Flavia Broffoni: Ni una hectárea más transformada para el agronegocio

En un momento de constante revisión del modelo agroindustrial en Argentina, la cofundadora de Rebelión o Extinción Argentina Flavia Broffoni propone que un sistema más justo es posible si se contemplan las singularidades de las comunidades locales.

Por Marisol Ramos

Flavia Broffoni es politóloga y activista por el ambiente. En 2019 se convirtió en la responsable y cofundadora de Rebelión o Extinción Argentina, también conocido como XR Argentina, un movimiento ciudadano que eleva la exigencia de la crisis climática y ecológica basada en la desobediencia civil. “No es una ONG, no es un movimiento ambientalista exclusivamente. Tiene una base de científicos, científicas y activistas por los derechos humanos que históricamente exploraron las formas de construcciones de resistencias territoriales y urbanas”, cuenta Broffoni en esta entrevista con Sudestada.

¿Cúal es el objetivo de XR Argentina?

Frente a las injusticias del sistema político como la de los últimos años, en donde no hay un dimensionamiento de la emergencia en la que estamos y el tiempo que tenemos para resolverlo, decidimos romper el contrato social y establecer a la desobediencia civil no violenta como estrategia para el cambio. Tenemos tres demandas. La primera es decir la verdad, actuar en consecuencia y que los gobiernos declaren la emergencia ecológica y climática. Inicialmente, esto parece sencillo, pero hay un ocultamiento constante. No solamente en las palabras sino en la construcción de políticas públicas. Estamos ante una emergencia sin precedentes en la historia de la civilización, en donde si no tomamos acción en el cortísimo plazo; esto es en los próximos años, empezando ya, vamos a entrar en procesos de disrupción ecosistémica a escala global que nos van a llevar efectivamente a la posibilidad de extinción, incluso para nuestra propia especie. La segunda demanda tiene que ver con las metas: reducir dramáticamente nuestras emisiones de gases de efecto de invernadero en los próximos diez años, llevarlas hacia la carbono neutralidad a nivel global en el año 2050 y detener inmediatamente la pérdida de biodiversidad. En términos argentinos: ni una hectárea más transformada para el agronegocio, deforestada, incendiada para la producción a escala masiva e industrial. Y la tercera, que es la más importante, es que no tenemos la receta para cumplir la demanda número dos. Esa decisión de cómo va hacer la transición hacia un modelo más justo, soberano y que pueda promover la equidad, la tienen que tomar las comunidades locales. No creemos que exista una solución aplicable a todos los territorios. La única forma de que las decisiones que se tomen sean justas es abriendo la democracia y profundizando el mecanismo de participación directa para que, a través de las asambleas ciudadanas y los procesos plebiscitarios, los territorios sean quienes tomen las decisiones. Es una forma de descentralizar el poder. XR no es un movimiento que se base en peticiones sino que acude a las exigencias. Ya no hay tiempo para continuar con las conversaciones en minoría.

¿Cómo ves las políticas de nuestro país con respecto al cambio climático?

No tengo ningún tipo de esperanza de que las decisiones correctas se vayan a tomar desde adentro del sistema. Y, ciertamente, todo lo que venimos haciendo falló. Con lo cual, no creo que más leyes que no se cumplen o más políticas públicas que después pasan a un segundo plano vayan a hacer suficiente. La política tiene que salir a preguntarle a la gente qué es lo que quiere para los próximos años. Y esto no se logra en las mesas chicas de las organizaciones, sino armando un gran proceso plebiscitario a escala nacional, en todas las comunidades. Siento que en este punto de la historia solamente se va a lograr con una disrupción sistémica.

Flavia confirma que desde el compromiso argentino ante el Acuerdo de París, no solo no se redujeron las emisiones netas sino que han aumentado hasta un 30 por ciento, con lo cual ya no está a la altura de lo que se requiere.

¿Cómo actúan en otros países? ¿Ves alguna diferencia?

