Violencia digital: el abuso detrás de un clic

La violencia digital es otra de las tantas que recibimos. Se suele pensar que porque no es en el mundo sensible (“el real”) entonces no existe o es menos importante. Sin embargo, en estos últimos años se hizo evidente que necesita de nuestra atención. Poco sabemos del lugar en el navegamos tantas horas por día y los cuidados que podríamos tener. Nadie nos enseña en la escuela que los extraños también nos pueden acosar en las redes sociales, ni que el hostigamiento está a la vuelta de la esquina, esperando que toques el botón de encendido. Mucho menos, que un extraño pueda robarnos las fotos que compartimos en  nuestras redes para subirlas a una página porno. 

Por Florencia Da Silva

Eso mismo le pasó a Rocío (nombre ficticio para preservar su identidad). Un conocido le avisó por mensaje que una foto de ella aparecía en Poringa, una página porno. En la plataforma cualquier usuario puede compartir imágenes e información. Rocío no sabía nada. Busca en la web y se encuentra. Aparece con su nombre y la localidad donde vive. Un perfil de Poringa creó un álbum con sus fotos. Las robó de su muro de Instagram. “Con la excusa del tatuaje le encanta mostrar el orto”, escribe a modo de descripción de sus fotos. Hay usuarios que preguntan quién es, piden que pase el Instagram de la chica. Y así lo hace, comparte su arroba. A Rocío le empiezan a llegar notificaciones de varones que no conoce.  Ella tenía su cuenta pública, no sabe si quien robó sus fotos es un conocido o alguien que encontró su cuenta navegando por la red social. En el perfil del usuario que difundió sus fotos, hay otras cientos de imágenes de otras chicas de la misma localidad que ella. Rocío solicitó que eliminen sus imágenes. Las borraron. Denunció la página con Google pero hicieron nada.
Todavía quedan miles de mujeres, adolescentes y niñas expuestas sin su consentimiento. Hay varones que, como están en Mejores Amigos de Instagram, tienen acceso a otros tipos de fotos que se suelen subir con esa opción de la red social, y las comparten. Hacen trueque. Cambian fotos por videos. Videos por información. También hay otros que sacan fotos de mujeres y niñas que conocen sin que ellas se den cuenta. Uno de ellos, comparte las de “su sobrina”. En su cuenta relata que la sobrina de su esposa cumplió 18, que “se está poniendo muy linda” y que la deja subir primero al colectivo así la puede mirar de atrás. 
La página Poringa es libre y gratuita. No hace falta registrarse para usarla y se puede subir cualquier tipo de contenido sexual sin que haya ningún tipo de censura. La gran mayoría del contenido son imágenes robadas y sin autorización de la persona. Y como si esto no fuera suficiente, denunciar estas cuestiones es muy difícil ya que no lo consideran un delito penal. El año pasado, en la provincia de Neuquén se desestimaron 19 casos de jóvenes que realizaron denuncias por la publicación de sus imágenes en Poringa. 

¿Es legal?
Se lo preguntamos a Julieta Luceri, Directora Ejecutiva de Fundación Activismo Feminista Digital y explicó: “Nada de lo que suceda fuera de nuestro control respecto a nuestra imagen es legal. Es decir, si no hay consentimiento expreso por parte de la titular de esa imagen para que la misma sea utilizada, en principio es ilegal. El problema que se presenta en este caso son los vacíos legislativos y las dudas que pueden presentarse cuando se trata de la reproducción de nuestra imagen en el espacio virtual. Actualmente, no hay una ley en Argentina que prohíba la difusión no consentida de material íntimo”.
Y agregó: “Esto es simplemente una contravención en Ciudad Autónoma de Buenos Aires; y esta semana también lo incorporó Chaco en su Código contravencional. Pero en estos casos la constitucionalidad de estas figuras está cuestionada y no hay una solución integral y adecuada a la problemática que afecta a mujeres de todo el país”.
No hay una protección directa y efectiva. El artículo 118 del código penal se refiere a los delitos contra la integridad sexual, pero está enfocada al ciberacoso hacia las infancias y la difusión de imágenes de menores desnudxs. Según aclaran desde Activismo Feminista Digital, lo mejor es hacer la denuncia, aunque ante la justicia habrá que buscar caminos alternativos para encuadrar la investigación: “Para denunciar es importante que conservemos la evidencia digital: toda la prueba que podemos aportar a una denuncia: mensajes, enlaces, posteos. Las capturas de pantalla no son suficientes, por lo que conocer cómo resguardar esta información es fundamental”.
Es importante aclarar, que no importa si nuestras redes sociales son públicas: “esto no habilita a que nuestra imagen sea usada indiscriminadamente por cualquier persona. Nuestro consentimiento y autorización para ello sigue siendo medular”, sostuvieron. 
Otra clave para protegernos es, según la fundación de Activismo Feminista Digital, utilizar nuestros dispositivos con correctas configuraciones de seguridad: antivirus actualizados, contraseñas robustas, doble factor de autenticación en aplicaciones y mails, resguardo de nuestros datos sensibles, etc. “Queremos permanecer en los espacios digitales, contribuyendo a construirlos, y habitándolos empoderadas. La mayor parte de nuestra vida ocurre en la red, por eso es importante saber de qué se trata, conocer nuestros derechos y ejercerlos, de manera responsable y segura”, afirmaron. 
A esta situación de acoso y violación de la privacidad, se le suma que en muchos casos hay fotografías o incluso videos de menores de edad que están pasando por una situación de abuso. En estos casos, donde hay menores de edad involucradxs, las leyes son más claras. Las compañeras de Activismo Feminista Digital, aclararon que esto es lo que se llama “materiales de representación sexual de niños, niñas y adolescentes”, y es considerado un delito en nuestro país. 

