Nazareno y Agustín: tres años de impunidad

Hoy se cumplen tres años de la muerte de Nazareno Vargas y Agustín Curbelo, dos jóvenes  de 18 años que fueron acribillados en el barrio Lago del Bosque, localidad de Merlo. 

Por: Inés Mazzara

Agustín pasó a buscar a Nazareno en su moto la madrugada del 30 de julio del 2017 a las 2.30 horas. Antes de irse sus últimas palabras fueron: “ahora volvemos”. Mariana Sánchez, la mamá de Nazareno, no se imaginó que después de esa noche su hijo jamás regresaría. “En nuestro país no existe la pena de muerte, pero en nuestros barrios sí. Duele, eso duele y mucho. Deseo no ver más madres llorando abrazadas a una foto de su niño/a. No estamos preparadas para sepultar a nuestros hijos, son ellos quienes nos tienen que llevar flores al cementerio”, relata a Sudestada la madre.

Tres días después, Mariana se presentó en la fiscalía número 7 de Morón junto a su hermana y a su cuñada, el fiscal Matías Rapazzo y el secretario Nicolas Filippini las recibieron. “Nos preguntaron qué podíamos aportar nosotras a la investigación porque ellos no descartaban nada. La hipótesis que  manejaban era que los pibes habían robado.  En realidad, no sabían qué había pasado esa noche en la trágica esquina de Garay y Navarro”, cuenta Mariana y agrega: “Después de escuchar reiteradamente su discurso, les dije: ‘¿Y si estaban robando qué? Me tenían que llamar para decirme que mi hijo estaba detenido,  no muerto. Me lo entregaron en un cajón, así que ya no importa qué estaban haciendo. Ahora lo único que importa es quién los mató’”. Una vez más la policía justificaba lo injustificable: “Algo habrán hecho”.

Junto con los cuerpos se hallaron once vainas de nueve milímetros,  calibre que coincide con el de las armas reglamentarias de la Policía Bonaerense. Las irregularidades en la investigación, el aplazamiento del caso, la falta de una hipótesis clara, entre otras cosas ha llevado a las familias de las víctimas a pensar que se trata de un caso de gatillo fácil. “Desde un primer momento nada cerraba con la información que nos dieron: la actuación tan rápida de parte de la policía; informarle a las familias lo ocurrido después de practicada la autopsia; el arma asesina calibre nueve milímetros; los once disparos, de los cuales nueve impactaron en el cuerpo de los chicos de forma muy precisa, sin dudas el/la asesino/a sabía gatillar; la criminalización de las víctimas; el acultamiento de las pruebas;  la falta de testigo”, explica Mariana. Todo apuntaba a que los/las culpables habían sido aquellos/aquellas que deben cuidarnos.  Esas mismas fuerzas represivas que hoy, en democracia, continúan reprimiendo y que, acorde con la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), en los últimos cuatro años ha asesinado por  gatillo fácil a un promedio de una persona cada 19 horas.

 Una lucha que no afloja

 A pesar de todos los intentos por parte de la bonaerense por disuadir a la familia de Nazareno de seguir ahondando en el caso, ellos han reclamado justicia desde el primer día y hoy lo siguen haciendo. “Quisieron archivar la causa  por falta  de pruebas, es algo habitual en estos casos. Total Naza y Agus eran culpables de sus propias muertes. Pero para mí no, yo seguí y sigo luchando por la verdad, para que paguen sus asesinos”, afirma Mariana. 

La actuación de la Justicia ha sido muy lenta y hoy la causa sigue en instrucción. “Después de unos meses del hecho se empezó a periciar las armas de la policía de Merlo, pero se suspendió rápidamente. Hace un tiempo se le pidió al Ministerio de Seguridad que apruebe el pedido de pagar una recompensa a quien aporte algo a la causa, pero todavía estamos esperando que respondan. No se avanzó mucho, siempre buscan culpar a las víctimas”, comenta a Sudestada la madre de Nazareno. Sin embargo, la familia de la víctim aún no pierde la esperanza de que aparezca algún testigo que pueda esclarecer los hechos y siguen buscando respuestas.