La verdad es que no hay ninguna diferencia. En general no hay ningún país que esté cumpliendo con lo que se necesita hacer en términos de esfuerzo para sostenernos debajo de dos grados de aumento de la temperatura global. Hacia fin de ciclo, casi irremediablemente, estamos yendo en este punto a cuatro grados. Y, en este sentido, Argentina ya no tiene diferencia.

¿Qué cambiarías puntualmente en nuestro país?

Lo más importante y el eje prioritario para encarar como discusión en este país es el modelo alimentario y agroindustrial, que contribuye en más de un 30 por ciento a nuestras emisiones de gases de efecto de invernadero. La principal causa de degradación ecosistémica y pérdida de biodiversidad es la extensión de la frontera agropecuaria, que no está produciendo alimentos para las personas sino que solamente se encarga de ser una estrategia extractivista. Esto se llama agronegocio. Tenemos un modelo de país en donde sostenemos una industria que solamente genera granos para alimentar animales industrializados en otras partes del mundo y generar biodiesel en Europa. Cualquier otro esfuerzo que no proponga transformar este sistema, no va a tener frutos. De hecho es lo que dice el último informe de Planeta vivo de la organización WWF.

¿Crees que hay una relación entre veganismo y ambiente?

La relación entre veganismo y ambiente está vinculada con el modelo alimentario. Sabemos que la producción de animales para consumo humano es la principal causa de degradación ecosistémica y de pérdida de biodiversidad. Por eso, creo que el principal eje para unir causas y también atacar masivamente el volumen descomunal de animales que se producen para el consumo humano es combatir y prohibir la industrialización animal. Después llegarán momentos para discutir profundamente el antiespecismo, pero eso tiene que ser una conversación situada sociohistórica y geográficamente, en donde la superioridad moral de quienes optamos por una dieta libre de sufrimiento animal pueda dialogar con realidades territoriales que son muy diferentes a la de la urbanidad.

Foto: XR Argentina

¿Cómo afectan las granjas porcinas que se planean instalar?

Las granjas que se instalen van a reproducir un modelo de extractivismo territorial con un sufrimiento indescriptible para millones de animales no humanos. Los sitios donde se instalen estas mega pocilgas quedan sacrificados en términos territoriales y comunitarios porque necesitan estar emplazados en lugares de abastecimiento de granos. Esto sucede en zonas ya productoras de maíz y de soja transgénica con abastecimiento de agua casi limitado y que tiene impactos de efluentes muy severos y consecuencias en los ambientes naturales de los antibióticos que generan, además de en los animales, resistencias en los ecosistemas y en las personas.

Este próximo 25 de septiembre se esperan movilizaciones en todo el país por la crisis climática y ecológica. Es la sexta marcha que se realiza en Argentina, las personas tomarán las calles para pedir por un futuro y para que se actúe en consecuencia al cambio climático.

¿Qué significa para vos el concepto “Basta de falsas soluciones”?

“Basta de falsas soluciones” es una consigna que trae detrás una propuesta lejos de los extractivismos. Es decir que la reactivación económica, no solamente de la Argentina sino también de los países que vayan a encararla para salir del proceso de decrecimiento y freno que generó la pandemia, no vaya a ser promover las falsas soluciones extractivistas que en primer lugar nos trajeron a la situación en la que estamos hoy. Si los proyectos para levantar la economía van a estar asociados a más agroextractivismo, más minería y más combustibles fósiles, eso es una falsa solución. De ahí el eslogan que algunas organizaciones usan. En el caso argentino lo estamos instalando para continuar el debate sobre la narrativa y sobre nuestra propuesta, que es la consulta popular para tomar las decisiones de reactivación económica, que fundamentalmente hoy están conversando alrededor de proyectos agroindustriales e industrialización animal.

¿Qué pueden hacer las personas para aportar a esta lucha?

Más allá de los cambios individuales, que son necesarios pero no suficientes, debemos acercarnos a espacios de activismo colectivo. Hay que entender que los gobiernos están entramados con el poder corporativo y a este solo le interesa seguir reproduciendo dinero. Si desde la ciudadanía no nos podemos de acuerdo en acciones colectivas mucho más audaces y disruptivas que las que venimos sosteniendo desde las redes y movilizaciones, no vamos a llegar a tiempo.

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