Una ley que nos ampare 
Para que tengamos protección y un campo de acción frente a esta vulneración de derechos, surgieron dos proyectos de ley que actualmente están en debate. Por un lado, está la iniciativa presentada por la senadora sanjuanina del Frente de Todos Cristina López Valverde, que busca agregar la violencia digital al artículo 6 de la Ley 26.485 de Protección Integral de las Mujeres. Sin embargo, esta propuesta no abarca todas las violencias que se pueden vivir en el mundo digital ya que está enfocada en la difusión de imágenes sin consentimiento. En caso de que se aprobara, obligaría a retirar imágenes o videos con contenido sexual íntimo publicados sin el consentimiento de las afectadas. 
Por otro lado, está el proyecto de la organización Activismo Feminista Digital. En 2018 lo presentaron junto a Alejandra Martínez. En su momento tuvo media sanción en diputados, pero cuando llegó al senado perdió estado parlamentario. Recientemente lo reingresaron en la cámara baja, junto a la diputada nacional Josefina Mendoza,  y busca modificar la misma ley, pero aclaran que la difusión no consentida de material íntimo no es la única forma en que se manifiesta la violencia digital. Hay muchas más, como por ejemplo el acoso virtual.
Además, cualquier forma de violencia se puede ejercer por medio de las Tecnologías de Información y la Comunicación. 

Otro espacio donde nos violentan
La violencia de género digital está invisibilizada, parece que se cree que lo que sucede en internet está por fuera del mundo real. Sin embargo, en ese espacio donde pareciera que ni las normas ni los derechos existen, nos amenazan con difundir las fotos que pasamos en una conversación privada, nos roban las fotos, se difunden imágenes sin consentimiento, engañan a niñes y adolescentes, discriminan, hacen bullying, entre una larga lista de violencias que se pueden recibir. “Sobre la invisibilización de la violencia digital de género, creemos que se vincula con el pensar que el mundo ‘real’ es un espejo del virtual, ya que nos vinculamos de formas parecidas y creemos que estos lazos establecidos, podrían configurarse en lo virtual o presencial sin distinción. Por ende, se piensa que las violencias podrían ser similares o hasta “menores” porque no llegaron a la violencia física”, explicaron desde Ensamble Joven Feminista, la agrupación que trabaja desde las juventudes la Violencia Digital de Género en el marco de la ESI y la ciudadanía digital. Y agregaron: “No son dos cosas aisladas, ni la virtual está por fuera, son escenarios distintos, con formas de vincularnos, habitar, sentir y atravesar de maneras diversas”.
No solo es otro espacio donde existe la violencia, sino que en determinados casos puede ser mayor ya que nadie sabe quienes somos, no se enfrenta a la persona y está el resguardo del anonimato. “Una característica importante de internet es que nos vinculamos de diversas formas, mediante variados dispositivos y aplicaciones con personas diversas y en muchos casos, desde el anonimato, esto último es un factor que configura de manera específica el habitar en este escenario y es importante ver cuando hablamos de violencias como grooming, difusión no consentida o sextorción, en donde la persona que agrede o violenta a otra, puede hacerlo sin revelar su identidad”, aclararon Martina Aguirre y Maria Guerchunoff, de Ensamble Joven. 
Al igual que la violencia que se ejerce cara a cara, la digital puede traer efectos y consecuencias. “Los más frecuentes son de los daños psicológicos y emocionales en las víctimas, en donde se puede generar situaciones traumáticas que le dificulte desarrollarse y desenvolverse libremente en ámbitos políticos, laborales, sociales, profesionales, personales; debido a angustias, miedo, pánico, vergüenza”, sostuvieron desde Ensamble Joven.
Además, explicaron que otro de los efectos es la expulsión y segregación de las mujeres en el desarrollo y reproducción de su ciudadanía en la dimensión digital. Ya que la violencia genera la imposibilidad de uso y permanencia de las mujeres en internet, la existencia de una falsa incapacidad del ejercicio y habitar las redes sociales. 

Educar para prevenir
“Uno de los principales obstáculos para el abordaje de la ESI es la escasa capacitación a lxs docentes. Esta problemática se profundiza si hablamos del abordaje de la sexualidad de manera integral en entornos digitales. Es muy diferente la vinculación a través de redes sociales, desde las distintas condiciones generacionales y por ende, se requiere de formación específica y situada para la sexualidad de las juventudes en entornos virtuales”, explicaron desde Ensamble Joven. 
Además, concluyeron en que es fundamental para la construcción de estrategias y herramientas de prevención y cuidado de los riesgos e implicancias posibles en el ejercicio de la sexualidad en lo virtual, que se realice desde una espacio de construcción colectiva y situada, en donde las juventudes puedan, desde sus habitares y prácticas, desarrollar estrategias que cuiden sus identidad digital y su integridad. “De nada sirve desarrollar estrategias desde posiciones adultocéntricas en donde se dispongan de, por ejemplo, uso de redes sociales seguras pero que las juventudes no usan. Es importante brindar opciones, estrategias, pero también es importante construir desde sus voces y experiencias cuáles serían las mejores estrategias”, sostuvieron.
Es evidente la falta de educación y de información respecto a estos temas. No nos enseñan en la escuela que puede haber hombres que creen perfiles falsos para acosar y abusar. Tampoco se habla del grooming y cómo existen adultos que se contactan con niñxs para manipularlxs y pedirles fotografías de sus cuerpos. No nos explican los cuidados que podríamos tener, como por ejemplo que no es aconsejable mostrar tantas imágenes de lxs niñxs en una cuenta pública o compartir información privada como los colegios a los que asisten. Y la mayoría de las personas no sabemos cuales son nuestros derechos digitales ni conocemos las reglas de las plataformas que usamos.

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