Construyendo redes

Familiares y amigos de Nazareno se han organizado pintando murales en conmemoración de los chicos, organizando marchas cada vez que se cumplía un nuevo aniversario de su muerte. También se han solidarizado y tendido redes con otras causas. Se sumaron a la lucha de muchas organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos y, un día, participaron de la Marcha Nacional contra el gatillo fácil. “Llegamos al Congreso con dos micros llenos de familiares, amigos y vecinos de Nazareno con carteles precarios hechos en cartón o cartulinas para denunciar, por primera vez, el caso fuera de Merlo.  Tan solo habían pasado 28 días de aquel 30 de julio. Así fui conocida como ‘la mamá de los 28 días’”, relata Sánchez.

De esta manera, Mariana fue conociendo a otras mamás que habían pasado por situaciones similares. Se dio cuenta de que no estaba sola. Todas habían vivido lo mismo: les habían dicho que sus hijos murieron porque estaban robando, los vinculaban con drogas o justificaban la muerte con cualquier otra excusa los transformara en responsables de su propia muerte. Diferentes pibes, pero una misma historia que se repetía. 

El amor que las mueve

 La lucha por conseguir respuestas y esclarecer el asesinato de su hijo se transformó rápidamente en un grito colectivo, en una búsqueda de justicia por todos los pibes muertos por la policía.  “No fue fácil ya que sufrimos acoso, persecuciones, amenazas y hostigamiento para callarnos. Pero en lugar de sentir temor,  me fortaleció. Ya no era solo un pedido de justicia para mi hijo. Se había convertido en otra cosa: en evitar otra muerte a futuro; en concienciar a la sociedad que naturaliza y aplica la pena de muerte a nuestros pibes mientras que el Poder Judicial avala al brazo armado del Estado para ejecutar a nuestros hijos. Ellos son jueces y verdugos, deciden  sobre la vida de los pibes pobres y los trabajadores en los barrios y villas. Todo esto se replica en los medios y la sociedad que lo consume y que cree que están bien muertos, que ‘el que mal anda mal acaba’ o que ‘por algo será’”, cuenta la mamá de Nazareno.

El día de la muerte de Agustin y Nazareno los medios hegemónicos amanecieron con la primicia y optaron por criminalizar una vez más a los pibes con sus titulares: “Dos motochorros abatidos en Merlo”, “Venían de cometer un robo”, “En la moto que circulaban era robada”, “Ajuste de cuentas narco”.

Cuando Mariana piensa en su hijo, lo recuerda como un chico con gran corazón, solidario y lleno de amor. Nada más lejano que aquello que los medios le hicieron creer a la gente. “Naza era un chico muy bueno y generoso. Yo salía a trabajar y él se ocupaba de su hermana menor. Aprendió a cocinar desde chiquito, era muy simpático, gracioso, demasiado amiguero y muy callejero. Su generosidad era única: lo que tenía lo daba. Me vaciaba la heladera para darle a los demás. Algo que nunca voy a olvidar es el día que regaló sus zapatillas nuevas a un amigo que trajo a vivir a casa. Le dije: ‘Tus zapatillas nuevas las tiene Braian’, y el me respondió muy relajado: ‘Sí, yo se las di. No tiene y vos me podés comprar otras, él no’”, recordó Mariana en diálogo con Sudestada.  

En esta sociedad machista, una vez más la responsabilidad recae en las madres.  Mariana tiene presente que, además de tener que afrontar el dolor por la muerte de su hijo, fue juzgada y culpabilizada por lo que había sucedido. “¿Qué hacía Nazareno a esa hora en la calle?”, le decían como si eso justificara su muerte.

Lo que hoy la mantiene de pie es el recuerdo de su hijo y la esperanza hacer justicia, de algún día acabar con la impunidad de la policía. “Ya tenemos demasiado con semejante perdida, esa ya es nuestra condena como para que nos hagan un juicio de valor. Lo único que nos salva es el amor infinito a nuestros hijos. Ese amor eterno que no muere, que no mata, que solo es vida. Luchamos desde el amor, manteniendo viva su memoria y sembrando conciencia”, finaliza Mariana.

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