¿Alguien quiere pensar en el teatro independiente?

En el Día Nacional del Teatro la cultura independiente se resignifica.  Desde la declaración del Aislamiento Preventivo Obligatorio y, hasta el día de hoy en el que muchos teatros independientes aún continúan cerrados, el arte ha tenido que buscar estrategias para subsistir. “Enredos Sociales”, los eventos en la vidriera de Mu Trinchera Boutique  y “La Aurora” son tres ejemplos de resistencia.

Por: Luis Moseinco e Inés Mazzara

La recientemente estrenada “Enredos Sociales”, producida por el Colectivo Artístico Interdisciplinario Lamarta, se trata de una obra que fue pensada inicialmente para desarrollarse de forma presencial y que casualmente trabaja las relaciones que se gestan en la virtualidad a las que definen como “nuevos vínculos fugaces, superficiales y etéreos que nos enredan para lanzarnos al servicio de las redes; encuentros imposibles que se hacen posibles”. El colectivo iba por el tercer ensayo cuando se decretó la cuarentena.

Lograr una adaptación a la pantalla no sólo representó un desafío a nivel técnico, sino también una nueva forma de vincularse, un nuevo tipo de contacto entre las personas que lo interpretaban. “Creo que el cambio más grande con respecto a la presencialidad es el no poder vincularte y tocarte con otros cuerpos, que es lo que nosotres hacemos. Eso fue lo más difícil: estar sole en tu casa y tener que hacer como si la otra persona estuviera al lado tuyo porque en la edición se va a ver así, pero en la práctica no”, explica Eugenia Fernández, actriz de la obra. 

Algo parecido sucede en la relación que se establece con el público. Si bien hay algo que se mantiene de la esencia del colectivo Lamarta, que se caracteriza por una interacción con el público inesperada,  “hay algo a nivel energético que se extraña”, agrega Eugenia.

El camino transitado para llegar a estrenar por streaming el  7 de noviembre no fue fácil. Debieron sortear una gran limitación a nivel presupuestario. En ese sentido, la actriz explica que “se da una polarización, quizás más en el mercado que en el Estado, donde hay ciertos proyectos que sí tienen mucho presupuesto, mientras que el arte independiente es totalmente a pulmón. Ahí el Estado sí debería dar un impulso. En ese sentido, me pareció muy grave que los planes que sacó el gobierno durante la cuarentena no nos contemplen. Fue muy difícil inscribirse al IFE, por ejemplo, porque pedían muchas cosas que les trabajadores de la cultura no podemos completar en los formularios. Y por otro lado, cuando se empezó a abrir todo, nadie hablaba del teatro”. 

Una vez más el teatro independiente es excluido de las políticas públicas: el 15 de noviembre, tras meses de reclamos dentro del sector, se efectivizó la habilitación de las salas de espectáculos tradicionales con protocolo sanitario. Mientras que Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la Ciudad, festejaba la “vuelta” de los grandes teatros a través de sus redes sociales, les independientes se esfuerzan, aún hoy, por sobrevivir. 

Los protocolos impulsados por el Gobierno de la Ciudad, no tienen en cuenta la crisis económica en la que se encuentran sumidos los teatros autogestivos ni tampoco consideran que estas salas no cuentan con las condiciones edilicias para cumplir con estos protocolos. 

“El protocolo general para la actividad teatral que se aprobó no contempla  ni el funcionamiento normal del teatro independiente, ni mucho menos su situación actual en un contexto de paralización total de actividades durante ocho meses”,  cuenta Maia Postolski, productora de “Enredos sociales”.  Estas políticas, pensadas para los teatros del circuito comercial, dejan a los independientes imposibilitados de adecuarse a los protocolos y quedan una vez más librados a su suerte.

Una lucha que no cesa

Un ejemplo de resistencia es el Centro Cultural Mu que, luego de meses de lucha, se lanzó a hacer distintos shows en la vereda. “Empezamos haciendo una intervención en la puerta de tres teatros que estaban cerrados: el primero fue el Alvear, luego en el San Martín y, por último, fuimos al Colón. Esta acción fue para visibilizar que los teatros oficiales tenían presupuesto pero estaban cerrados y ese presupuesto no podía ser destinado a otra cosa por ley. Y por otro lado, teníamos artistas con hambre porque no podían producir”, explica Claudia Acuña, fundadora de la cooperativa de comunicación La Vaca, a la que pertenece este centro cultural.

