Violencia vicaria: cuando usan a lxs niñxs para lastimar a las madres

Imagen: Matanza Viva

Cuando sus perversos manejos ya no te hieren porque hacés terapia, hablás con tu familia, amigues, compañeres de trabajo, hacés deporte, leés, pintás, en fin, todo lo que puedas hacer para evitar que te vampirice. Cuando no le atendés el teléfono y comprobás que el contacto cero te ayuda a cortar con el hostigamiento que aún ejerce sobre vos, entonces, busca una nueva vía: la violencia vicaria.

Por Analia Cobas

Se habla de ésta como una “violencia desplazada” porque es un tipo de violencia de género perversa: usar a les niñes para lastimar a la madre y valerse del sistema judicial patriarcal para efectuar esos certeros golpes. Pega donde más duele: les hijes. Las amenazas con sacarte a les niñes no tardan en llegar, en declararte loca. Esas llamadas para humillarte, para decirte que te busques un trabajo digno porque, al parecer, todo lo que emprendas jamás será suficiente para él. Allí estará, una vez más, para decirte “planera, ya que está convencido de que, por darte 25 mil pesos sin ajustes durante un año, a pesar del deterioro del peso argentino, significa que él “te mantiene”. Aunque se haya instalado en otra provincia y solo tenga a sus hijes en el verano, aunque cuente con ingresos suficientes para poder brindarles una mejor calidad de vida, elige no darles nada o transferir el monto que él decida y cuando le venga en gana, siempre por fuera de la estipulado por la ley. Entonces, como si se tratara de una broma de mal gusto, el infractor envía Cartas Documento. Elige subirse al ring con el objetivo de obligarte a estar en el cuadrilátero las veces que él quiera y hasta que él diga.
En el 2009, se sancionó Ley de Protección Integral a las mujeres (Ley 26.485) normativa que tiene el objetivo de prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. La necesidad de incorporar el concepto de la violencia vicaria a esta ley nace porque el Estado debe contemplar todas las variantes y tipos de violencia a las que son sometidas las mujeres para desarrollar un paraguas legal que proteja integralmente a las madres y a sus hijes de este hostigamiento que parece no tener fin. Las Cartas Documento arriban con insistencia al hogar: “No me permite el contacto”, “No lo manda a la escuela”, “Está mal vestido”, “No lo lleva al médico”, “No lo lleva a la psicóloga”. Sin embargo, son acusaciones que pueden retrucarse fácilmente: se pide el registro de asistencia a la escuela, a la compañía de teléfono, se cita a la doctora, en fin, se responde con la verdad, pero todo eso no sólo lleva tiempo y dinero en letrados, sino que además mucha energía. Y como si esto no fuera suficiente, cuando el depredador se da cuenta que ya no domina a su presa, cuando detecta que ya no la tiene bajo su control, se enfurece y comienza también con el acoso judicial a les profesionales que acompañan a les niñes para romper con la red de cuidado que la madre sabiamente tejió: Mensajes de WhatsApp con amenazas a doctoras y psicólogas, cartas documento y falsas denuncias, con el único propósito de cansarles y que renuncien a atender a sus pequeñxs pacientes. Por eso, resulta imprescindible que se aplique la Ley Micaela en todos los ámbitos del Estado. 
Hace poco, la diputada nacional Mónica Macha presentó un proyecto de ley ante el Senado y la Cámara de Diputados para modificar la Ley 26.485 e incorporar a la violencia vicaria como una arista de la violencia de género. De este modo, quedarían comprendidas toda conducta, acción u omisión directa o indirecta, en lo público o en lo privado que afecte la vida de esa mujer, su libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, patrimonial y su seguridad personal, la de sus hijes, personas de su entorno, animales u objetos que sean significativos con el objetivo de infringirle un daño irreparable. Sean estos actos cometidos por el Estado o por cualquier agente. Todas las modificaciones propuestas apuntan a la prevención de estos hechos y posterior resguardo en caso de padecerlo con atención de especialistas. Su tratamiento, aprobación y sanción es urgente: cada día miles de niñes son objeto de esta violencia. Ante la negligencia del Estado, 29 niñes fueron asesinades en manos de sus progenitores en el 2022, según el Observatorio Lucía Pérez. Por eso es necesario decir: Señores Jueces, la revinculación forzada no debería existir. Pónganse en el lugar de lxs menores. Un Estado que no escucha es un Estado cómplice, es un Estado que mata.

