San Luis: “Se nos quemó el patio”

Por Carina Laura Díaz

Se nos quemó el patio. Se nos quemó el monte. Casi se nos quema el alma. Nos quemaron el patio. Nos quemaron el monte. No pudieron quemarnos el alma.
Otro año más en que el pueblo se nos prende fuego y lo tenemos que apagar con un balde y un chicote de jean viejo. Los vecinos y los bomberos. Sin agua desde hace dos años, la peor sequía de los últimos cincuenta años esparció pólvora en las lomas, resecó las pajas hasta convertirlas en teas espontáneas que se prenden antes de que el fuego siquiera las toque. Y los pozos, secos. Las aguadas, vacías. Los arroyos, hilitos de agua.
Todos los años, alguien se arroga el derecho de abrir la puerta del infierno, y nunca se los encuentra, nunca sufre las consecuencias penales, no hay justicia para el monte nativo. El año 2022 en San Luis se quemaron 98 000 has. Este año, solo en el incendio del 21 de agosto se quemaron 9500. 9500 hectáreas es un montón, y eso se multiplica por millones si contamos cada molle, cada caldén, cada hornero, zorro o ciervo que se murió el lunes porque unos boludos prendieron fuego.
Más del 95 % de los incendios forestales son provocados. Los bomberos nos cuentan que es muy poco probable que un incendio sea espontáneo. Tampoco podemos ser tan inocentes de pensar que estos eventos son fruto de “un loquito incendiario”. Habrá, sin duda, algunos. Pero no podemos obviar la ignorancia (prender para que crezca el pasto), los negocios inmobiliarios (tierra arrasada es barata), los seguros de riesgo de los terratenientes, los intereses políticos (perjudicar a opositores) y otras circunstancias igual de turbias.
Se nos quemó el patio. Se nos quemó el monte. Pero no pudieron quemarnos el alma porque nos salvó la solidaridad. La ayuda de vecinos y turistas (era finde largo), dirigidos por los bomberos, organizándose para acarrear agua, para remojar trapos, para llevar fruta, para llevarse a los niños y distraerlos para que no lloren. Tiznados, ahogados, llorosos, abrazados con el otro, sin saber a ciencia cierta si cada uno podría dormir en su casa esa noche, nos salvamos. Todos juntos, nos salvamos. Porque del infierno, se sale  entre todos o no se sale.

*Las fotos fueron registradas por Eliana Canduci

*Carina Laura Diaz es docente rural, vecina de El Trapiche.

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