 El primer evento que se llevó adelante fue un ciclo de Postas Sanitarias Culturales, de la mano de Susy Shock, pero hoy Mu  cuenta con una programación variada. El lunes 24 de noviembre tuvo lugar en la vidriera de Mu Trinchera Boutique una obra-danza de 5 minutos llamada “Poesía para una tarde nublada”. Todos estos eventos artísticos se desarrollan a través de la vidriera: del lado de adentro les artistas; del lado de afuera, el público. Con protocolos sanitarios y responsabilidad social estos encuentros reconstruyen el vínculo entre artistas y el público, y “llena la olla”. “Se ve, tanto en la política de la Ciudad de Buenos Aires, como en la de Nación, que la cultura no es esencial: abrían gimnasios y shoppings, pero no los teatros”, denuncia la directora de la cooperativa. 

Una vez más la organización popular le hace frente al desamparo estatal; una vez más el arte independiente, a pulmón, logra superar la devastación que genera el mercado.  “Para nosotres pasar la gorra significa que hoy se come y no queremos más qué hacer sustentable esta propuesta. Es evidente que el mercado produce los desastres que tenemos que cargar les independientes. Entonces estamos resistiendo: no vamos a exponernos al virus, pero tampoco vamos a quedarnos de brazos cruzados. Tiene que haber una forma de salir de esta crisis y eso lo podemos encontrar en el arte. El arte tiene que discutir el ‘cómo salimos de acá’”, agregó Acuña.

Lo irremplazable de la presencia

Otro caso es el de La Aurora, un unipersonal producido por la compañía chubutense Teatro Casero. Se trata de una obra basada en las crónicas literarias escritas por el chileno Pedro Lemebel, militante LGBTQ+. La Aurora se vió obligada a suspender sus funciones presenciales con el advenimiento de la cuarentena. En octubre, adaptado a la virtualidad, se realizó el histórico Festival Nevadas Internacionales de Teatro de Bariloche, que proponía dos modalidades de transmisión: el streaming o el falso vivo.

A raíz de las limitaciones técnicas que implica la precariedad de la conexión que existe en la comarca andina, la compañía decidió presentar una grabación hecha a dos cámaras. Para Darío Levín, actor de la obra,  es una muleta que permite sobrellevar estos tiempos. “No creo que estas nuevas versiones puedan ser llamadas teatro. Serán divertidas, pero no reemplazan el compromiso de estar ahí a un horario, de encontrarse y palpitar, de ver al actor, sudar, transpirar, equivocarse, emocionarse. Hay una presencia que no creo que se pueda reemplazar”, opina.

El proceso para llegar a que hoy los teatros independientes de Lago Puelo estén en funcionamiento fue arduo.  Teatro Casero diseñó un protocolo específico para su espacio y lo tuvieron que defender para que la municipalidad lo aprobara. Sin embargo, a pesar de las complicaciones que se presentaron a la hora de buscar la vuelta a la presencialidad, la compañía contó con apoyo estatal a nivel económico. 

“Desde 2016 sostenemos el espacio que implica un alquiler mensual, una habilitación municipal, entre otra variedad de costos que se solventan con el alquiler de la sala, con las funciones y las clases. Todos esos ingresos se perdieron de la noche a la mañana. El Estado, por lo menos acá, inmediatamente intervino: primero a través del Instituto Nacional del Teatro y un poquito después a través del Ministerio de Cultura de Nación. Con eso entró dinero para los actores y para poder mantener el espacio”,  explica Kevin Orellanes, director de la obra.

En este contexto en el que el arte está en crisis, es importante no caer en una lógica mercantilista. “Hay algo de lo presencial que es intransferible en manifestaciones artísticas como el teatro, porque está en su naturaleza la resistencia a estas lógicas de mercado que buscan mantener las cuerpas ahí frente a un monitor consumiendo de forma pasiva”, cierra Kevin. 

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