Un viaje de amor para sobrevivir

La Ley 26.618 de Matrimonio Igualitario fue conquistada la madrugada del 15 de julio del 2010 cuando la Cámara de Senadores emitió la media sanción que faltaba para que la Argentina se convirtiera en el primer país latinoamericano en aprobar la unión de parejas del mismo género. Una lucha que había comenzado en los años noventa, y que tuvo su primera victoria esa noche cuando se transformó en un derecho conquistado en la calle y a la vela de una espera que parecía interminable. Desde ese día memorable han pasado diez años. ¿Cuántas historias de amor afloraron de ese triunfo?

Por: Micaela Arbio Grattone

Nani le esquivaba la mirada a Ari cada vez que se cruzaban en los pasillos, pero aún así la veía. Ari evitaba a Nani cuando caminaba apresurada por las escaleras para llegar a la próxima materia, pero aún así la sentía cerca. Todavía no sabían la historia que les esperaba, pero ya estaban unidas. Transcurría el año 2011, y la toma en la Universidad Nacional de Artes (UNA) era inminente. Las clases habían comenzado y tenían un plazo corto de duración para el primer año de su cursada en la Licenciatura en Artes Audiovisuales. Habían elegido la misma carrera y, años después, elegirían la misma vida.

Un cálculo torpe de Nani y un vino como regalo anticipado al cumple años de Ari fueron los motivos que concretaron el primer encuentro un año después de haberse conocido. La noche de Palermo, el alcohol y la música dieron el puntapié inicial para que el destino haga de las suyas y les dé la oportunidad de besarse con el temor de quien enciende un fósforo para prender un fuego que nunca más podrá apagar. Esa madrugada sería testigo de su primera aventura y la última en encontrarlas juntas por un largo tiempo.

Primer entretiempo

Lo que continuó fueron lapsus, espacios en blanco, entretiempos en donde ambas viajaron por sus mundos personales o por distintos puntos cardinales: el Sur, Córdoba y Uruguay fueron algunos de los destinos que le colocaron una pausa al relato. Hasta que en 2016, un martes cualquiera en la Sede de Salguero de la Universidad, el futuro empecinado las puso en el mismo lugar. “Un compañero me miró y me dijo ‘¿Qué estás haciendo?’. Le contesté: ‘¿Ves esa chica que está sentada al final contra la pared? Es el amor de mi vida’, cuenta Ari años después. Para Nani: “su pelo, su risa y su jean fueron todo lo que estaba bien”.

El primer capítulo de este cuento se escribe con la timidez que esconde un susurro. Ese instante suficiente para entablar una nueva primera charla que aparenta ser casual, pero que poco lo es. Como si nunca se hubiesen pensado. Como si ese deseo que hace tiempo les recorría el cuerpo jamás hubiese existido. Nani, nerviosa, esperó a Ari sentada en el pasillo leyendo un libro y simulando un encuentro casual. “Ay, qué loco, nunca te ví”, se dijeron.

Entraron al aula, se sentaron juntas y charlaron de pavadas. Se fueron a casa sin despejar los ojos de las pantallas de esos teléfonos que pedían a gritos un mensaje de Whatsapp que tardó varios días en llegar. ¿Cómo se le pone palabras a lo que explota desde adentro?

Meses después de que comenzaran a estar juntas, Ari decidió cambiar de casa y Nani ya no pudo despegarse de ella, hasta el día en que se enteró que la mujer de la que hace pocos meses se había enamorado pensaba viajar por el mundo. Lo único que pudo pensar ante la noticia fue que su relación tenía fecha de vencimiento. Pero cuando una marea decide hacer fuerza, no hay quien pueda parar ese aluvión y así fue entre ellas. Pronto llegaron los deseos de viajar juntas y una propuesta de casamiento que se concretó el 7 de febrero de 2018 a las 13.30 en el registro civil número 6 de Parque Centenario.

Nani estaba muy nerviosa porque nunca había hablado con su abuelo sobre sus parejas. Él no sabía que su nieta era lesbiana. Para su asombro y felicidad, un día él la llamó y le dijo: “Nana, nos vemos el Miércoles. Me alegra tanto. Saludos a Ari”.

Una aventura para sonreír

Después de elegirse, ambas renunciaron a sus trabajos y vendieron todo, pero la fecha de partida rumbo a Misiones, el primer destino, se hizo esperar un poco a raíz de que en Argentina sucedió uno de los eventos feministas más importantes del 2018: el tratamiento del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Finalmente el 10 de agosto dejaron Buenos Aires con el triste sabor de quien se está yendo de un país en donde las personas con capacidad de gestar no son libres de decidir sobre sus cuerpos. Lloraron mucho.

Nueva Zelanda, Australia, Indonesia (Bali y las Islas Gili), Singapur, Malaysia, Tailandia, Vietnam, Camboya, Sudáfrica, Inglaterra son algunos de los destinos que recorrieron realizando voluntariados en cada visita. Esta modalidad es conocida como Workaway y le permite a muchxs jóvenes conocer nuevos horizontes sin pagar comida u hospedaje.

Ellas comparten sus historias de viaje en sus redes sociales (@nenaslibres). Todas las semanas publican cada experiencia nueva que atraviesan. Hace casi dos años que viven así y han pasado de una experiencia increíble a otra mejor. Cuidaron nueve perros y dos ponis, manejaron lanchas y tractores, festejaron un cumpleaños en una limousine, vivieron en un departamento hermoso y en una casa en un árbol. Enseñaron inglés en escuelas de Hanoi, cultivaron ajos orgánicos, fueron a un casamiento vietnamita, nadaron con plankton en medio del mar, juntaron basura plástica en playas y arrozales balineses, se resistieron a la coima fronteriza, pasaron seis meses en una isla paradisiaca y escucharon leones, tigres y panteras desde una carpa en Sudáfrica.

Hace unas semanas ellas contaron en su cuenta de Instagram que algunas personas les cuestionaron la forma en la que ellas muestran su vida. Les remarcaron que no todo es “placentero y fantástico” y les exigieron que se reflejen un poco más reales en sus fotos y videos.

Estas “nenas libres” hoy se ríen de quienes intentan trazarles el camino. Se burlan de aquellos y aquellas que justificaron su voto negativo a Ley de Matrimonio Igualitario. Le hacen pito catalán a quienes decían que los gays, las lesbianas y las y los trans no eran personas normales y que, por eso, no merecían los mismos derechos que las y los heterosexuales. Nani y Ari materializan hoy la unión de dos mujeres que no esperaron el visto bueno de la Iglesia Católica para quererse, como pedían en el 2010 y siguen pidiendo. Hoy miran hacia atrás y sonríen con la confianza de saber que las fuerzas de soñar, como lo hicieron quienes esperaban la aprobación del proyecto esa madrugada del 15 de julio, es lo último que se pierde.

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