Foto: Ojo Nomade

La violencia se materializa
Esas amenazas que comienzan con mensajes violentos, con repetirte una y otra vez que “sos estúpida” y que “no sabés nada”, buscan desgastarte. Peor aún, en muchos casos se materializan en violencia física. “¡Callate la boca! ¿Quién te va a creer? No me hagas enojar”. La desobediencia a sus instrucciones es vital, porque encuentran placer en tener el control, en saber que pueden arrastrarte al caos. Basta ver las cifras de la violencia patriarcal arrojadas por el Observatorio Lucía Pérez: 308 femicidios y 217 huerfanxs en lo que va del año. Cabe destacar que, por la inoperancia del sistema, denunciar aún no es garantía ya que 35 de esas mujeres habían denunciado previamente. Hay que cambiar el sistema para que funcione realmente y como dijo Hebe de Bonafini, “la lucha nunca es un rato”. Las estadísticas son frías, pero detrás de cada número había una vida, sueños, una familia, amigues, hijes. A esas personas les arrebataron su futuro.
La violencia institucional es parte del sistema donde se nutren estos sujetos, donde tienen margen para actuar. Y esta violencia no es ejercida sólo en los juzgados. Por ejemplo, cuando el progenitor es el que paga la medicina privada del niñe, nos encontramos con un problema interno grave. Si él no coopera enviando un simple mail que habilite a la madre como cotitular, cuando el menor esté bajo su cuidado no podrá recibir atención médica ya que la mayoría de las prepagas no la reconoce como madre del socio. Esto podría resolverse presentando el DNI y partida de nacimiento que confirme que es su madre. Pero las prepagas no quieren colaborar tampoco, a pesar de que el derecho a la salud del menor debería estar por encima de todo. Sin embargo, muchas madres siguen esperando que el padre y las prepagas cómplices las autoricen. Mientras, las doctoras y farmacias que no desamparan, median para llamar al padre y cobrar la consulta o hacer efectivo el descuento del socio. Hasta que no haya regulación por parte del Estado de estas situaciones, muches niñes no recibirán atención médica. Salvo en caso de accidente en vía pública, ¡allí sí la madre es reconocida como responsable del menor! Porque legalmente la prepaga estaría incurriendo en la figura de “abandono de persona”. ¿Por qué solo reconoce a la madre en caso de accidente y no cuando le niñe tiene fiebre? En cualquier circunstancia sigue siendo socie y tiene derecho a la atención médica.
“Mami, yo te voy a extrañar, no me quiero mudar a otra provincia. Además, si me voy, la seño va a llorar porque me quiere mucho”. ¿Cuánto puede resistir la salud mental de una madre protectora que ve llorar a sus hijes? ¿No es suficiente cambio para les pequeñes una separación violenta como para encima sumarle un padre manipulador que quiere o inventa que va a separarles de su madre, de su vecindad, de sus amigos y amigas, de su entorno?
Cuando los medios de comunicación muestran las historias de las mujeres que se suicidaron ante este macabro mecanismo donde son sometidas y humilladas, cuando exhiben el largo peregrinar de las víctimas, quizás por empatía aunque de manera efímera, muches pueden imaginar lo que es sentir ese dolor, el deseo de no despertar, de que se termine de una vez el sufrimiento. Sin embargo, la desaparición física de la persona no puede ser la solución: “Ya sé que no das más, pero esto se va a terminar, no va a ser así siempre”, “No estás sola”, “¿Si vos no estás, la justicia a quién le va a dar la tutela?” Es ahí, cuando tomás impulso: “Pido perdón, pero elijo la vida, no me voy a matar, me sobran motivos para vivir. Mi vida es hermosa cuando él no está en ella”.
¿Viste el aire fresco que sentís cuándo no tenés noticias de la persona que te hostiga? Me pregunto entonces, ¿cómo se puede eternizar esa sensación? La respuesta es seguir adelante a pesar de las Cartas Documento, sabiendo que esa persona no tiene realmente el control de tu vida, aunque anhele tenerlo y malgaste muchas horas de su vida en intentarlo. El secreto es seguir, seguir, seguir conectades con les niñes, con la vida a pesar de las amenazas, a pesar de los insultos, seguir jugando, cantando, dibujando, educando. Contratar a abogades que se interesen por cuidar y no por ir a la guerra.
Nada es para siempre. Tampoco este dolor. Ni siquiera como te sentís cuando despertás con un agujero en el corazón por ver sufrir a tus hijes. Aunque el contexto parezca desolador, levantá la mirada, no estamos solas nunca más.

*Nota de la autora: Mientras escribía esta nota, tuve que modificar la cifra de los femicidios y huérfanxs ya que crecía a diario a una velocidad estrepitosa. #NiunaMenos

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