que la educación, como herramienta transformadora y emancipadora, contribuya a la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.  Sin embargo, muchas veces las y los docentes nos encontramos frente a la siguiente pregunta: ¿Debe ser la misma ESI en todas las culturas y en todos los contextos?

Por Julieta Antonelli*

En el año 2021 escuché una conferencia llamada “Al reencuentro de nuestra historia para construir otros caminos” en el 2° Congreso Virtual de Educación Ambiental. En ella, una mujer del pueblo Qom, Marina Vanesa Barrientos, habló acerca de la sabia y respetuosa relación de las personas de su comunidad con la naturaleza. Estas palabras me dejaron pensando, pero hubo una idea que me estalló en la cabeza y que no pude olvidar. Marina dijo que el cuidado del entorno natural incluía el conocimiento del propio cuerpo, y que la educación sexual integral no siempre tenía en cuenta la perspectiva indígena. Un año después, en una reunión para organizar diálogos interculturales entre pueblos indígenas y el Gabinete Nacional de Cambio Climático, tuve la oportunidad de conocerla personalmente. En una larga y hermosa conversación, respondió las preguntas que todo ese tiempo me dieron vueltas en la cabeza y que me hicieron repensar mis prácticas docentes. 
En esta entrevista, Marina Barrientos -Licenciada en Enfermería e integrante del equipo técnico del Programa Provincial en Salud Integral en Géneros, Diversidades y Derechos Humanos de la Subsecretaría de Salud Comunitaria del Ministerio de Salud Pública del Chaco- nos habla de la educación sexual desde el punto de vista de la Educación Bilingüe Intercultural Indígena. 

Teniendo en cuenta que tu formación de base es en enfermería y no en docencia ¿cómo fue que te vinculaste con la ESI?
En el ejercicio de mi trabajo diario muchísimas veces me encontré con injusticias cometidas contra los cuerpos de mujeres, niños, niñas y adolescentes. A su vez, pude ver cómo la cosmovisión y la cosmogonía indígena era menospreciada y silenciada. Surgió en mí la pregunta, ¿qué hago yo para que esto no siga ocurriendo? Es así como yo me di cuenta de que se necesitaba una coordinación y un trabajo conjunto entre salud y educación, y que la Educación Sexual Integral podía aportar en el reconocimiento y respeto de nuestros cuerpos, y reconstruir nuestra identidad ancestral. Así que me contacté con docentes bilingües trabajando en territorio y armamos una red de trabajo.

¿Por qué hablás de reconstrucción de la identidad?
Porque vivimos en Colonia Aborigen, pero es un territorio ancestral sagrado llamado Napalpí, donde hubo en el año 1924 una terrible matanza de mis hermanos y hermanas por parte del Estado. A partir de ese momento, la cultura de los pueblos de la zona fue silenciada. Por ejemplo, yo no soy hablante del idioma Qom, aunque por mis venas corre sangre indígena. Hace muy poco la jueza federal Zunilda Niremperger incluyó el hecho en la categoría de delito de lesa humanidad, con lo cual se inició una investigación para lograr la reparación histórica y simbólica para las comunidades. Tengo la convicción de que la educación sexual tiene mucho para aportar en relación a la identidad indígena, porque nos habla del respeto y el valor de cada persona como es.

¿Cómo se aborda la educación sexual desde la interculturalidad?
La idea principal de la interculturalidad es que ninguna cultura está por encima de la otra, todos y todas caminamos en este círculo hacia una justicia social. Desde el punto de vista de la salud nos habla de que, como no somos todas y todos iguales tenemos que pensarnos en las diferencias y buscar la armonía. Bajo este enfoque se reconoce el conocimiento científico indígena que incluye el canto, la voz, la naturaleza, nuestra interacción, nuestras ancestras, las plantas medicinales y la vida espiritual. Este conocimiento se transmite a través de la oralidad, y son las docentes bilingües, quienes lo están recuperando. 

¿Se usan los cuadernillos que llegan a las escuelas?
Se usan poco porque no siempre contribuyen directamente a desterrar el racismo colonial. No le hablan a mis hermanos y hermanas.

¿Cómo es eso?
Bueno, por ejemplo, cuando nos hablan de alimentación saludable, nunca se incluyen los frutos que recogemos en el monte, siempre hay bananas y manzanas, pero de las plantas que nos rodean y que usamos como alimento y medicina, nada. En uno de los textos decía que cualquier duda que una joven tenga acerca de su menstruación lo debe hablar con el profesional de la salud. Sin embargo, nosotras hablamos del tema durante siglos con nuestras abuelas, tías y madres; siempre en un ambiente de confianza y de cuidado. Ellas nos vienen enseñando a cuidar nuestros cuerpos, que consideramos sagrados. Yo volví a hablar con las mujeres de mi familia luego de recibir la educación universitaria acerca de estos cuidados y de nuestra espiritualidad, y fue realmente sanador para mí. 

¿Cómo ves el futuro de la juventud en tu comunidad?
Creo que el futuro es de las mujeres protectoras y guardianas de la naturaleza. Ellas son las que van a conectarse con los espíritus del monte, van a reconstruir nuestra identidad y van a levantar un mundo más justo para toda la humanidad. 

Marina me mostró una nueva forma de entender la interculturalidad. Me abrió la puerta de un mundo en el que la humanidad es parte de la naturaleza, en donde el tiempo y la ancestralidad se entrelazan con el territorio, y en el que los cuerpos y las relaciones son sagradas. Pensar la educación sexual integral bajo esta perspectiva me da esperanza en la construcción de un futuro menos injusto.

*Texto en colaboración con Agenda Feminista, revista cultural con perspectiva de género.

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